Sufrí un episodio de desrealización y no volví a fumar marihuana

Todo parecía normal. Sentado en el sofá de siempre, con un porro en la mano y un chaparrón de risas cayendo sobre nosotros. Ningún síntoma presagiaba que algo perturbador estaba a punto de ocurrir en mi cabeza. Pero, un segundo después, la cara de mi novia me pareció tan inquietante, tan vacía, que la alegría dio paso al más profundo pavor. De pronto no entendía nada de lo que había a mi alrededor. Olvidaba y recordaba dónde estaba en un bucle a la velocidad de un pestañeo. Las personas de la habitación me resultaban inexpresivas, casi robóticas.

A pesar de todo, era capaz de comprender que la anomalía nacía en mi mente, que el mundo era normal más allá del macabro filtro que la marihuana había activado. Temía quedarme para siempre en ese estado y la desesperación y el pánico se apoderaron de mí. Oía mis pensamientos como si vinieran del exterior y pensaba que mi consciencia quedaría enterrada bajo todas esas voces que arrastraban mi atención de aquí para allá. Delante de un espejo, comencé a llorar sin consuelo, y pasó una eternidad hasta que conseguí dormirme en los brazos de mi chica.

Esta espantosa experiencia, que en la gran mayoría de casos implica dos procesos disociativos al mismo tiempo, es conocida como Trastorno de Despersonalización y Desrealización o TDD. El primero conlleva una alteración de la autopercepción, de manera que quien la sufre no consigue reconocerse correctamente. Desde distorsiones de tamaño y forma del propio cuerpo hasta la observación externa de uno mismo, como si se tratase de un fantasma o un holograma, pasando por la mismísima sensación de irrealidad de la propia existencia.

El segundo supone una deformación de la apreciación del mundo exterior: anormalidad del sentido del tiempo y del espacio, incapacidad de advertir las emociones del resto de personas, incomprensión del significado del entorno, dificultad para almacenar nueva información. Dos ingredientes que unidos y agitados dan lugar a la peor pesadilla de tu vida.

Davi Ozolin

Según el psiquiatra Pablo Resnik, del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad de Buenos Aires, el TDD es una patología pobremente comprendida, diagnosticada y tratada. Lo que sí sabemos es que la ansiedad severa, los trastornos de pánico, la depresión clínica, el desorden bipolar e incluso un trauma pueden convertirse en detonantes de este estado disociativo.

En muchos de estos casos cumple una función natural de defensa: ante una situación terrorífica o traumática, nuestro cerebro nos conduce a esta sensación de irrealidad y ensueño para protegernos del miedo y la pena, amortiguando el proceso. Algunas de las personas quehan sufrido un episodio de despersonalización-desrealización hablan de la presencia de una pantalla grisácea o de cristal entre ellos y el mundo, como si estuviesen ante una película. La película de la vida, dirigida por el cerebro para ayudarnos a escapar de la realidad.

THE MATRIX: THERE IS NO SPOON

No hay consenso en torno al origen de los episodios transitorios de despersonalización-desrealización provocados por intoxicaciones de sustancias psicotrópicas como la marihuana o el MDA, aunque un paseo por foros especializados en psiquiatría o cannabis dan buena cuenta de cómo estos episodios pueden inducir a un estado más prolongado de la disociación.

Muchos consumidores de marihuana afirman no haber salido nunca del TDD y haberse visto obligados a acudir a terapia psiquiátrica y a medicación. Doy gracias a la vida porque mi espeluznante experiencia terminara aquel mismo día, aunque tuvieron que pasar un par de días más hasta desprenderme por completo de cierta sensación de extrañeza.

Los investigadores alemanes Hürlimann, Kupferschmid y Simon respaldan esta teoría en su artículo Cannabis-induced despersonalization disorder in adolescence, escrito a partir de la experiencia de seis pacientes que sufren TDD a causa del consumo de marihuana. Afirman que fumar altas dosis de la 'hierba de la alegría' durante la adolescencia incrementa notablemente el riesgo de desarrollar este trastorno, especialmente en personas predispuestas genéticamente a la psicosis.

Eso sí, el TDD no es en sí mismo un trastorno psicótico, dado que el individuo que lo sufre es capaz de discernir la experiencia subjetiva de la realidad objetiva. En mi caso, no importaba lo desorientado que estuviese pues siempre era consciente de que el problema estaba en mí, lo que desencadenaba un miedo atroz a la locura permanente.

No hay cifras en torno al número de personas que han padecido puntualmente o que padecen de forma perenne esta situación. Pero parece que no hay duda sobre que, si bien los episodios de despersonalización-desrealización no son muy frecuentes entre los consumidores irregulares de marihuana, un consumo prolongado e intenso da suficientes papeletas como para guardar cierto respeto. Al fin y al cabo, estás jugando con la mente. Y si juegas demasiado con la mente, la mente puede acabar jugando contigo.