‘La venganza de los pringados’: cuando los frikis del colegio se hacen influencers

Tienen decenas de miles de seguidores en redes, las marcas les contactan para promocionarse en sus canales y les cuesta salir a tomar una cerveza sin que les paren por la calle. Pero su vida no siempre fue así. Su personalidad, esa que tanto admiramos ahora, fue durante muchos años una herida para ellos. Eran los pringados de clase, los frikis que tuvieron que pagar en forma de burla ajena el precio de ser fieles a sí mismos.

Personajes tan diversos como María Herrejón, Percebes y Grelos o Soy Una Pringada sufrieron bullying en sus años de instituto y asisten al insólito espectáculo de ver cómo la gente que hace una década les ponía zancadillas por el pasillo ahora les emula y comparte sus vídeos.

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“Es lo que José Luis Algar llamaba ‘La revancha de los pringados’. Los que se metían con nosotros tienen que vernos en la tele y comprar nuestros discos y les tiene que gustar nuestra música y nuestras películas”, le explicaba Javier Calvo a Nerea en Operación Triunfo después de que la concursante se rompiera tras confesar que fue víctima de acoso escolar. "Hay una cosa que es verdad, los que nos lo han hecho pasar mal de pequeños probablemente nos han convertido en los artistas que somos ahora", sostenía el profesor de interpretación.

La misma opinión comparte Carolina Iglesias, más conocida como Percebes y Grelos. A sus 24 años, la gallega triunfa presentando 'la Hora Yutuber' en Vodafone Yu y el chat de Operación Triunfo. Algo que ni siquiera podía imaginar hace una década, cuando pasaba las tardes viendo 'Sé lo que hicisteis' y soñando con escapar del ambiente gris y asfixiante del instituto.

"Al empezar la ESO una chica se metía un montón conmigo y yo estaba un poco perdida porque no entendía los motivos. La verdad es que fue un momento bastante bajo personal. Nunca he sido la más popular de clase. Ver ahora todo lo que he conseguido es guay, es algo que le debía a mi yo de entonces", rememora.

Lo ha logrado a base de mucho curro, pero también de valentía. Porque es complicado sacudirse las inseguridades cuando te han ninguneado tanto que te cuesta más encajar un halago que un insulto. "Desde los 14 años tenía muy claro a qué me quería dedicar, así que empecé a formarme por internet, leía libros de guion, empecé a subir vídeos… Encontré mi hueco gracias a internet, aunque estuviera en el instituto y no me sintiera a gusto".

"Coge tu corazón roto y transfórmalo en arte"

Su ejemplo resume ese mantra creativo que reza "coge tu corazón roto y transfórmalo en arte". Y con 15 años, la herramienta que tienes más a mano para lograrlo es tu ordenador. A ese refugio virtual acudió también María Herrejón, a quien machacaban por ser bajita y tener más pelo en los brazos del que se considera normativo en primero de la ESO. O Estíbaliz Quesada, 'Soy una Pringada', que tardó en decidirse. "Antes no subía vídeos porque he sufrido bullying por ser gorda y me preocupaba lo que pensaran de mí", reconocía en los Replicantes.

Ahora tiene cerca de 200.000 suscriptores en su canal de YouTube, está preparando su propia webserie y presenta el show 'Que vuelva Fotolog' junto a Percebes en plena Gran Vía madrileña. Una fantasía. Y una bocanada de aire para todos los adolescentes que ven sus vídeos en el móvil de camino al instituto y dejan de martirizarse por ser gordos, raros o sentirse atraídos por gente de su mismo género.

Sin pretenderlo, figuras como Herrejón, Percebes o Pringada se han convertido en los referentes que no tuvimos y habríamos necesitado cuando nuestra educación emocional se basaba en la Superpop. Ojalá alguien nos hubiera dicho entonces que estábamos más cerca de ser una quejica de Barakaldo que Ruth de 'Física o Química'. Y que no pasa absolutamente nada.

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"Desde hace unos años llevo por bandera no avergonzarme de mi personalidad. Operación Triunfo ahora está de moda, pero cuando yo decía que me seguía acordando de la primera edición o de Eurovisión me tachaban de friki", resume Percebes. La lealtad hacia uno mismo es una de las claves de su éxito, pero también una reivindicación compartida por muchos otros 'bichos raros' militantes que se han transformado en fenómenos de masas.

Prueba de ello es el alegato que realizó Javier Calvo, su compañero en el programa de TVE, cuando su ópera prima 'La llamada' se alzó con el premio a mejor comedia en los Premios Feroz."La película habla del valor de ser tú mismo, de encontrar tu camino y pese a quien le pese ser quien tú quieres ser (...) Yo soy gay. Tengo una familia que me quiere, un novio que me quiere y estoy aquí recogiendo este premio. Si alguien, algún niño o niña me está mirando y tiene miedo, siente que está perdido, siente que no le van a querer… que sepa que le van a querer, que va a encontrar su sitio y que va a cumplir su sueño. Y que vamos a escribirte historias para que te sientas inspirado”, afirmó con la voz quebrada en un discurso que saldaba cuentas con su pasado y que se ha hecho viral.

El síndrome del impostor

Sus trayectorias demuestran que la justicia poética es un plato más sabroso que la venganza. Y, sin embargo, a pesar de todos los reconocimientos, de todas las invitaciones a eventos, de todos los flashes, a veces las dudas se imponen. El síndrome del impostor —esa sensación de ser un fraude que ronda a muchos profesionales de éxito— se agudiza en quienes acarrean con un pasado complicado. "Yo intento no pensar mucho en ello, pero sí es verdad que a veces se me pasa el pensamiento de que no me merezco esto", reconoce Carol Iglesias.

Para tratar de evitarlo, se enfoca en el trabajo y se cuida en terapia. "Creo que es necesario para la vida en general el psicólogo. Yo empecé hace tiempo y sigo yendo incluso cuando no hay un problema concreto que resolver. Es como si te haces un análisis de vez en cuando, también hay que revisar la cabeza para que esté todo en orden. Es algo que recomiendo a todo el mundo", explica.

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Otra vez más, se trata de difuminar tabúes y atreverse a visibilizar las zonas de nuestra personalidad que permanecen en penumbra. De exorcizar los miedos. De no dejar que la gente que te jodió la vida a los 15 te siga condicionando a los 25. Y si todavía frunces el ceño ante el espejo o te trabas al hablar en clase, no desesperes. Como dice Carol Iglesias, es cuestión de tener "paciencia, porque fuera de ahí hay un mundo maravilloso con muchísimos más pringados". Y, a veces, hasta ganan la partida.