Aprovecha los genes que te separan del chimpancé para tomar alguna decisión inteligente

Aplicar la regla del 4% a tu día a día te permitirá ir a lo que importa y llegar más lejos en la vida

“Solo somos una raza de monos en un planeta menor”, decía el físico teórico más conocido del mundo, Stephen Hawking. Pero añadía a continuación lo que mejor define nuestra especie: “podemos entender el universo, esto nos convierte en algo especial”. Con un chimpancé, por ejemplo, compartimos una naturaleza genética del 96%. Solo hay un 4% de diferencias entre nosotros. Y, sin embargo, es a esto a lo que debemos aferrarnos. A este pequeño porcentaje que nos da eso que hemos asimilado como humanidad.

Hay una forma de usar estas diferencias a nuestro favor, y es la regla del 4%. La periodista Jessica Wildfire explica todos los entresijos de esta regla. “Actuamos por impulsos. Dejamos que las emociones nos gobiernen. Queremos más de todo lo que tenemos. Priorizamos riqueza y estatus. Pecamos de vanidosos. Nos infravaloramos. Nos encantan cosas que son malas para nosotros”. Eso es el 96%, el que compartimos con chimpancés. Bajo esta premisa, es normal que actuemos por impulsos, que seamos infantiles y que tengamos berrinches. Pero somos mucho más, y este 4% nos impulsa a madurar.

No enviarlo todo a tomar por saco, no gritarle a alguien, apagar el móvil para no seguir discutiendo, pedir perdón, dar la razón, apartar a alguien de tu vida o callarse aunque sepas que estás en lo cierto son actos que requieren mucha valentía y contención. De hecho, la mayoría de veces no somos capaces de hacerlo. Sin embargo, tenemos que entrenarlo, porque gracias al 4% que nos impulsa a hacerlo, llegaremos más lejos en la vida.

Wildfire explica cómo trabajarlo y hacer que el 4% sea capaz de ensordecer los instintos animales de nuestro 96%. Lo primero, saber qué es lo que quieres de verdad a largo plazo: “creemos que sabemos qué nos hará felices y realizados. Pero nos olvidamos porque hay cosas triviales que se entrometen”. Lo peor es que la mayoría de las veces estas intromisiones las provocamos nosotros mismos, perdiendo la concentración en pequeñas absurdeces del día a día (por ejemplo, cuando tienes que entregar un trabajo de la universidad, dedicar todos tus esfuerzos a pelear con tu pareja o algún amigo, algo secundario).

Lo necesario es dejar estos asuntos a un lado y reencontrarte con tus objetivos vitales. “Si estás en la mierda, siéntate y reflexiona sobre el camino hacia tu felicidad”. Wildfire se hace cinco preguntas diarias para lograrlo: “¿qué es lo más importante que quieres hacer? ¿Por qué lo quieres? ¿Qué te está entorpeciendo? ¿Qué puedes hacer para evitarlo? ¿Has hecho hoy algo importante que te ayude a lograr tus objetivos a largo plazo?”. Ir respondiéndote a esto te dará un boost de motivación para seguir luchando por tus sueños un poquito cada día. “Las distracciones e inconveniencias (incluidas las personas tóxicas) pierden importancia si te acuerdas de los objetivos a largo plazo. “Volverás a ver qué es lo importante, y muy probablemente no es ese e-mail que te olvidaste de mandar”, asegura.

En definitiva, cuando maduramos no solo es para dejar de hacer el numerito cada vez que tengamos sentimientos demasiado fuertes. También es para entender qué obstáculos nos hemos puesto y cómo podemos superarlos. Nos ayuda a entender que los miedos, los bloqueos y el autosabotaje son algo emocional y que podemos controlarlos y reducirlos: “tu 4% sabe tomar buenas decisiones, sabe que hay una solución más fácil aunque duela, sabe que estás dándole demasiadas vueltas, sabe que la gratificación requiere un esfuerzo, sabe calmarse y plantear estrategias, sabe callar y escuchar, sabe que ni se te da tan mal todo ni que todo te va tan mal”. No lo olvides.