Confiamos más en las inteligencias artificiales que en las personas

Black Mirror hace tiempo que está ocurriendo y a día de hoy nuestra fe por la tecnología ya supera por mucho nuestra fe en el ser humano

Son muchas las películas de ciencia ficción que nos han invitado a desconfiar de las máquinas. Nos aseguran que en algún momento de la historia futura se producirá una singularidad tecnológica, momento a partir del cual las inteligencias artificiales serán capaces de aprender y mejorar por sí mismas hasta superar bastante la capacidad humana de comprenderlas. Serán superiores y podrán explotarnos a su antojo, dicen aquellas personas más tecnófobas. Y no son pocas. En teoría, la mayoría de las personas desconfían de las máquinas. En la práctica, parece que confiamos más en las inteligencias artificiales que en otros seres humanos.

Esta es la conclusión de un estudio financiado por el ejército estadounidense y publicado la semana pasada en el medio especializado Scientific Reports. En concreto, y según las palabras de Eric Bogert, doctorando en el Departamento de Tecnologías de la Información de la Universidad de Georgia y uno de los autores de este estudio, "parece que tendemos a confiar más en los algoritmos a medida que las tareas se hacen más difíciles, y esa confianza es más fuerte que la inclinación a depender de los consejos de otras personas". Eso es tremendamente curioso teniendo en cuenta el extendido rechazo a los algoritmos de la red.

Aunque en cierto modo no lo es. Nos explicamos: los investigadores alcanzaron esta conclusión tras realizar un experimento con unas 1.500 personas "a las que pidieron contar el número de personas en una serie de fotografías", tal y como recoge El Confidencial, medio que se hace eco de la noticia. Más tarde los autores les daban la opción de confiar en el recuento total de un grupo de 5.000 personas o en el recuento de un algoritmo de inteligencia artificial. Y lógicamente confiaban en este último. Después de todo, son códigos muy complejos entrenados precisamente para tareas complejas como esta. Suelen ser fiables.

Pero esto no significa que verdaderamente confiemos más en los algoritmos para todo tipo de cuestiones. El  ensayo antropológico Homo Deus, del historiador israelí Yuval Noah Harari, exploraba hasta qué punto estos  algoritmos acabarán insertados en nuestra vida y se aventuraba a decir que en algún momento tomarán las decisiones por nosotros. Sabrán tanto de nosotros y de la realidad que serán mucho más efectivos a la hora de determinar si una persona es compatible con nosotros que nuestro instinto. Pero que Harari lo considere posible no implica que deba ser así. Somos humanos y el instinto siempre se hará escuchar.

De todas formas, resulta imposible determinar cómo evolucionarán las inteligencias artificiales y si en algún momento efectivamente relegaremos todo tipo de decisiones cotidianas, económicas, políticas y sociales en ellos. Pero probablemente aún no estemos preparados para ello. Ni tecnológica ni psicológicamente. Porque quizá confíes más en un algoritmo para contar conejos en un prado o para hacer cálculos matemáticos, pero  resulta difícil creer que lo harías para romper una relación o votar a un partido político. De momento hay cosas tan humanas que necesitan soluciones humanas. En el futuro ya veremos.