Durante los últimos años, y con el gobierno de Donald Trump a la vanguardia, varias instituciones deportivas del mundo han prohibido la participación de mujeres trans en las competiciones deportivas femeninas bajo el pretexto de que son físicamente más competentes que las mujeres cis: algunos de los cambios fisiológicos que experimentaron durante la pubertad, antes de la transición hormonal, dicen los responsables de estas instituciones, les estaría dando una mayor masa muscular, una mayor masa ósea, una mayor fuerza y una mayor capacidad cardiopulmonar. Pero una nueva revisión científica afirma que esto no es así.
Publicada en el British Journal of Sports Medicine, y realizada sobre 52 estudios distintos en los que participaron 6.485 personas, cuenta el periodista Antonio Martínez, la revisión concluye que no existen diferencias observables entre las mujeres trans y las mujeres cis ni en la fuerza de la parte superior del cuerpo ni en la fuerza de la parte inferior. Por otro lado, tampoco parece haber diferencias entre ambas en una de las capacidades más relevantes en el rendimiento deportivo: la capacidad cardiorrespiratoria. Todo ello a pesar de que las mujeres trans presentan mayor cantidad de masa magra. El cuerpo humano es complejo.
Como afirman los responsables del estudio, estos resultados “desafían las suposiciones sobre las ventajas atléticas inherentes derivadas únicamente de la terapia hormonal de afirmación de género o las diferencias de masa magra residual”. Unas diferencias que, por cierto, parecen desaparecer tras entre uno y tres años de dicha terapia. Por eso algunos expertos reclaman ya una revisión de las normativas de participación en las competiciones deportivas. Dicho esto, la realidad es que no todos los especialistas en la materia están de acuerdo con la revisión, puesto que los propios autores han señalado que tiene sus limitaciones.
En palabras del catedrático emérito de Psicobiología de la UNED, Antonio Guillamón, para el Science Media Centre, de las que se hace eco el mismo Martínez, “los datos de masa magra y los de rendimiento físico no proceden necesariamente de las mismas cohortes ni de los mismos diseños de estudio, lo que impide establecer correlaciones directas entre masa muscular y fuerza o rendimiento funcional”. No es, por tanto, una revisión con resultados definitivos y requiere de mucha más investigación para llegar a conclusiones sólidas, pero queda claro que este es un tema muy complejo del que sabemos menos de lo que pensábamos.
