5 fenómenos que le ocurren a tu cuerpo cuando te sientes solo

Aunque solo sea en apariencia, vivimos en la época más social de la historia de la humanidad. Una era de comunicación y contacto permanente donde tan solo unos cuantos clicks nos separan de una audiencia de millones de personas. Sin embargo, de entre todas ellas, el número que reconocen sentirse solas no deja de aumentar . Un fenómeno fatal para una especie que, a diferencia de otras biológicamente predispuestas al aislamiento como el oso o el rinoceronte, requiere de la socialización y de su integración en un grupo para sobrevivir. Así, la soledad en el ser humano tiene consecuencias no solo psicológicas sino también, y especialmente, físiológicas. Estas son cinco de las más importantes.

Aumento de cortisol

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La relación entre la percepción de encontrarse solo y un elevado nivel del cortisol en el organismo, una hormona liberada en situaciones de estrés, es un vestigio de tiempos primitivos. Cuando uno de nuestros ancestros era expulsado del grupo se convertía rápidamente en blanco fácil para todo tipo de depredadores, lo que activaba en él un estado de hipervigilancia. No obstante, no es la única conexión, ya que investigadores de la Universidad del Sur de California han descubierto que nuestros niveles de cortisol descienden cuando compartimos con otras personas los problemas que nos hacen sentir amenazados. Esta es la razón, explican, de que nos sintamos aliviados cuando llenamos la cabeza de algún amigo con nuestras movidas dramáticas.

Aumento de noradrenalina

Según investigadores de la Universidad de California, los niveles de noradrenalina, hormona que aparece durante el modo ‘lucha o huida’, son más elevados en aquellos que padecen sentimientos de soledad. Esto provoca una disminución de las funciones antivirales y un aumento de la inflamación, lo que de nuevo tendría una causa ancestral: aislado de la manada, el individuo requería menos antivirales al estar separado de otros individuos que pudiesen contagiarlo, pero muchos más leucocitos inflamatorios que le ayudasen a combatir heridas de depredadores. Según Steve Cole, director del estudio, esto explicaría por qué las personas solitarias tienen tasas superiores de cáncer, enfermedades neurodegenerativas e infecciones virales, puesto que el cuerpo humano no soporta correctamente elevadas dosis de inflamación durante mucho tiempo.

Descenso de la temperatura corporal

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Tras un experimento publicado en la revista Acta Psychologica, la psicología social ha establecido una correlación entre la sensación de verse excluido y la temperatura corporal. En él, decenas de estudiantes participaron en un juego virtual. Al finalizar, los investigadores descubrieron que la temperatura orgánica de aquellos que habían sido eliminados y apartados de la partida era hasta 0,378 grados más baja. Sin embargo, aún más significativo resulta la reflexión a la que han llegado científicos de diferentes laboratorios en Canadá, Polonia y Holanda: el simple hecho de recordar haber sido socialmente excluido es suficiente para que perdamos calor. Algo que, según explican, puede remediarse con un poco de interracción social o tocando algo caliente, como una buena taza de café.

Tu cerebro cae víctima de la cuffing season

¿Alguna vez te has preguntado por qué, cuando asoma el otoño entre las hojas del calendario, sientes una mayor predisposición a atarte sentimentalmente a otra persona? ¿Por qué la concepción de hijos se dispara en invierno? ¿O por qué las webs de citas registran más inscripciones que nunca durante el mes de enero? Los anglosajones sí y han inventado el término cuffing season para hacer referencia a ello. Aunque existen elementos sociológicos tras este fenómeno, el psiquiatra americano Scott Carroll afirma que también esconde motivaciones biológicas: el frío del invierno nos predispone a formar relaciones, incluso aunque no sean estables o convenientes. Si sumamos a esto el punto anterior, la relación entre soledad y temperatura corporal, el resultado es una tendencia muy acentuada a buscar el calorcito de los abrazos.

Mueres antes

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Un estudio llevado a cabo sobre más de 127.000 adultos americanos reveló que los hombres casados gozan de mejor salud que aquellos que nunca contrajeron matrimonio o cuyo matrimonio terminó en divorcio. Científicos japoneses descubrieron que las personas que nunca llegaron a casarse tienen hasta tres veces más posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular que las personas casadas. Y otro estudio llegó a la conclusión de que los mayores emparejados sufrían la mitad de casos de Alzheimer. Son solo algunos ejemplos de un fenómeno que parece tener tres explicaciones simultáneas: la psicológica (mayor índice de depresión), la social (los solteros siguen dietas menos saludables y consumen más alcohol) y, por supuesto, la biológica, descrita en los párrafos anteriores (estrés, inflamación, temperatura corporal).