El Arte De Amar Las Cosas Pequeñas

El aroma de un café espumoso, ese perfume de una señora por la calle que te recuerda al que llevaba siempre tu abuela, el sonido de una lata al abrirse, la sensación de pisar la hierba con los pies descalzos, o ese beso suave en el que apenas hay roce, pero cala tan hondo. La vida, a cada instante, nos regala miles de millones de particularidades. Son pequeñas cosas,detalles, matices, pinceladas de felicidad en un cuadro que vamos conformando en función de qué estemos mirando.

Seguramente, si piensas en cómo te enamoraste, lo que te vendrá a la mente será uno de esos pequeños detalles, un gesto o algo muy sutil. Si te paras a pensar por qué te gusta tu casa, qué hace que disfrutes tanto con aquel amigo o cuál es el sentido de que te emociones tanto con aquella canción, te costará definir con claridad la respuesta, porque son cosas pequeñas, incluso invisibles, las que nos despiertan las emociones más intensas y que acaban dando sentido a la vida. Sin embargo, ¿por qué nos distraemos con cosas aparentemente grandes que en realidad no nos llenan nada?

Todos tenemos sensibilidad, pero muchas veces se esconde bajo miles de capas de piel, ocupadas por el estrés, los recuerdos y los miedos. Esa sensibilidad, cuando dejamos que florezca, hace que podamos comprender a los demás, entender lo que nosotros mismos sentimos, disfrutar de un pastel, contemplar intensamente un atardecer y escuchar música con todos los sentidos. Cuando la ignoramos y nos distraemos, entonces vivimos como decía John Lennon, dejando que la vida pase mientras nosotros estamos ocupados haciendo otros planes. Entonces, cuando miremos al pasado será cuando nos demos cuenta de que en realidad lo que marcó la diferencia fue aquello tan sencillo que ni siquiera apreciamos entonces. 

"Todos somos sensibles, pero a veces tenemos esa capacidad atrofiada por falta de uso"

Todo sería muy diferente si viviéramos tan plenamente cada segundo. En primer lugar, el estrés se reduciría, porque muchas veces nos viene de pensar en preocupaciones futuras. Además, comeríamos con menos ansiedad, con lo cual estaríamos más sanos y en forma. Qué diferentes serían los momentos íntimos con la pareja, si pudiéramos percibir con toda la intensidad cada vez que su mano nos rozase la piel, que su boca nos susurrase algo al oído, o que sus labios se posasen en alguna parte de nuestro cuerpo.

Cada matiz, cada detalle, cada conversación, cada mirada... esas pequeñas cosas son las que hacen que la vida sea algo tan grande. 

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