Tengo 26 años y sigo con granos: la pesadilla del acné en adultos

El acné en adultos afecta al 12% de las mujeres y el 3% de los hombres en España

En una reunión con los padres de sus alumnos, Ángela (nombre ficticio) no puede dejar de sentirse incómoda, como si las miradas de los presentes no se concentrasen en sus argumentos sino en su aspecto físico. A sus 26 años esta profesora de primaria de Barcelona no ha conseguido librarse de una de las peores pesadillas de sus alumnos puber y adolescentes: el acné. “Lo que más me molesta es que a mi edad el tema de los granos ya no toca y afecta a mi imagen profesional”, explica al otro lado del teléfono con una extraña mezcla de rabia y resignación total. 

Su ejemplo es uno más de una enfermedad que, según los datos de la Asociación Española de Dermatología y Venearología (AEDV), afecta al 12% de las mujeres y el 3% de los hombres en la edad adulta. Una putada, hablando en plata, que el 73% de los adolescentes españoles han sufrido en algún momento de sus vidas pero que algunos adultos continúan sufriendo aunque dejaron atrás el instituto hace más de una década. El motivo, más allá del estrés, la mala alimentación o la falta de higiene de algunos casos, suele ser el cóctel hormonal que, en el caso de las mujeres, suele producirse durante el ciclo menstrual.

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“Hacía bastante tiempo que estaba tomando la píldora anticonceptiva y cuando la dejé por el DIU comenzaron a salirme bastantes granitos en el triángulo de la cara. Tampoco es que tenga un superacné, pero sí que es muy molesto y suele empeorar cuando estoy ovulando”, cuenta Ángela que, aunque no cree que su autoestima haya salido especialmente perjudicado por el inconveniente, ha optado por iniciar el tratamiento con Roacután. Este medicamento ‘milagroso’ contra el acné patentado por el laboratorio Roche (y en la actualidad comercializado bajo decenas de marcas) está compuesto por isotretinoína y es tan efectivo como polémico.

Desde dolores musculares, intestinales, sequedad severa e hipersensibilidad de la piel, hasta la depresión, son los efectos secundarios de este principio activo que pueden prolongarse hasta 15 años después del tratamiento, según algunas publicaciones. Por suerte, y a pesar de que el Roacután suele recetarse a las mujeres junto a la píldora anticonceptiva para evitar que pudiese afectar al desarrollo de un eventual feto, Ángela no ha sufrido en sus dos meses de tratamiento ninguno de estos síntomas más allá de la sequedad extrema de la piel del rostro y cierta fotosensibilidad. Eso sí, estos efectos del tratamiento se han dejado sentir en su vida social. 

“Algo que me jode muchísimo del tratamiento es que como puede afectar al hígado y los riñones te prohíben beber alcohol. Es entonces cuando tu vida social se complica porque tienes que explicarle a todas tus amistades por qué de un día para otro has pasado de tomar cerveza a pedirte un agua con gas. Me está pareciendo mucho más duro el tratamiento que el propio acné”, apunta la profesora. Aunque se toma las cosas con humor y cuenta que su pareja le hace la típica broma de “estoy saliendo con una adolescente”, Ángela no puede evitar que tener que dar explicaciones sobre su acné le acabe condicionando. Algo que incluso le afecta en el ámbito laboral.

“La parte más incómoda se produce en las reuniones con los padres de alumnos. Quieras o no, el hecho de tener acné, que es una enfermedad que siempre se relaciona con los adolescentes, me hace sentir que quizá mi imagen de profesora se ve afectada. No es que tenga inseguridad, pero está claro que cuando alguien no te conoce la apariencia es muy importante y más en el trabajo”, resume la profesora. Es el tipo de problemas a nivel social que, en opinión del director clínico del Instituto Madrid de Psicología, Hector Galván, suele darse en los casos en los que el acné de la adolescencia se prolonga a la edad adulta. 

“Es complicado generalizar ya que los efectos del acné no solamente dependerán de la edad de la  persona, sino de su personalidad y confianza propia. El sentirse incómodo con tu físico puede dar origen a importantes sentimientos de inferioridad, haciendo que te cueste relacionarte con normalidad con el resto. Por tanto, cómo puede afectarte a medida que vas creciendo, dependerá en gran parte de cómo hayas abordado el tema hasta entonces”, detalla Galván. Es decir, que en casos como en el de Ángela en los que la persona ya ha trabajado previamente su autoestima y cuenta con el apoyo y comprensión de su entorno (pareja, familia y amigos) el impacto se verá reducido.

Pero no siempre es así y, lo que para ella no es más que un inconveniente molesto en el trabajo o a la hora de salir de fiesta, para otras personas puede llegar a “otras afecciones importantes como depresión, ansiedad o fobia social”, según Galván. Es por ello que el especialista recomienda algunos consejos generales para tratar de lidiar con el acné. Toma nota: 

  1. Identifica qué pensamientos negativos tienes respecto a tu acné.
  2. Elimina o modifica aquellos que sean demasiado duros contigo o te hieran especialmente. 
  3. Sé consciente de que tener “imperfecciones” físicas es algo completamente habitual.
  4. Toma consciencia de que tu piel no te define, nadie que realmente valga la pena te rechazará por tener acné.
  5. Que el acné no determine lo que eres ni lo que piensas sobre ti.
  6. Si intentas lidiar con el acné, estás en tratamiento dermatológico y necesitas ayuda a nivel emocional, acude a un psicólogo. Te ayudará a sobrellevar la situación de la mejor manera. 

Como has visto, el acné aún en edad adulta es algo más común de lo que piensas y tiene una solución definitiva aunque, por desgracia, no es ni la más cómoda ni la menos agresiva. Está claro que tener acné no es un camino de rosas y que algunas personas llevan desde el instituto lidiando con él, pero es importante que sepas que se puede solucionar y que, si el camino hacia el remedio se te hace demasiado pesado o, directamente, aceptas convivir con tus granos, siempre puedes contar con la ayuda de un profesional. Como dice Ángela: “realmente la manera de superarlo no es tanto el tratamiento, sino aprender a aceptarte y quererte tal y como eres. Que tu imagen nunca te suponga un límite para ser feliz”.