Cuando vayas a decidir algo, no pienses con la cabeza, hazlo con la boca de tu estómago

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Dentro de ti hay dos voces.

Una muy clara. Discursiva, formal, que suele hablarte desde dentro de tu cabeza.

Y la otra, que no piensa con palabras sino con la boca de tu estómago.

Es algo muy curioso porque la primera se ha ganado la fama de ser válida. Es la parte racional, la que te inhibe, la que hace que te pienses mil veces las cosas. Tan comedida, tan moderada, tan prudente.  Pero la segunda, la segunda es la que te hace quitar el freno de mano, oír la voz loca que estalla desde dentro y la que sabe de verdad de qué va todo esto. Tiene fama de llevarnos al error pero, ¿no has tenido nunca la sensación de que cada decisión loca e instintiva te ha colocado justo en el lugar en el que debías estar en el instante preciso en el que lo necesitabas? ¿De que tus tripas tienen aún mucho más claro que tú lo que de verdad quieres?

Dos voces en nuestra cabeza y nuestra manía de escuchar solo a la primera

Entonces, ¿de qué tienes miedo? 

Que sí, que la voz de las tripas es mucho menos prudente y tiene la manía de lanzarse a la piscina sin mirar de qué está llena. Pero piensa en cada una de esas veces. En esas situaciones, como aquella en la que perdiste el último autobús porque decidiste bailar una canción más, y te echaste a andar y en el camino te encontraste con aquel colega que hacía un siglo que no veías. O aquel otro día en el que no pensabas salir, pero al final te convencieron y acabaste conociendo a esa persona. Piensa en todas las veces en las que, aunque la cabeza te decía una cosa, hiciste caso a ese vaivén extraño que habita debajo del diafragma y que casi siempre acierta, el puñetero.

Piensa en todas las veces en las que tu intuición dio en la clave

Vale. Sí que es cierto que cuando la lía, la lía parda. Que cuando haces caso a tu parte irracional sin pensar en las consecuencias puedes llegar a comerte mucha mierda. Pero incluso en esos momentos, sin querer, has ganado. Por mucho que haya dolido el golpe, has ganado el aprendizaje. ¿Para qué quieres una piel lisa sin marcas? La vida está hecha de cicatrices y cada cicatriz esconde una experiencia, y cada experiencia una lección. La persona más sabia tiene a sus espaldas tantos errores como aciertos.

Así que arriesga y cáete todas las veces que haga falta. Una, dos, trescientas mil. Prueba tu fuerza, testa tus límites, confía en tu suerte. Porque puede que el universo no conspire para que logres tus sueños, pero a veces hace cosas sospechosas que te dirigen hacia ciertos lugares. ¿Te has dado cuenta? ¿Cuántas veces un paso en falso te ha conducido a un camino mucho más apasionante que aquel en el que estabas perdiéndote? ¿Cuántas veces has tenido todo en tu contra y has salido cantando victoria? ¿Cuántas veces, a la larga, has tenido que arrepentirte de hacer caso a tus corazonadas? ¿No te sueles arrepentir, más bien, de todas las veces en las que no lo hiciste?

¿Cuántas veces un paso en falso te llevó a otro camino más inesperado y más brutal?

Porque en realidad, si lo piensas,  eres una persona con suerte. Después de todo, naciste ganando. Tu mera existencia es un milagro, una mota de azar en un caos infinito de posibilidades. Estadísticamente, era casi imposible que esos genes concretos se colocaran en esa cadena tan específica que te generó a ti, con tus características, con tu química cerebral y tus circunstancias familiares. Desde que tus pulmones se abrieron al mundo, el mundo se abrió a ti. Cada paso te ha llevado hasta donde estás. Cada segundo de tu vida ha contado. Cada decisión meditada y cada arrebato loco te ha convertido en ti.

Porque tú sabes cuándo saltar.

Lo que pasa es que a veces te olvidas de cómo escucharte.

Tú ya naciste ganando

Crédito de la imagen: Paolo Raelli