Dejar de ver películas dobladas te hace una persona mucho más sexy

E inteligente. E interesante. Y competente. Y resolutivo. ¿Por qué sigues pasando de los subtítulos?

"Una relaxing cup of cafe con leche watching una serie on Netflix?", preguntas a ese nuevo match holandés de Tinder. "I don't understand. Bye". Y es mentira. Con una pequeña dosis de esfuerzo y la incomensurable colaboración de Google Traslator ha logrado descifrar tu particular Frankestein lingüístico, pero pasa de ti. ¿Y sabes por qué? Porque tu noruego, como otro 93% del mundo, considera más atractivo el poder hablar otro idioma que tu esculpido cuerpo fitness. El bilingüismo es sexy. Es más, hay quienes incluso aseguran que podría ser un indicador de una calidad sexual superior. Y en España tenemos un problema.

Porque bien que nos reímos largo y tendido en Twitter, universidades y bares sobre aquella mítica exhibición de espanglish de Ana Botella, por aquel entonces alcaldesa de Madrid. Pero el resto de españoles no somos, precisamente, catedráticos de inglés. Y buena parte de la culpa, parece ser, la tiene el habernos tragado tantísimas y tantísimas horas de películas y capítulos de series doblados al español en lugar de en VOSE o mejor aún en VOS. O al menos esa es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de siete universidades europeas distintas, que cuantifica que los subtítulos mejoran hasta un 17% el aprendizaje.

El estudio, publicado en la revista científica Journal of Economic Behavior & Organization, realiza comparativas entre países con condiciones socioeconómicas parecidas acerca de sus niveles de inglés. Y lo hace, aviso para escépticos, controlando otros factores condicionantes como el gasto en Educación o la proximidad al inglés del idioma nativo. La conclusión, clara: en Portugal, donde los subtítulos ganaron la batalla al doblaje, gozan de una mejor salud angloparlante que en España. Y lo mismo ocurre, por ejemplo, entre Holanda y Austria, siendo estos últimos los damnificados. La vagancia pasa factura.

La demostración científica de esta conexión, tantas veces discutida en conversaciones de bar, tiene mucha más importancia de lo que podría parecer. En un mundo gobernado por el inglés, el bilingüismo no es solo una barrita en el currículum rellena a la mitad (y mintiendo, porque no tienes un B2), sino que está asociado a una personalidad más inteligente, competente y, como decíamos al principio, atractiva. Y también es, claro está, una skill personal para moverse por el planeta. Así que, para escapar del anabotellismo milenial y ser un interesante C2 en inglés, más te vale ir activando los subítulos de Netflix. Que más fácil imposible.