La cultura italiana de playeo tiene mucho que ver con la española: las familias bien cargadas de tuppers con comida, de sillas y de sombrillas y de todo cuanto se necesita para pasar los días entre la arena y el mar. Una tradición veraniega y muy arraigada. Una tradición democratizadora. Sí, a diferencia del resto de lujos, inalcanzables para la mayoría de gente, disfrutar de la playa ha estado siempre al alcance de todo el mundo. También de las clases más humildes. Pero ahora, y según cuentan en un extenso reportaje de The New York Times, eso también está en peligro debido a la privatización de las playas. Se está convirtiendo en otro negocio más.
En concreto, parece ser que en Italia están cada vez más extendidas las concesiones de parcelas de playa a empresas de balneario. Y esto es un problema para la gente con bajos recursos: estas compañías cobran precios cada vez más locos por las tumbonas y las sombrillas -entre 30 euros y 90 euros en algunas de las playas del país- y, lo que es peor, algunas de ellas han comenzando una guerra agresiva contra el playeo gratuito cercando sus parcelas para que nadie entre sin su consentimiento e incluso prohibiendo la comida de casa. No es broma: según dicho reportaje, los balnearios están privando a lxs italianxs de su playeo de toda la vida.
Al final, y suena ridículo, pero es así, a la ciudadanía le sale más económico vacacionar en otro país que en sus playas de siempre. Y buena parte de ella no puede permitírselo. De ahí las protestas. Como apunta el periodista Miguel Jorge, “la indignación se ha materializado en protestas desde Sicilia hasta Liguria”, con “manifestaciones que lograron que las autoridades ordenaran retirar torniquetes que impedían el acceso a la arena”. Imagínatelo. Imagínate que llega una empresa a tu pueblo y te dice que ya no puedes tumbarte en la arena de su playa. Que la avaricia capitalista hace que te quedes sin disfrutar del mar. Normal que salgan a quejarse.
¿Y la clase política? De momento ofrece más apoyo al lobby de estos balnearios que a la gente de a pie. Da igual que se estén extralimitando. Da igual que hayan incrementado sus precios un 17% en solo cuatro años. Da igual que le estén robando el único lujo gratuito y accesible a las clases humildes. Sigue sin pararles los pies. Aunque no toda ella. Como apunta este periodista, hay alcaldes, como Jose Della Ragione, en Bacoli, que están apostando por proteger al menos el 50% de las playas para que sigan siendo públicas. Aunque si lo piensas sigue siendo muy poco. ¿Que va a ser lo próximo? ¿Privatizar los parques y las plazas? ¿El aire?