Sexo bajo el agua: cuando lo prohibido es más excitante

Calor, poca ropa, mucha piel a la vista. La moral se relaja, y cuanta más relajación, más ganas de encontrar el placer en todas sus vertientes. A eso vamos: al morbo que da hacerlo debajo del agua. No sólo en la del mar: lo mismo da en una piscina, en un río, en el jacuzzi. O en una charca, si te da la gana. En el agua te sientes como un astronauta, capaz de realizar movimientos ágiles que te acarician y despiertan nuevas sensaciones. Especialmente la de estar haciendo algo prohibido o, al menos, inusual.

Así que al lío: aquí está la guía para hacerlo debajo del agua en condiciones, sin peligros y de la forma más segura. Lo de encontrar con quién ya depende de cada uno.

Lo primero que se debe tener claro es que existen casi más pros que contras de hacerlo en el mar o en la piscina. Algunos agoreros hablan de hongos, de enfermedades. De la de Dios. Pero, como todo, con cabeza no tiene por qué pasar nada. Es cierto que, después de hacerlo, conviene secar bien todo el tema para evitar la aparición de cualquier infección, más que nada para eliminar la humedad y no contribuir a proliferaciones indeseadas. Aunque eso es de lógica, ¿no?

Otros hablan de que el agua elimina la lubricación. Aquí cada cual es un mundo, claro, pero el hecho de estar sumergido no impide que se pueda utilizar algún complemento lubricante. Ah, y esa es otra, los 'complementos'. El agua, ni salada ni dulce, no es jamás un elemento espermicida, así que el rollito de “uy, tampoco pasa nada, si total”, aquí-tampoco-vale. El condón always. Tanto para evitar  embarazos, como enfermedades de transmisión sexual.

Repasadas las consideraciones previas, vamos con lo divertido: ya decía que en el agua nos sentimos más gráciles y ligeros y que, además, su mismo movimiento nos mece y nos hace balancearnos de manera involuntaria, añadiendo un ligero 'traqueteo' extra al habitual. Punto positivo. Pero es que, además, las mismas caricias del agua alteran nuestra sensación de fricción; se nos cuela entre las piernas, entre los dedos, nos golpea contra la espalda. Así que excitación asegurada. Y además, la complicidad que se genera haciéndolo en un lugar extraño y notando al mismo tiempo las mismas sensaciones es otra fuente de placer que no se logra en ningún sitio distinto al agua.

Así que venga, a la playa. O a las pozas del pueblo, qué más da. Cualquier sitio será bueno para experimentar. Cualquier sitio, pero con cabeza: no os pongáis en medio de una playa de Benidorm a las 12 del mediodía porque os ganaréis una multa y acabaréis en Youtube, probablemente. Por lo demás, sentido común y ganas de pasar un rato tan diferente como divertido y excitante.

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