Cómo callar esa vocecita que te dice que no eres suficiente

Pista: la clave está dentro de ti al mismo tiempo que fuera. Tienes que conseguir hablarte como si fueras otra persona

Hablar con uno mismx es normal. Es algo que hace todo el mundo a nivel interno y algunos de forma externa. Los que llevéis muchos meses de teletrabajo sabéis mejor que nadie de lo que hablamos. A saber luego cómo logramos salir del asilvestramiento doméstico cuando volvamos a la oficina para no decir todo lo que se nos pase por la cabeza en voz alta, se viene drama. En fin, retomando el hilo: estas charlas internas pueden ser a veces — demasiadas veces — un martirio de reproches, vergüenza y culpa: “No debí decir esto”, “no debí hacer esto”, “no me gusta ser así”. Aferrarte como a un clavo ardiendo a un tema que te hace daño y centrifugarlo en tu cabeza hasta que estás emocionalmente exhausto parece a veces inevitable. La clave es, según Ethan Kross, un psicólogo y neurocientífico experimental de la Universidad de Michigan, aprender a controlar las voces de nuestra cabeza*.

El objetivo no es callar esas voces (no hablamos de voces que no se pueden controlar como sería el caso de determinados trastornos de salud mental sino del diálogo interno), eso no sería bueno. Según Kross nuestras voces internas pueden ser una de nuestras grandes fortalezas si sabemos gestionarlas. Kross explicó en una entrevista con Nautilus que una estrategia clave es hablarse a uno mismo usando un lenguaje que nos permita tomar distancia. Tomar perspectiva. Y para eso hablarnos como si fuésemos otra persona puede ser una herramienta muy útil. ¿No tenemos acaso siempre mejores consejos para nuestros amigos que para nosotros mismos?

Pues eso, cuando uno pone un poco de distancia las cosas se ven con más claridad. “Cuando experimentamos problemas frecuentemente centramos nuestra atención hacia nuestro interior para intentar darles sentido”, explicó Kross a la periodista Liz Greene, “pero muchas veces nos quedamos atascados. Rumiamos, nos preocupamos, catastrofizamos. Esta charla negativa se caracteriza por su negatividad, entrar en bucle y la sensación de no poder salir de él. Puede incluir pensar obsesivamente en el pasado, lo que llamamos ‘rumiar’, también pensar de forma perseverante en el futuro, a lo que llamamos preocupación”. La mente humana no ha evolucionado para estar siempre en el momento en el que vivimos, es parte de nosotros, pero debemos procurar que eso no nos carcoma la vida.

Estas charlas negativas con uno mismo pueden dificultarnos mucho el pensar y ser resolutivos. Puede también acarrearnos consecuencias sociales: si estos pensamientos en bucle se dan con frecuencia pueden generar fricciones en nuestras relaciones con otras personas de muchas maneras: podemos volvernos unos acaparadores de conversaciones, de los que no paran de hablar de los problemas propios y no dejan espacio para los ajenos, vomitando nuestra negatividad y sobrecargándoles con nuestras emociones. Por eso es tan importante aprender a utilizar esta voz a nuestro favor. Nos puede hablar como nosotros hablaríamos a alguien a quien queremos, sacarnos del bucle de autodestrucción extrema y aprovechar su potencial al máximo, “La voz interior es a menudo increíble. Es un superpoder. Nos ayuda a hacer muchísimas cosas diferentes”, explica Kross.

Cuando esta voz se vuelve tóxica y entra en loop ya no estamos hablando de forma productiva, al contrario, “Pero eso no quiere decir que nuestro objetivo debería ser silenciar nuestra voz interna o dejar de hablar con nosotros mismos. El reto es aprender a hablarte a ti mismo y usar un lenguaje que te permita sopesar tus problemas”. Piensa que tu cabeza es un como un cuadro impresionista, si miras de cerca solo verás un montón de pinceladas sin sentido, un revoltijo, tienes que tomar distancia para poder apreciar la obra por lo que es.