Testimonios De Gente Que Ha Echado Un Polvo En Lugares Improbables

El tono de las anécdotas que se cuentan en un bar aumenta proporcionalmente al número de cervezas vacías encima la mesa. Surge así la maratón de contar sitios excéntricos donde la gente ha practicado sexo, y en la mayoría de los casos el que se atreve a relatar alguna de sus experiencias dice algo como "es que íbamos muy borrachos". Pero el mérito viene con aquellas historias en las que ni el alcohol ni el festejo jugaban el papel principal, sino que era más una cuestión de morbo sin fronteras.

Recopilamos historias de gente haciendo cosas que es mejor que no sepan sus padres en lugares donde esperemos que el resto de la humanidad tampoco se enterase.

1. En el baño público de una estación de autobuses

Dani y María tenían en ese momento 20 años y estaban en el apogeo sexual de su reciente relación. Habían ido a recoger a un amigo que llegaba en autobús y mientras le esperaban surgió la coña de "a este paso nos da tiempo a echar un polvo" y después de un "¿te imaginas?" y un "no hay huevos" acabaron en uno de los baños de chicos rematando la faena. Eran jóvenes y alocados, tan alocados que esta situación contó la participación de un tercero, una pobre alma que oyó la proposición y más tarde tuvo que entrar al baño a avisar a la pareja de que el amigo había llegado y les estaba esperando. A esto se le llama optimizar el tiempo, aunque no en el sitio más higiénico.

2. En la playa, a plena luz del día

Aquellos que tienen la suerte de vivir en una ciudad con playa sabrán lo afortunados que son de poder ir las veces que quieran, en invierno o verano, y no sólo a tomar el sol. En este caso, en plena Barceloneta, dos amigos aprovecharon que aun no hacía calor y un día entre semana se tumbaron a hacer la siesta en la playa tapándose con un pareo grande. En ese momento de posición cucharita, con la brisa y entre arrumacos, el chico decidió que era buena idea metérsela a ella por detrás y como vió que colaba, se vieron haciéndolo abrazados entre vendedores de mojito ambulantes que debieron pensar que lo que estaban haciendo era una versión agitada de la cucharita.

3. Derecho de pernada

Cuando Marina y Carlos fueron a visitar un castillo del siglo XIII en la España profunda se encontraron con la sorpresa y acontecimiento de ser los únicos visitantes en 50 km a la redonda. Después de contemplar las vistas, ella decidió que dado que era una ocasión única, podían celebrarlo (por qué no) con una mamada a su novio. Y mientras estaban en plena faena, entre los muros de un castillo casi completamente destruido, Marina pensó: "Cuántas miles de veces se habrá hecho lo mismo, en esta esquina, siglos atrás". Así que no solo mantienen viva la llama de su pasión, sino también la tradición feudal y el legado histórico español.

4. En un autobús

Aquellos que han tenido que aguantar un atasco, sabrán que la espera se convierte en desesperación. Con la carretera parada por accidente de tráfico, yendo a un pueblo a dos horas de Madrid, una pareja decidió actuar ante varias circunstancias: el autobús estaba medio vacío, eran los únicos que estaban al fondo y a saber cuánto tiempo les quedaba por esperar. Así que aprovechando que ella llevaba falda, se puso encima, se agachó un poco y jugaron a los caballitos. Él tardó menos en llegar que el autobús, claro.

5. Sexting en el trabajo

Las plataformas para ligar aportan momentos memorables como que un compañero de trabajo que creías que estaba hablando por Whatsapp de repente suelte el teléfono y te comente que estaba teniendo sexting con un tío y que éste por fin se había corrido. Probablemente no fue su mejor experiencia sexual, ya que todo lo que mi compañero hizo fue escribirle a su amante virtual cosas como "oh, si... si" para llevarlo al clímax. Desde entonces, una no puede dejar de pensar cuando ve a alguien con el móvil si le estará diciendo a su compañero de piso que compre pan o a un desconocido que se corra de una vez, que tiene que mandar un e-mail.

6. Más baños públicos

Aquellos que habéis sufrido las largas colas de los baños en el Primavera Sound ya tenéis a quién culpar. Seguramente fue por una pareja que aunque llevaban tiempo juntos no pudieron contener su deseo sexual y entre concierto y concierto se dedicaron a saciar sus ganas de jaleo. En los baños del escenario principal hicieron lo que podríamos llamar un 69 pero por etapas (porque asumamos que un 69 tal y como es en un WC portátil es poco agradable e improbable). Aunque eso no les pareció suficiente y en cada baño iban cambiando de posturas, viviéndolas como si fuera la primera vez que follaban en meses. Así que mancillaron cada zona de servicios portátiles del festival barcelonés. Desde aquí piden perdón por las colas que causaron este verano y os agradecen vuestra paciencia.

7. En un fotomatón

Nada mejor para inmortalizar el momento que os unió que liarte con un chico y llevártelo al fotomatón de una fiesta privada en Madrid. Así es como culminó una pareja su idilio de una noche. Seguramente lo suyo no duró mucho más, pero las fotos debieron quedar preciosas. Ahora entendemos lo que significa amar la cámara y posar para ella.

8. "¿Quién no se la ha chupado alguna vez a su novio en un semáforo en rojo?"

Y con estas declaraciones de una amiga, doy por concluidas las experiencias sexuales más excéntricas que conozco.

*Los nombres de estas historias han sido modificados u omitidos a petición de sus protagonistas para preservar su anonimato.