Así son los síntomas de las personas que sufren 'pronoia'

Crédito de la imagen: Paolo Raeli

Fue un tal Edward A. Murphy Jr. quien primero la enunció allá por el 1949. Este ingeniero aeroespacial estadounidense realizaba por entonces experimentos con cohetes y, tras constatar que uno de sus asistentes había conectado al revés todos los sensores de movimiento, dio rienda suelta a su frustración pronunciando una frase para la historia: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Había nacido la Ley de Murphy, aquella que explica por qué llueve el mismo día que has lavado el coche o por qué la tostada siempre cae al suelo por el lado de la mantequilla.

Un argumento esgrimido de manera cansina por los paranoicos, que piensan que el universo confabula en su contra y se dedica, sistemáticamente, a putearles. Pero siempre hay una cara para toda cruz, y siempre hay un yang para todo yin. Por eso, frente a la paranoia se erige orgullosa su némesis: la pronoia. Se trata de la creencia de que el mundo, y por extensión el Cosmos, conspiran a tu favor. Pero, ¿debe entenderse como un trastorno?, ¿conviene considerarla igual de peligrosa que la paranoia?, ¿hasta qué límite debe practicarse?, ¿por qué algunos autores la tildan como un “virus cultural”? Repasamos todas estas cuestiones con la psicóloga y miembro del Instituto Europeo de Psicología Positiva, Cristina Maldonado.

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En primer lugar, ¿cómo son y cómo se comportan los pronoicos? “Las personas que parten de esta concepción podrían experimentar ataques repentinos de optimismo y brotes de buena voluntad”, explica la psicóloga. Parece que todo son bondades. Aunque otros consideran que esta postura ante la vida puede tornarse peligrosa. El doctor Fred H. Goldner, el primero en definir el término en 1982, hablaba de la pronoia como “el engaño de que otros velan por nosotros”. Pero, como reflexiona la psicóloga Maldonado, “¿por qué tiene que ser un problema que la persona considere e interprete que hay ‘algo’ que mueve los hilos a su favor?”. El problema reside, una vez más, en una pérdida de perspectiva.

Porque sí, quizás tú también seas un pronoico que, cuando te sucede algo negativo, consideras que el universo está tratando de darte una lección positiva. O que esa vivencia perjudicial te va a traer un bien mayor que aún no eres capaz de ver, pero que terminará por llegar. O que nunca jamás te pasan cosas malas; solamente te estás convirtiendo en un ser capaz de exprimir hasta la última gota de bondad de cada situación. Empieza a sonar un tanto exagerado, ¿no?

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Pero esa es la pronoia. Aquella que, llevada al extremo y sobrepasando los límites del sano optimismo frente a la vida, nos lleva a “adoptar una postura de negación, a asumir unos sesgos atencionales y de procesamiento de la información cuando nos enfrentamos a situaciones e interacciones ambiguas”, detalla la psicóloga. Llegados a ese punto, la pronoia puede causar los mismos efectos que la paranoia, dado que comparten la incapacidad para distinguir entre lo importante y lo trivial, y simplemente nos llevan a pensar que una fuerza superior nos está beneficiando o torpedeando, en cada caso, sin que nosotros podamos hacer nada, haciéndonos perder el contacto con la realidad.

Y ahí, pinchamos. “Si solo ves, escuchas y prestas atención a las señales positivas en las interacciones con los demás, cegándote, no escuchando y no prestando atención a las señales negativas, tus relaciones pueden verse afectadas por no ser capaz de atender a las críticas de los demás”, razona Maldonado, que también acude a las palabras del astrólogo e investigador Rob Brezsny, recogidas en su obra La Pronoia es el antídoto de la Paranoia: “Es necesario aplicar una perspectiva optimista y positiva pero siempre con moderación, sin caer en los peligros de la negación y sin pretender escapar de la dificultad, sino queriendo comprometernos de forma positiva con ella”.

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Y la crítica no queda aquí, algunos autores consideran que detrás de esa tendencia pronoica se esconden las teorías de la conspiración, aquellas que quieren dominar la sociedad para manejarla a su antojo. “Parece que, durante los últimos años, se ha producido una llamada a experimentar esta actitud positiva hacia la vida, pudiendo llegar a caer en un estado ilusorio de ‘facilidad’ o ‘irresponsabilidad’, edulcorando a las masas”, reflexiona la psicóloga Maldonado, que completa: “Quizás por eso es considerado por algunos como parte de esas teorías conspiradoras”.

Así que no te dejes. Practica la actitud positiva con moderación, pero no caigas en la negación. Aprovecha la pronoia como una ventaja, pero no la uses como una venda. Si la vida te da limones, haz limonada, pero no te olvides que los cítricos también te hacen poner una cara bastante absurda. Todo tiene su lado positivo y su lado negativo. Solamente entendiendo los dos polos podrás hacerte una idea realista de la vida, según los expertos. Disfruta la vida pero no te flipes.