El concepto de salud mental que tenemos es el verdadero problema

Creer que una salud mental equilibrada es aquella que prácticamente suprime o mantiene a raya ciertas emociones que consideramos negativas puede ser el principal problema que nos impide superarlas

Durante muchísimos siglos, los trastornos mentales fueron considerados síntomas de debilidad, signos de la posesión de Satanás y muchas otras chorradas más. Entonces se produjo la primera revolución en el área de la salud mental: las afecciones mentales comenzaron a ser consideradas enfermedades. Hoy, en pleno siglo XXI, la salud mental encara una segunda transformación: ir más allá de la etiqueta "enfermedad". Porque en estos momentos sabemos que no necesitamos padecer un trastorno profundo para necesitar trabajar en ese apartado de nuestras vidas. El problema es que lo hemos entendido erróneamente.

Como dice el psicólogo clínico estadounidense Michael Stein en un artículo para el medio Psychology Today, la percepción generalizada es que "la buena salud mental consiste en tener niveles 'normales' o 'promedio' de emociones negativas". Así, cuando nos enfrentamos a esos inevitables compañeros de aventura como son la ansiedad o el estrés, nuestra idea es que sobran. Simplemente pensamos que no deberían estar ahí o que no deberían estarlo con esa intensidad. Y, claro, acudimos a la meditación, a las vacaciones de desconexión o a unx profesional de la psicología esperando deshacernos de esas emociones de mierda.

Pero esas emociones de mierda siempre estarán ahí. De hecho, y en palabras del propio Stein, mantener esa idea acerca de la salud mental resulta contraproducente "porque tratar de reducir una emoción te hace sufrir más y no menos". Y Stein lo sabe bien: lleva 14 años tratando trastornos de ansiedad y trastornos de carácter obsesivo-compulsivo. Por eso este especialista explica que la adecuada definición de la buena salud mental es, por muy contraintuitiva que suene, "estar dispuesto a experimentar cualquier pensamiento o cualquier sentimiento en cualquier momento, lugar, circunstancia, intensidad y duración".

Y añade algo muy importante: sin defensa. Ahí reside precisamente la naturaleza contraintuitiva de la forma de Stein de contemplar la salud mental. A fin de cuentas, siempre hemos pensado que debemos trabajar con ahínco hasta desarrollar barreras que nos protejan. Pero no. La única manera de mantenerte saludable es la rendición ante tus emociones. Según Stein, "las personas que hacen esto son psicológicamente a prueba de bombas". Aunque "no carecen de sentimientos y sufren, no empeoran nada combatiéndolos, que es el verdadero problema". Cuanto antes comprendamos de qué va esto, mejor vida viviremos.

Porque la ansiedad siempre estará ahí. Tal y como subraya este experto, "nadie tiene una ausencia completa de ansiedad, pero si es aceptada y experimentada voluntariamente, no perjudica al funcionamiento y no detiene a la persona de hacer nada". Es más, siguiendo este camino, y como efecto colateral beneficioso, es muy probable que los niveles de ansiedad disminuyan haciendo esto. Es decir, que si aceptas tu ansiedad de pleno y no intentas minimizarla, se minimizará. Por el contrario, si persigues ese objetivo de frente todo irá peor. Ocurre lo mismo que con la felicidad: no se la puede forzar. Nunca lo olvides.