Algún día volverás y me dirás 'lo siento', pero ya será tarde

Cagada tras cagada algunos creen que pedir perdón es suficiente. Creen que una palabra de cinco letras tiene el poder de arreglar las cosas y, en cierta medida y sin abusar, sí lo tiene. El perdón como acción de amnistía contigo mismo y con el otro para liberaros de una carga emocional que es más útil fuera que dentro, puede llegar a ser incluso saludable; porque construye, no destruye. El perdón visto como una lección de la que aprender para no volver a caer en el mismo error también es una píldora de optimismo y nos ayuda a corregirnos cuando cometemos alguna torpeza. Pero el perdón no es un bono inagotable de 'lo sientos'; las cosas si se sienten de verdad son una única vez, el resto son copias baratas.


Cómo actuamos ante el perdón

Perdonar (en teoría) es empezar de cero, borrar lo sucedido, resetear. Es el compromiso de que tú pides disculpas y otro las acepta. Y cuando se acepta es con la condición de olvidar por una parte y de no cometer el mismo fallo por la otra. A partir de aquí quedan prohibidos los rencores y es de ley que no vuelva a ocurrir. Disculparse cuando uno debe es un hecho, pero he aquí el dilema de los dilemas: quién debe pedirlo y en qué momento.

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Perdonar tiene que servir de algo por lo mismo que se ha de pedir perdón en las ocasiones que lo requieran, ni siempre ni nunca, has de buscar el equilibrio. Pedir ya de por sí es un acto egoísta, si además le sumas la abusiva insistencia y desgastas ese 'lo siento' en bucle, ¿qué sentido tiene que se perdone un acto que se ha repetido en tantas ocasiones? Ninguno, no le des muchas vueltas porque la conclusión va a ser siempre la misma. Si te pasas, te lo pierdes.


Cómo procesamos el perdón

El perdón puede llegar en un mal momento o puede no llegar nunca, allá cada cual con su umbral de paciencia. El perdón puede ser más o menos creíble o sincero, pero no siempre llega a tiempo ni a gusto de todos. Si pides perdón es porque te arrepientes de algo, sin embargo no siempre llegas a esa conclusión inmediatamente ni por el contrario recibes tus esperadas disculpas cuando las necesitas. El perdón es una mierda que no funciona para todos por igual.

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Si a esto le sumamos que tenemos diferentes grados de emocionalidad y empatía hacia un mismo hecho es imposible hallar la fórmula de cómo actuar. Es más bien una cuestión de ética, de moral y de amor propio. El perdón tiene los días contados porque aunque de 'lo siento' no vive ni muere nadie, no es el mejor de tus aliados. Puedes equivocarte una vez, dos, tres; pero ya. A partir de la cuarta se llama tomadura de pelo, reírte de mí; en definitiva, hacerme perder el tiempo. Cada día que sigues perdonando a personas que vuelven a hacerte lo mismo una y otra vez, un unicornio muere, no mates unicornios, joder. 


Moraleja

Sé fiel a ti mismo con tus actos, con tus disculpas, con tus verdades y tus mentiras, pero legal. El mundo abraza a las personas honestas y valientes, y rechaza todo lo que no cree confianza y seguridad que son las bases de una relación sana. De ti y de lo que aportes a tu vida dependerá la felicidad o pena que generes en tu entorno. Prueba a convivir con la verdad y el valor de enfrentarte a situaciones de las que no te sientas orgulloso con otros recursos que no sean el ya tan trillado perdón.

Actúa, son tus hechos los que te definen y los que formarán el curriculum de tu personalidad ante el mundo, no trabajes para tener fama de vendehumos, va a ser siempre mucho más enriquecedor que se te conozca por alguien que cumple lo que hace y no lo que dice. En un mundo tan saturado de trampas, de engaños, de mentiras y de promesas que no valen nada el mejor consejo que puedes aplicar es que siempre seas alguien de quien te sientas orgulloso, esa es la mejor arma para conquistar todo aquello que quieres.