La Respuesta Definitiva A Las Quejas De Esos Que No Soportan Que Lo Subas TODO A Instagram

Gracias a las redes sociales puedes saber, y además sin mucho esfuerzo, lo que ha desayunado tu compañero de trabajo, que esa chica de tu universidad a la que hace cinco años que no ves se va a casar y que tu tío ha estado de vacaciones en Honolulú. ¡Ah! Y también son maravillosas para que tu madre lo sepa todo de ti. Cada día se suben a Instagram 80 millones de fotos, a Facebook, 350 millones y a través de Snapchat se envían más de 400 millones de fotos al día. Toda esta narrativa en streaming de nuestras vidas, genera tensiones entre amigos y familiares. Que si deja el móvil en la mesa, que si qué manía con hacer una foto de todo lo que haces, que si disfruta el momento y punto. Pero, ¿realmente documentar toda nuestra vida nos aleja del presente? Un estudio asegura ahora que hacer y publicar fotos de nuestro día a día hace que vivamos la realidad de forma más intensa. Atento, esto te vendrá bien para ganar muchas discusiones.

Además de que tus amigos sienten que estás pasando de ellos (serás maleducado), muchos recriminan a las nuevas tecnologías que nos hacen olvidarnos de aprovechar el momento, que dejamos de sentir las emociones en nuestra piel para hacerlo a través de la pantalla del móvil. Pero esta investigación, llevada a cabo por Kristin Diehl, Gal Zauberman y Alixandra Barasch y publicada en el Journal of Personality and Social Psychology, concluye que el hecho de capturar el instante en una fotografía nos compromete aún más con el momento que estamos viviendo.

Para resolver el entuerto entre adictos al postureo vs amantes del carpe diem, los expertos alquilaron un autobús y metieron en él a 188 personas para dar una vuelta por Philadelphia, en tandas de entre 21 y 24 personas. La mitad dec grupos llevaba cámaras y la otra mitad, no. Aquellos que sí las llevaban debían tomar al menos 10 imágenes. Al final del viaje, les preguntaron hasta qué punto se habían visto sumergidos en la experiencia. El resultado mostró que aquellos que sí habían podido hacer fotos, habían vivido el tour de forma más intensa. Esta misma prueba se repitió en un mercado, en un autobús de turistas y en un espacio natural, entre otros escenarios,  y en todos los casos los resultados concluyeron que aquellos que podían hacer fotos disfrutaban más.

Esta es solo una perspectiva de la sobreabundancia de producción fotográfica que nos rodea. Otra investigación, esta vez de Linda Henkel, concluyó todo lo contrario: que el hecho de realizar fotos merma nuestra memoria sobre lo que hemos vivido. Ella guió a un grupo de personas por un museo, les pidió que hicieran diez fotos y la científica comentó que, al tomar las fotos "se estaban perdiendo lo que estaba pasando frente a ellos".

¿Significa esto que hacemos que nuestra memoria se esfuerce menos porque nos quedamos tranquilos si los detalles quedan recogidos en nuestro móvil? ¿Conservamos en menor medida los detalles en el momento porque nos estamos volviendo unos vagos emocionales? No necesariamente. Retener menos los detalles de un acontecimiento no implica obligatoriamente que lo estés disfrutando menos. Es más, puedes vivirlo por duplicado, en ese instante y cuando repases tu galería de imágenes.

Entonces, ¿quién tiene razón? ¿Tu amigo el pesado que te cuenta cada una de sus experiencias vitales o el moderno que se ha borrado Facebook? Solo tú tienes la respuesta. Si sientes que llegas a la vivencia plena guardando todos tus recuerdos en tu smartphone o contándole al universo entero lo que cenas cada noche, adelante. Si eres del club de los que se han optado por volver al Nokia 3310, genial. Otros harán las fotos por ti.