Así Es Como Ver Tanto Porno Arruinó Mi Vida 

Daniel tenía quince años cuando se masturbó mirando porno por primera vez. Ese subidón, ese orgasmo, eso que era tan nuevo y excitante le hizo olvidar la depresión que arrastraba desde hacía tiempo.

Pero solo le alivió media hora.

Y lo volvió a repetir.

Esa vez y otras muchas que vinieron después.

Así es como empezó esa adicción que acabaría por joderle la vida sexual.

Ahora Daniel tiene 23 años y ha decidido contar su historia.

Ya sus amigos en el colegio hablaban de porno, era algo normal y que hacían todos por lo que al principio no pensó que fuese un problema. Pero llegó un punto en que a todas horas buscaba la forma de verlo, y acabó consumiendo unas dos horas diarias de vídeos sexuales durante 6 años. No sabe ni cómo aprobó bachillerato porque, como ha contado a Cosmopolitan, "su vida se volvió borrosa" y no se podía concentrar en otras actividades. Además, se cansó enseguida del porno más "suave" y tuvo que ir aumentando el carácter extremo de los vídeos para seguir excitándose.

Follar se volvió aburrido

Pero lo peor era que el sexo real, la experiencia cuerpo a cuerpo con otra persona, no le satisfacía en absoluto. "No tenía líbido, o parecía una líbido falsa, ya no me excitaba estar con una mujer", ha contado Daniel a la BBC. Él pensaba que simplemente era un rarito y todavía no se había dado cuenta de que tenía una adicción. No era una cuestión de necesitar un orgasmo, sino una adicción al consumo de ese tipo de imágenes y la masturbación como algo que no podía sustituirse.

Su cerebro no respondía como antes

Tras diagnosticarle depresión, su terapeuta le recomendó que probase la meditación, y fue con este método cuando de pronto se dio cuenta de su problema con el porno. Fue entonces cuando se informó en la red y descubrió que el consumo de porno extremo puede neutralizar la respuesta del cerebro a los estímulos. Después de un tiempo Daniel participó en una campaña para conseguir financiación para el documental Rewired sobre cómo el porno puede llegar a afectar a tu cerebro.

A raíz del soporte que encontró online de gente que estaba en su misma situación, Daniel se propuso estar 100 días sin porno. Pero no fue fácil: tuvo síndrome de abstinencia, literal, con temblores y pesadillas incluidas. Por suerte, pudo pasar página, y al cabo de unos meses ni siquiera le apetecía ver ese tipo de películas. Ahora es profesor de piano mientras aprende alemán en Berlín. "Lo increíble ahora es poder disfrutar del sexo con una mujer sin sentirte como si estuvieras haciendo un recado", explica Daniel, para quien las relaciones íntimas no tenían ningún interés. Pese a ello, sigue teniendo algunos problemas de erección.

Cuando está tentado a recaer, lo que le ayuda es cambiar de ambiente o entretenerse. "Cuando superas este tipo de adicción te das cuenta de que no estabas viendo porno porque estuvieras excitado, sino porque te sentías solo, estresado o aburrido", asegura el experto en adicciones sexuales Robert Hudson a la BBC. Daniel ha dejado de ver porno, no porque sea negativo en sí, sino porque cualquier afición que te cree dependencia puede hacer de tu vida un sinvivir.

Crédito de la imagen: cosmopolitan.uk