No soy un robot, pero soy una máquina de hacer el 'secso'

Y tú, ¿cuánto tiempo llevas sin hacerlo?

Ya vamos por la segunda caña. Es una cita de caña, no de café. El matiz es importante. La bebida que tomemos definirá el futuro y la duración de nuestra relación. Ya hemos hablado de nuestros trabajos de mierda y también hemos fingido que no tenemos un botiquín lleno de Diazepam en casa. Solo nos queda un tema pendiente: el sexo. Por si no nos hubiéramos mentido ya lo suficiente a lo largo de la cita, lo damos todo cuando se trata de alardear de nuestras aventuras sexuales.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Y tú, ¿cuánto tiempo llevas sin hacerlo?”. Esta es la típica pregunta que se formula al principio a modo de calentamiento. Las respuestas que damos casi siempre son mentira. Unos lo hacen porque les da vergüenza reconocer que llevan muchos meses de sequía. Otros, simplemente porque media hora antes de la cita, se estaban enjuagando con Listerine para eliminar los restos de fluidos de su expareja. Yo soy más del primer grupo y puede que tú también porque el 64% de los jóvenes solo follamos una vez por semana (lo que resulta menos de lo que deseamos). De todas formas, espera a acabar este texto y ya luego, si quieres, te pones a leer el otro. Estoy en mitad de una cita de cerveza y necesito contarle los detalles a alguien. Sigo. Cuando ya nos hemos dado una cifra de días (o más bien meses) que llevamos comprando lubricante para uno, toca hablar de tríos, orgías y, para acabar, de tus fantasías. Esto último siempre se deja para el final porque corres el riesgo de que se levante y se pire en el primer metro corriendo tanto que acabe metiendo el pie entre coche y arcén.

A medida que baja el nivel de cerveza de nuestros vasos, nos vamos soltando más. Nos relajamos hasta tal punto que le acabo contando que antes de la cita estuve viendo los tutoriales de una youtuber para aprender a hacer felaciones con pomelos y él me confiesa que le gusta que le cuenten qué tal el día mientras le come el coño a sus citas. Continuamos mintiéndonos y hablando de todo lo que hemos hecho en la cama con otras personas y también de lo que más nos pone. Nos hemos venido muy arriba. Si ahora mismo una web nos preguntase si somos un robot como medida de seguridad le responderíamos que no porque somos unas máquinas de ‘hacer el secso’. El siguiente paso lógico sería descalzarme y restregar mi pie contra su paquete o irnos al baño para pasar a la práctica. No sería tan raro.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Según el último barómetro de Control, un 57,4% de personas follan en la primera cita. Sin embargo, hemos charlado tanto de nuestras habilidades sexuales que me está empezando a dar pereza sugerirle que me invite a su casa con la excusa de que quiero conocer a su gato. Es más, me siento como si ya nos hubiéramos acostado. Ya sé todo lo que le gusta y él sabe lo que le voy a pedir. No hay misterio. Eso y que creo que he adornado demasiado mis anécdotas en la cama y ahora me da vergüenza no estar a la altura. Qué mal. Quiero irme de aquí. ¿Por qué le habré dicho que iba a yoga para hacerme la flexible si me cuesta aguantar con las rodillas flexionadas cuando no me quiero sentar en un baño público? Le pongo una excusa y me piro a casa. "No es por ti, es por mí. Adiós". Le aprieto la mano y salgo del bar rápidamente. Le he soltado la típica frase que se le dice a tu pareja con la que llevas mucho tiempo cuando quieres cortar. Es la mejor excusa porque se queda tan descolocado que no sabe reaccionar y, para cuando lo haya hecho, ya estarás en tu casa masturbándote con tu vibrador. He aprendido mucho de esta cita. Espero que tú también de la mía. En las próximas, procuraré hablar menos de sexo y mentir un poco más.