Alegato en defensa de estar perdidos, experimentar y equivocarse

De lunes a domingo. Desde el primer café del día hasta el último bostezo de la noche. Una frase fluye en tu torrente sanguíneo y esclaviza cada célula que encuentra a su paso: haz algo con tu vida. La has oído un millón de veces. La has sentido un billón de veces. Toda esa gente que siempre supo qué quería ser. Toda esa gente triunfante. Toda esa gente feliz. Y tú perdido, dando tumbos de aquí para allá, castigándote por no haber encontrado tu camino todavía. Llamándote inútil. Sin paz mental. Sin serenidad. Presa del agobio y de una ansiedad de mierda que te impide disfrutar de las cosas minúsculas con toda la intensidad. Preguntándote por qué aún no has encontrado la salida de ese bosque de dudas. ¿Quieres oír una pequeña historia?

Elizabeth Gilbert supo desde bien pequeñita que aquello en lo que debía poner cada kilocaloría posible era la literatura. Décadas más tarde, cuando alcanzó el éxito como escritora, comenzó a viajar por el mundo dando charlas motivacionales. El único modo de hallar la felicidad, les decía, es descubrir cuál es vuestra pasión y entregaros a ella en cuerpo y alma. Estuvo pregonando esta idea durante años hasta que un día, al volver a casa de una charla en Australia, leyó una gigantesca carta que uno de sus oyentes le había enviado a través de Facebook y que puede resumirse en las siguientes palabras: yo nunca he tenido una pasión, nunca he sabido qué quiero ser y tu discurso me ha jodido la vida. Fue entonces cuando lo comprendió. Llevaba años presionando, frustrando y haciendo infelices a miles de personas que, como tú, nunca han tenido las cosas claras. Estaba equivocada. Lo había estado todo ese tiempo.

Cientos de charlas, películas y canciones te han inoculado la triste idea de que solo es posible ser feliz si encuentras algo a lo que aferrarte con todas tus fuerzas. Que necesitas un plan. Un cartel enorme con luces de neón en el horizonte que impida que rebotes de aquí para allá sin sentido. Pero escúchame bien: no necesitas un sueño que perseguir. No necesitas claridad ni seguridad. No necesitas una hoja de ruta. Necesitas bailar y sacudirte ahora mismo toda esa presión. Necesitas empezar a vivir de verdad. Dejar de existir en un futuro idílico que otras personas que siempre supieron para qué habían venido al mundo te han obligado a inventar. Necesitas aprender a estar presente y dejar de perderte todo aquello que tienes delante de tus narices. Así que dilo en voz alta para que te oiga cada neurona estresada que hospedas en esa cabecita: yo me rebelo contra la dictadura de la certeza.

Y ahora sí. Sin culpa y sin prisas, suelta el volante y déjate llevar por la curiosidad. Experimenta cada centímetro de mundo que encuentres a tu paso. Porque esa es tu pasión, ese es tu propósito: ama con infinita intriga la vida en todas las direcciones. Salta de flor en flor sabiendo que nunca se acabarán. Escribe. Toca el oboe. Medita. Practica yoga. Deja la carrera. Empieza otra. Viaja. Múdate de ciudad. Múdate de país. Gasta todo tu dinero en aventuras. Persigue cada diminuto estímulo sin impaciencia, sin urgencia. Equivócate una y otra vez, una y otra vez. Abraza la poligamia de quien no puede o no quiere entregarse a una sola cosa durante toda su existencia.Resultado de imagen de hacia rutas salvajes gifMientras vivas, mientras te muevas, mientras hagas, estarás ahí, presente, y todo merecerá la pena. Abandonarás la obsesión por triunfar propia de una generación cargada de presión interna y externa. Olvidarás la angustia por la productividad. Aceptarás que quizá no debas encontrar la salida de ese bosque confuso y enigmático que todos esos encauzados etiquetaron como Mordor. Que quizá estar en el bosque no significa estar perdido. Que quizá el bosque sea tu hábitat natural. Y no necesitas un mapa para recorrerlo. Solo paz mental y muchas ganas de probarlo todo por absurdo o arriesgado que parezca.

Solo entonces, cuando aprendas a relajarte, cuando dejes de esperarlo, encontrarás lo que andabas buscando.