5 Motivos Por Los Que Benedict Cumberbatch Es Lo Más De Puta Madre Que Existe  

Benedict Cumberbatch es una de esas personas que te cae bien. No lo conoces, pero no puedes evitar tenerle cariño. Tienes la sensación de que, si te lo cruzaras, tendrías el impulso de darle un abrazo. Y es que el tipo mola todo el rato. En sus papeles, en sus entrevistas, en las fotos que le roban por la calle. Es uno de esos artistas destinados a encabezar nuestra lista mental titulada 'Famosos con los que me iría de birras'.

Y la pregunta es, ¿por qué? ¿Por qué mola tanto Benedict Cumberbatch?


1. Es un crack en lo suyo

En primer lugar, porque es un actor versátil y eficaz, y su trabajo es intachable. Ha probado su valía en un montón de géneros y códigos diferentes. 

El papel que le ha catapultado a la fama es el que hace en Sherlock, donde interpreta al carismático detective que creó en el siglo XIX Arthur Conan Doyle en una readaptación en la que Sherlock Holmes es un sociópata adicto a la heroína que resuelve crímenes del siglo XXI gracias a su gran capacidad deductiva. Cumberbatch exprime al personaje dotándolo de un cariz muy teatral: se mueve con una elegancia felina y, además, sus procesos mentales son muy exagerados (sin dejar de ser creíbles), lo cual es mucho más habitual sobre el escenario que tras la pantalla.

Esto puede tener que ver con que tiene unas probadas tablas sobre algunos de los escenarios más importantes de la escena británica. Su versión de Frankenstein fue muy aclamada y, recientemente, ha estrenado un Hamlet que también ha recibido muy buenas críticas.

Sin embargo, en cine ha ofrecido algunos papeles de gran delicadeza, como su personaje con discapacidad intelectual en Agosto, el Alan Turing de The imitation game (que le valió la nominación al Oscar) o la escena de Expiación en la que ofrece una chocolatina a una niña. Consigue generar una sensación de rechazo tremenda con una sola mirada.

También lo ha dado todo arrastrándose por los suelos para interpretar a Smaug, el dragón de The hobbit, producción en la que volvió a compartir pantalla con su amigo Martin Freeman, que hace de doctor Watson en Sherlock.


2. Es solidario

Cumberbatch, además, ha colaborado en un montón de campañas para ofrecer ayuda a quienes más lo necesitan. Coopera asiduamente con Save the children y utilizó la premiere de Hamlet para instar a sus espectadores a realizar donativos para los refugiados sirios y para criticar la falta de respuesta por parte del Gobierno inglés. Esto hizo que le llovieran las críticas y que lo tildaran de hipócrita, pero se reafirmó en sus declaraciones.


3. Es un hacha de las imitaciones

Cuando lo invitan a un talk show, suele ser habitual que le pidan imitaciones de otras personalidades importantes: la verdad, las clava. No hay mejor prueba que este vídeo.


4. Se ha convertido en un icono de belleza y estilo masculino a pesar de no ser nada canónico

Las cumberbitches, nombre al que se acogen algunas fans y que a él le incomoda bastante, defenderán a muerte que está tremendo. Sin embargo, él es el primero en señalar que le hace mucha gracia que lo consideren guapo y, para más inri, su propia madre creía que no era lo suficientemente apuesto como para interpretar a Sherlock. Todo esto nos hace pensar que, seguramente, Benedict se ha convertido en un icono sexual por sus otros atractivos, ya que no son pocos los que piensan que tiene una cara tan difícil como su apellido.


5. Es un canalla divertido

Quizás este punto explica el anterior. Por lo general, en las entrevistas que concede, presentador y público acaban riendo a carcajadas. Y en los eventos públicos suele aportar una nota de humor. En la gala de los Oscar, Cumberbatch se dedicó a sabotear las fotografías saltando o poniendo caras raras. Además, se llevó una petaca para hacerse el resentido cuando lo enfocaron después de que otro candidato ganase el premio. En una industria regida por el bótox y la artificialidad, él ofrece la nota de naturalidad y frescura. 

Y, seguramente, por eso mola tanto. Porque se dedica a hacer lo que le gusta. Y a hacerlo bien. Y a intentar hacer bien. Y punto.