Spornosexuales: los metrosexuales han evolucionado y así es como están cambiando la masculinidad

El mundo se ha olvidado ya de los 'metrosexuales', esa etiqueta que se usaba a finales de los 90 para hablar de los hombres que empezaron a gastar su atención y dinero en moda. Les importaba su aspecto y, por eso, algunos de sus congéneres más machirulos creían que eran gays y se reían de ellos. Casi dos décadas después, preocuparse de depilarse las cejas o de vestir bien es algo normal para cualquier chico y Mark Simpson, el periodista inglés que por aquel entonces se inventó el término, habla ahora de una evolución de este grupo mucho más preocupada, además, por su físico y el sexo: los 'spornosexuales'.

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Están por todas partes, piénsalo un segundo: Tom Hardy, Chris Hemsworth o Ryan Reinolds. Tíos buenos por excelencia que anuncian colonia y calzoncillos. Hombres que se entregan al gimnasio buscando cuerpos musculados, visten ropa desaliñada aunque pensada al milímetro, se dejan el pelo largo recogido en un moño, llevan muchos tatuajes y barba de leñador. El reinado del buenorro ahora es para aquel tipo de hombre que cuida su cuerpo y sube fotos sexys a su Instagram sin avergonzarse y sin que le llamen 'maricón' porque, según el periodista, busca convertirse en objeto sexual intencionadamente. "La metrosexualidad de segunda generación es menos de ropa que la primera. [...] Sus propios cuerpos se han convertido en los accesorios finales", dice Simpson en su artículo  para el diario, The Telegraph.

¿Están los hombres, con todas esas fotos sexualizadoras y querer verse siempre perfectos físicamente, acercándose a lo que llevan viviendo las mujeres desde hace tantos años? "De alguna forma sí hay un cambio en el modelo de masculinidad impuesta en el que se educa socialmente, ya no hay una exigencia de ser tan rudo ni tan descuidado con el aspecto. Pero no creo que este nuevo modelo se acerque al femenino. Para ellos no hay una exigencia ni un castigo si no cumplen estos cánones, como pasa con las mujeres. Si no se depilan no les mirarán ni les juzgarán", explica por teléfono Carolina Checa, sexóloga y experta en estudios de género.

Mark Simpson se insipiró en David Beckham cuando habló por primera vez de este concepto. Ahora, la unión de las palabras 'sport' (deporte) y 'porn' (como sexualización) ha dado lugar a 'spornsexual'.

Los años han pasado y a ellas les siguen llamando 'guarras' o 'marimachos' por no depilarse, pero ellos han conseguido hacer lo contrario y que hayan dejado de llamarles 'maricones'. "La vanidad masculina era, en el mejor de los casos, femenina, en el peor de los casos, pervertida", argumenta Simpson. Ahora ya no se asocia con la homosexualidad el hecho de querer gustar físicamente y, con esa intención, matarse a abdominales e irse de compras en rebajas. La homofobia ha rebajado el listón o ha 'cambiado', podríamos decir. Así que los 'spornosexuales' no han temido exponer sus cuerpos de una forma sexual en sus perfiles de Instagram y otras redes sociales. Nos enseñan sus pectorales y tabletas a todas horas y lo más curioso es que la mitad de los comentarios que reciben son de otros hombres.

De hecho, no temen ser elogiados ni elogiarse entre ellos porque no tienen miedo de que otros hombres les deseen. ¿Es todo este nuevo modelo de masculinidad un paso hacia unos roles menos machistas y homófobos? "Hay un cambio en el modelo, pero sigue siendo homófobo. Me vienen a la mente los chicos de Mujeres Hombres y Viceversa: se cuidan mucho y nadie les juzga por ello, pero siempre hay algo en su actitud que les lleva a dejar claro que no son gays. Y si necesitan hacerlo es porque les da miedo que les consideren como tal", comenta Carolina. Sobre todo porque, además, cuando se habla de todo esto se piensa inmediatamente en hombres heterosexuales ya que, según la experta, a un hombre homosexual ya se le presuponen todo este tipo de gustos por lo estético y no necesita aclarar su orientación sexual.

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Puede que su masculinidad ahora esté más abierta a lo estético, pero sigue muy conectada con lo heterosexual y la llamada 'plumofóbia'. "Aunque estéticamente se cuiden mucho, no hay un amaneramiento en su forma de expresarse ni en su actitud ", apunta Chueca. Y esto es porque, en el fondo, este cambio de expresión de género no ha sido deliberado ni fruto de una concienciación contra actitudes homófobas. "El trasfondo de todo esto tiene que ver con un sistema capitalista que comercializa todos los cánones de belleza y, por supuesto, la moda. El hecho de que los hombres se sientan a gusto comprando ropa, cosméticos, etc. tiene un respaldo enorme de todas las marcas y la reafirmación de las redes sociales", concluye Carolina. Un cambio en la expresión de la masculinidad que, al fin y al cabo, sigue rigiéndose por el qué venderá más.