Estos son los 3 tipos de relaciones entre hermanos más tóxicas

El tipo de relación que mantengas con tus hermanos puede condicionar todas tus relaciones adultas

La socialización primaria, aquella que tiene lugar en el núcleo familiar durante los primeros años de la vida, tiene un impacto tremendo en la manera en la que nos relacionamos con los demás en el futuro. Y, pese a las innumerables teorías formuladas acerca de la influencia de las relaciones con las madres y los padres, existe otra potencial relación primaria que puede marcarnos y mucho: la relación con unx hermanx. No ha llenado tantas páginas de prensa ni ha motivado tantos papers, pero son claves. Y Imi Lo, especialista en emociones, explica en un artículo para Psychology Today los tipos de relaciones fraternales más tóxicas.

La primera de ellas es la denominada relación "niño de oro y oveja negra", motivada o solidificada gracias a un comportamiento poco equitativo de los padres: "Con el mecanismo de defensa de la protección y la idealización proyectiva, la familia proyecta todos los males sobre el chivo expiatorio", el cual "es dejado de lado la mayor parte del tiempo y culpado cuando las cosas van mal", mientras que "el niño de oro siempre tiene que ser el mejor en todo". Obviamente, esto provoca graves daños en la autoestima de los hermanos "ovejas negras" y requiere en muchos casos de intervención psicológica en la edad adulta.

La segunda relación fraternal tóxica la encarnan los roles "maduro e inmaduro". Según cuenta Lo, todo comienza con la imposibilidad del "niño eterno" de madurar y alcanzar sus sueños, motivada en parte por una enorme intolerancia a las dificultades. En esas circunstancias, "el maduro siente que como su hermano es una decepción, no puede darse el lujo de serlo", por lo que se esfuerzan en recorrer fielmente el camino trazado para llegar a ser un ciudadano exitoso. El problema es que en ese empeño aprende "a descuidar sus propias necesidades y deseos". La sombra de estas relaciones disfuncionales puede perseguirte siempre.

También la del tercer tipo en cuestión: la relación fraternal tóxica de "acosador y silenciado". El primero "es un niño descuidado, abusado o herido" que "se siente indefenso y avergonzado por dentro, pero que no tiene una mejor manera de canalizar su dolor que infligirlo a su hermano". El segundo "ha aprendido a guardar silencio porque, durante toda su vida, su historia no pudo ser contada". Aunque evidentemente aquí la culpa recae más claramente sobre uno de los hermanos, los padres tienen responsabilidad por inacción, "por una incapacidad para ejercer la autoridad parental" y establecer unos límites saludables.

Muchas personas arrastran estas dinámicas toda su vida. Otras descubren, con o sin ayuda psicológica, que están ahí, en lo más profundo de su ser, y aprenden a trabajarlas. Pero, una vez los males salen a la luz, suele producirse un enfrentamiento basado en el rencor que deriva en una situación intermedia de presencia y no presencia. En ese sentido, Lo recomienda tomar acción: o "hacer un esfuerzo para reconciliarse con el hermano" o "aceptar que no tenemos el amor de ese hermano que queremos y dejarlo ir". Pero quedarse en tierra de nadie genera una espera muy dolorosa. Son vínculos muy intensamente arraigados.