A Lo Largo De Tu Vida Tendrás 23 Flechazos Y No Todos Serán De Amor

Crédito de la imagen: Ana Konjovic

No sé tú, pero yo me he enamorado muchas veces. Y no me refiero al amor que todos conocemos, sino a la conexión y atracción (no física) total que he sentido por algunas personas que se han cruzado en mi camino. Almas con las que he creado una conexión única y cuyo vínculo con ellas es tan fuerte, que no importa si solo hemos compartido unos días o apenas unos minutos. Si te ha ocurrido alguna vez, seguro que sabes a lo que me refiero.

Son esas personas que aparecen en tu vida y que con una sola conversación pueden llegar a cambiártela por completo. O incluso a unirte para siempre. Con ellos no hace falta ganarse la confianza. Ya existe. No son amigos, ni familiares, ni amantes. Aunque pueden llegar a serlo, pero entonces la relación que se crea pasa a ser otra historia. Simplemente son flechazos, empiece o termine como sea.

Lo más curioso es que este tipo de vínculos no necesitan Whatsapps, ni cafés a media tarde, ni llamadas esporádicas. Por mucho tiempo que pases sin verles, la confianza no se desvanece. Aunque también es verdad que puede suceder que nunca vuelvas a verlas. Hay 'amarillos' de un día. Incluso miradas de un minuto que te pueden transformar para siempre. Albert Espinosa habla de este sentimiento que hay entre amor y amistad en su libro "El Mundo Amarillo". En él describe a los 'amarillos' como a esas almas gemelas que crean en uno un mundo del color del Sol, en el que un sentimiento de calidez interminable recorre todo nuestro cuerpo y mente.

Los 'amarillos' tampoco entienden de edad. De hecho el primero que recuerdo que apareció en mi vida era 15 años mayor que yo. Lo conocí haciendo un trabajo cuando estudiaba periodismo. Él era alguien totalmente distinto a mi y compartí con él una entrevista que tenía que durar 30 minutos, pero que acabó en una intensa conversación de dos horas. La verdad es que no he vuelto a verle, ni tampoco a saber de él. Y reconozco que en alguna ocasión lo he googleado para ver qué había sido de su vida. Pero ni rastro. Y tampoco me hace falta, porque esa única vez ya fue suficiente para conseguir que yo empezase a pensar de otra manera.

Sin embargo con otros he compartido un año entero. Como esa jefa 'amarilla' que apareció para darme unas cuantas lecciones en uno de los momentos más cruciales de mi vida: la muerte de mi padre. Aunque ella no sabe que lo fue. Recuerdo frases literales suyas que me ayudaron muchísimo y que tengo en cuenta para muchas otras cosas. Cada cierto tiempo me da el arrebato de escribirle para contárselo e incluso para darle las gracias. Pero no me atrevo (aún).

Además, tampoco puedes buscarlos como el que sale a conocer gente nueva. Los 'amarillos' aparecen en cualquier sitio y en el momento menos esperado de tu vida. Puede ser que llegues a ellos por un amigo o familiar, o simplemente porque coincidas con alguno en un ascensor o en la cola del súper. Nunca se sabe. El caso es que Albert Espinosa dice que solo podemos tener 23 'amarillos' a lo largo de nuestra vida.

Yo de momento tengo contabilizados siete, aunque me resisto a pensar que solo podamos optar a una cifra exacta. Algo tan mágico no puede ser matemático. Eso sí, hay que dejarse encontrar. Y cuando eso ocurra, te marcarán tanto y de un modo tan especial, que sabrás que te acabas de cruzar con uno de ellos.