El sexo heterosexual es falocentrista y tus relaciones sexuales pueden ser igual o mejores sin penetración

Domina el arte de los preliminares y prueba otras zonas inexploradas del cuerpo. 

¿Sabéis esas escenas de las películas donde los protagonistas, un hombre y una mujer, después de un cita ‘perfecta’, entran en la casa a empujones mientras se besan y se quitan la parte de debajo de la ropa y empiezan a tener sexo? Pues todo mal. Este resultado reproducido en cientos de filmes ha extendido una idea un tanto errónea de la relación sexual. Es cierto que esos encuentros salvajes pueden ser fruto de una pasión o una tensión sexual que, a voces, rogaban ser liberadas. Y no hay nada malo en ello. El problema aparece cuando se proyecta que la penetración —por lo general, en una relación heterosexual— es la meta. Cuando, quizás, lo previo puede ser realmente la montaña rusa del goce corporal.

Manos y bocas y juegos, los protagonistas

Utilizar el término lo ‘previo’ o lo ‘preliminar’ denota que lo que se va a hacer es una preparación a otro punto. Llevamos toda la vida metiendo en el mismo saco el encuentro que hace que se encienda la excitación. Cuando ya se ha dado rienda suelta a esa fogosidad parece que es el momento para dar paso al coito y tener, por tanto, lo que se entiende como una relación sexual completa. Sin embargo, Héctor Galván, Director clínico del Instituto Madrid de Sexología, Psicólogo clínico y sexólogo, explica que “muchas veces caemos en el error de no darle importancia a los preliminares. No los consideramos parte del acto sexual y creemos que el sexo solo se basa en la penetración". Y añade: "para que las relaciones sean completas no solo debemos ceñirnos y pasar obligatoriamente por el coito. Con los preliminares también se puede alcanzar el orgasmo”.

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Así, en nuestra sociedad, los preliminares no son entendidos como un objetivo. Por ello es necesario cambiar las tornas y ver lo útil, beneficioso y delicioso que es el contacto con las manos, las bocas y los cientos de juguetes sexuales con los que utilizar la imaginación. “Cuando ponemos en marcha los preliminares, podemos ir desde: una mirada, caricias, besos en la boca o por el cuerpo, quitarnos la ropa o hacer un striptease, recurrir a juegos eróticos, masturbación mutua, sexo oral, narrar fantasías, ver películas eróticas... El único límite es el común acuerdo”, recalca el experto. Es el entorno ideal para que esas fantasías sexuales, que tan bien representadas están en tu imaginación, salten a la realidad.

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La pornografía ha jugado, además, un papel muy importante en esto de poner la penetración en el centro de la relación sexual. Erika Lust, directora de cine para adultos y creadora de la productora Erika Lust Films, es conocida por darle a la pornografía una mirada más igualitaria y sobre todo “por demostrar que la penetración pura y dura no da orgasmos”. Esa pornografía representada en webs como Pornhub, Redtube o XVideos también triunfa —y se hereda generación tras generación— por la falta de educación sexual. Porque se sigue proyectando una idea donde el polvo ‘de toda la vida’ es el ‘mete-saca’ y, aunque no hay nada malo en ello, el placer también está en otros contactos.

Palpando el placer pero literal

No se puede negar la importancia de la penetración en las relaciones sexuales. Pero no debe suponer una obligación. Y en muchos casos sí lo es, al menos así ha sido tratado como norma general a lo largo de nuestras vidas. El objetivo es realmente la flexibilidad. “Habrá días en los que apetecerá realizar la penetración y habrá días en los que no surgirá como algo necesario porque otros juegos previos habrán hecho que ambos lleguen al orgasmo sin pasar por la penetración”, explica Héctor Galván. En definitiva, lo que se debe tener presente es que el objetivo principal de toda de toda relación sexual es el disfrute y el goce de ambos. Y ese disfrute se puede alcanzar de diferentes formas. Es una ventaja estar abierto a más vías de las habituales.

Para adentrarse en la profundidad de ese placer trabajado y de horas en las que se va amasando el camino hacia el éxtasis, es necesario pensar en la calidad y no en la cantidad. Mejor poco y muy bien, que mucho y mal. Para eso una buena forma de empezar es avanzar zona por zona: podrías empezar dando un masaje de pies, subiendo por los gemelos y acabando en los muslos. El uso de aceites y cremas ayuda a ir calentando el ambiente. Cuando os encontréis en el espacio físico, el instante de desnudarse debe disfrutarse, ir paso a paso, observar y apreciar el cuerpo, hacerlo de esta manera hace que el deseo aumente y arropar las ganas hará que vuestros fluidos exploten.

Un aspecto casi esencial para que el sexo se centre en todo lo previo a la penetración es probar en zonas inexploradas del cuerpo. Siempre solemos acudir al cuello, al pecho y, en definitiva, a zonas más regulares pero existen rincones que despertarán un escalofrío nunca antes sentido. Las clavículas, las orejas o la parte de detrás de las rodillas —llamadas corvas— son algunos de ellos. Cuando estéis compartiendo el roce, los besos y las caricias, también es importante hacerlo por la parte de detrás del cuerpo: lamer las corvas, masajear el culo, besar la columna de arriba abajo, probar con los hombros e incluso con los codos. Se trata de zonas de las que nos olvidamos y son esenciales ya que todo el cuerpo está conectado por nervios que harán que el físico palpite como si fuera la primera vez.

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Por todo ello resulta fundamental poner en común estos juegos para poder disfrutar el momento. “Uno debe saber lo que le excita y estar abierto a que ese placer crezca probando cosas nuevas. Hay que conocer a la pareja y comunicar lo que queremos, si es posible, sin limitarnos y sin que nos de vergüenza”, concluye Galván. La confianza aumentará y la intimidad será vuestro lugar de encuentro. No hay que cerrarse ni tampoco posicionar a la penetración como un enemigo. Solo se trata de tener nuevos caminos y de ampliar la sexualidad para que nuestros cuerpos conecten y podamos conocerlos y conocernos mejor. Cuando lo pruebes y estés corriéndote a lo loco querrás darnos las gracias.