Este sujetador-toalla termina con un problema que sufren en silencio muchas mujeres

Vas por casa en plan comando. Pues claro, ¿quién quiere dejarse puesto el sujetador para cocinar, arreglarte o simplemente ver la tele? Además, da calor y bastante es ya tener que soportarlo por la calle. Así que, nada más pasar por la puerta, fuera. Pero si eres de las que pueden presumir de pechamen, sabrás de sobra que quitarte el sujetador no alivia el calor veraniego. Así que sudas mucho y en zonas que no te gusta contarle a la gente (sí, en el escote y por debajo). Así que una empresa norteamericana ha lanzado las Ta-Ta-Towels, una especie de toallas-sujetador que mantienen tus pechos bien colocados y lejos de otras partes de tu cuerpo. Vamos, que evita que acabes sudando como una cerda y sin que se te claven las varillas en la axila ni te duela la espalda.

La Ta-Ta-Towel es de doble cara y se ajusta al cuello con una suave tira de tela. Además se adapta a cualquier medida. Algunos lo han tildado de extravagante, pero las redes sociales se han llenado de comentarios positivos, de alegría por que alguien haya encontrado solución a un problema que tantas llevan en silencio. 

Su creadora, Erin Robertson, explica que se le ocurrió, precisamente, al salir de la ducha: "Estaba preparándome para ir a la primera cita con un chico. El aire acondicionado se había roto, y pronto empecé a sudar. Lo probé todo: paños debajo de los pechos, polvos de talco... incluso me metí una camiseta. Entonces pensé: 'tiene que haber una mejor manera de evitar las gotas de sudor resbalando por mi estómago'". Y se le ocurrió esto que, en resumen, viene a ser una toalla con una goma cosida por dentro. Sencillo pero eficaz. Lo que no sabemos es si se lo dejó puesto también para su cita, esperemos que no.

Robertson explica también que este ingenio es muy popular entre las embarazadas, y que su tejido hace que los pezones no se resientan. "Su suave revestimiento los acaricia", evitando las irritación. Por todo ello, ahora es un éxito de ventas. Cientos de mujeres han pagado gustosas los 45 dólares (38 euros) que valen, y ahora se mueven por su casa con libertad y sin calores.