Por qué es tan complicado compartir nuestros fracasos con los demás

Un tema que no se nombra lo suficiente debido a que no reconocemos el enorme valor que tienen esos instantes en los que el éxito no estaba de nuestra parte

¿Cómo has llegado hasta donde estás? ¿Tienes el trabajo de tus sueños? ¿Has tomado decisiones importantes? ¿Te gusta tu vida? Todas estas preguntas tendrán o no sus respuestas. Lo que está claro es que el recorrido para cada persona es diferente. Para construir la vida que deseamos hay que pasar por muchísimas épocas. Los periodos pueden ser buenos o malos. Ningún camino está hecho para que no haya baches. Algunas decisiones pueden haber estado mal tomadas, de hecho seguro que habrías cambiado de idea si ahora tuvieras que enfrentarte a ello. No pasa nada, los fracasos están bien. Los fracasos son buenos y debemos aprender a darles el valor que merecen.

Se suele decir que la mejor manera de enfrentarse a lo que no salió bien es mirarlo, estudiarlo y aprender para cambiarlo en el futuro, en el caso de que nos tengamos que enfrentar nuevamente a ello. En Psychology Today explican que las personas que intentan mejorar su forma de ser o crear nuevas ideas tendrán que hacerle frente a todo lo que no fue bien. Es más, dentro de un ámbito de empresa, los expertos sugieren que hay que eliminar el estigma sobre los proyectos que no fueron bien creando, incluso, una celebración al fracaso más espectacular de cada año. Esta sugerencia casi siempre se toma con gracia pero es realmente seria: hay que compartir lo que no fue bien.

Este mismo 2020, las psicólogas y sociólogas Eskreis-Winkler y Ayelet Fishbach, realizaron un artículo publicado por Science Direct en el que hablaron de diferentes estudios con los que exploraron las razones por las cuales las personas no comparten sus fracasos. En uno de los estudios, los participantes jugaron a un juego simple en el que tenían que elegir una caja de las tres que les colocaban delante. Les dijeron que una de las cajas tenía una pérdida de un céntimo, que otra de ellas tenía una ganancia de 20 céntimos y que otra tenía una ganancia de 80 céntimos. Jugaron al juego dos veces, cada vez eligiendo una caja distinta. En la primera jugada la mayoría escogieron la caja con la que se perdía y en la segunda la mayoría consiguieron ganar.

Después de este punto, las expertas pidieron a los participantes que compartieran sus resultados para ayudar al resto de jugadores. Si los participantes comparten su peor puntuación, es decir, si comparten el fallo, le brindan al otro jugador una mejor ayuda, ya que le habrán dicho cuál es la caja que contiene la pérdida. En el peor de los casos el otro jugador obtendrá como mínimo 20 céntimos. Pero si comparten la ganancia, el resto de jugadores no sabrá cuál es la caja con la que se pierde. 

Aunque la estrategia óptima es compartir el fracaso, más de la mitad de los participantes de este estudio compartieron la ganancia de 20 céntimos en lugar de la pérdida de uno. Ahora bien, ¿por qué ocurrió esto? Las personas se ciegan ante el fracaso, no lo tienen en cuenta, no lo quieren ver y mucho menos quieren aprender de ello. Para demostrar esto las expertas hicieron una segunda prueba. Se les dijo a los participantes que podrían recibir una pista: podía ser que les dijeran cuál era la caja con la que se perdía un céntimo o que les podían decir cuál era la caja con la que ganaban 20 céntimos. Así, fácil.

Más de un tercio de los participantes seleccionó la caja de 20 céntimos, lo que sugiere que no se dieron cuenta de que saber cuál era la caja con la que se perdía les evitaría perder algo en el juego. Al descartar la caja con la que se pierde, solo se puede ganar. La conclusión del estudio sugiere que las personas evitan compartir sus fracasos porque no pueden ver lo valioso que son para los demás. Es una especie de egoísmo invisible. Las personas no son conscientes al hacerlo (al menos no la mayoría). Si compartes tu fracaso, la otra persona tiene la ventaja de no cometerlo porque ya sabe cómo acaba. Es decir, lo hará mejor si sabe cuál es el camino del fallo.

Esto no es algo que se decide ni que se conoce de forma activa. Es una manera de actuar que hemos aprehendido por cómo es el entorno en el que hemos ido evolucionando. Hay que hacerlo bien, hay que se la mejor persona, hay que dar con buenos resultados, tener buenas ideas, estar sanxs, ayudar al planeta y ser el o la mejor amigx que exista sobre la faz de la Tierra. No hay hueco para el fracaso y, cuando sucede, se oculta y no se comparte. Si compartes qué salió mal, no solo ayudarás a lxs demás sino que también se irá normalizando que hablar de ello es bueno y, cuando te toque recibir consejo, quizás te expliquen cuál es el camino erróneo.