Por qué tu cerebro es una máquina de juzgar las apariencias de los demás

Aunque ya sepamos que las apariencias engañan, tu cerebro ha sido diseñado para juzgar en todo momento y eso suele conllevar que te equivoques

Las apariencias engañan. Y no es una frase hecha para usar convenientemente cuando te venga bien. Es una realidad científica. Como dice el psicólogo social Tony Evans, de la Universidad de Tilburg en Países Bajos, en un artículo para Psychology Today, "incluso en los mejores casos, las personas son solo un poco mejores que el azar para juzgar cómo es realmente un extraño al observar su apariencia". Esto implica que en la mayoría de las ocasiones te vas a equivocar. O como mucho acertarás de casualidad. Y ahora un nuevo estudio muestra cuándo es más probable que la cagues juzgando por las apariencias.

"Cuando las personas se juzgan entre sí, se enfocan en tres dimensiones generales del carácter: la moralidad, la competencia y la sociabilidad. Estudiamos en qué medida las personas creen que pueden juzgar estos tres rasgos a partir de las apariencias faciales y encontramos evidencia consistente de que las personas piensan que son más capaces de juzgar la sociabilidad a través del físico", explica Evans, uno de los autores principales de la investigación. En otras palabras: inconscientemente sientes que puedes definir el nivel de amabilidad de alguien a partir de su cara con más precisión que su nivel de bondad o de habilidad.

Pero, cuidado, porque esta es tu creencia inconsciente, no una verdad demostrada. El propio autor hace mucho hincapié en esto cuando dice que "esto no significa necesariamente que las personas puedan juzgar con precisión la sociabilidad de las caras, solo que las personas creen que pueden hacerlo". El abismo es enorme. De hecho, y como apuntamos antes, lo más probable es que te equivoques, por lo que este nuevo descubrimiento nos dice que tus mayores patinazos a la hora de hacerte una idea de la gente tienen que ver con las etiquetas que les pones sobre su cercanía, su calidez y su simpatía. Es ahí donde la lías más.

Y eso no afecta únicamente al plano meramente social. Como indica Evans, tras otra investigación centrada en los efectos de estos juicios en el plano profesional, "los resultados sugieren que las personas pueden introducir sesgos en los procedimientos de contratación, especialmente para puestos que requieren de buenas habilidades sociales". Un fenómeno generalizado del que eres tan culpable como víctima. Al fin y al cabo, tus características sociales también son juzgadas cada día en el metro, en el ascensor o en la calle a partir de tu cara. Tus ojos, tus cejas, tus ojeras y tus labios hacen que te interpreten mal.

¿Pero por qué ocurre esto? Según dice el propio psicólogo, "la respuesta puede estar relacionada con la expresión emocional: los rasgos sociales tienden a estar relacionados con las emociones, están conectados con la forma en que las personas muestran sus emociones y responden a las emociones de los demás". Aquello tan famoso de que la cara es el espejo del alma. En concreto, los participantes del estudio creían que la amabilidad y la calidez eran claramente identificables por la cara de una persona. ¿Acaso tiene el más mínimo sentido? Está claro que no. Y la única solución es tenerlo presente para combatir su influencia.