Por qué en realidad somos más pobres de lo que pensamos

Una vez se tienen las necesidades básicas cubiertas, ¿dónde reside la auténtica riqueza? ¿Y la máxima pobreza?

Cuando un volcán erupciona en Hawái, la lava elige siempre el camino más fácil. Esto provoca que en medio de un río de lava ardiente que lo arrasa todo, permanezcan intactos ciertos islotes de vegetación que mantienen su fauna y su ecosistema en perfectas condiciones. Es la vida en medio de la destrucción. Los hawaianos lo llaman ‘kipuka’. Pero, ¿es posible convertirse en un kipuka en un momento como este? Sí, pero hay que estar dispuesto a derribar algunos prejuicios.

Los 4 niveles de la pobreza

Desde el momento en el que tienes las necesidades básicas cubiertas, ¿dónde está la verdadera riqueza? “Todo el mundo es pobre porque siempre nos falta algo. Pensamos en pequeño, constantemente”, explica Ramón Romero, co-creador junto con Iban Solé de una nueva iniciativa llamada Plenitud Aventurera.  La idea es sencilla: todos queremos un mejor trabajo, mejores resultados, vender más pero, ¿alguien se ha planteado que para hacer crecer nuestros resultados primero debemos crecer nosotros como personas y profesionales?

En base a esta premisa, proponen un autoanálisis que han denominado los 4 niveles de la pobreza. 

Nivel 1: Pobreza de cultura

“Este nivel hace referencia al que piensa que no tiene nada que aprender y que ya lo sabe todo”, explica Ramón Romero. Entre queja y queja porque la situación está fatal, porque no hay trabajo, etc., ¿qué estás haciendo para mejorar tu situación? ¿Qué estás aprendiendo?

Nivel 2: Pobreza de dignidad

Este segundo escalafón va destinado a todos aquellos que piensan que no tienen nada que enseñar y que no pueden ayudar a nadie. “El que tiene algo que enseñar, puede ayudar. Otra cosa es que no quiera, normalmente por mil razones, pero suele ser por pereza y egoísmo”, clarifica Ramón. “Todos tenemos algo que enseñar, todos podemos ayudar y acompañar a alguien. En cuanto lo pruebas una vez, repites, porque cuando compartes aprendizajes te sientes digno y rico”.

Nivel 3: Pobreza de prejuicio 

Este nivel de pobreza está relacionado con “tener pensamientos pequeños”. Queremos una fórmula rápida para todo, un trabajo que de mucho dinero y con poco esfuerzo, perder 10 kilos en un mes comiendo lo que más nos gusta. Aquí la riqueza reside en derrotar estas creencias erróneas. "Lo llamamos la excusa del penitente. Como el cambio da miedo, buscas cualquier excusa para no moverte”, aclara Iban Solé. “Estos pensamientos son erróneos y limitantes y solo podemos derribarlos con el aprendizaje de forma constante”. 

Imagina a una persona que decide que el tiempo que pierde quejándose y buscando excusas, lo va a invertir en aprender, en ser curioso, en ser creativo. ¿Le irá mejor o peor? ¿Tendrá más tiempo para conseguir lo que quiere? ¿Llegará más rápido? 

Nivel 4: Pobreza del propósito 

“En la antigua Grecia, el idiota era el que se ponía a sí mismo por encima de los demás, mientras que el sabio era una persona que situaba el bien común por encima de sí mismo”, explica Ramón. Todos somos y hemos sido idiotas alguna vez. Para superarlo, hay que responderse: ¿Qué consigue la gente cuando está contigo? ¿Qué aportas a las personas que están a tu alrededor? 

Penitencia o Aventura: tú eliges

La propuesta de Iban Solé y Ramón Romero es, ante el cambio y la adversidad, elegir la Aventura antes que la queja y la penitencia. Para ello, han creado una Comunidad llamada “Plenitud Aventurera” en la que ofrecen contenido gratuito y networking para todos aquellos Aventureros que quieran crecer a nivel profesional.

Aunque a priori está enfocado a profesionales de la venta, como afirman, todos somos, en menor vendida, vendedores en nuestro día a día: “Todos nos vendemos a nosotros mismos, pero no por conseguir dinero, sino por conseguir el cariño de la gente de alrededor, por conseguir atención, por conseguir que nos cuenten cosas que nos interesan. Todos estamos vendiendo todo el día. Todos somos vendedores. Y todos podemos llegar a ser buenos vendedores porque al final, ser un buen vendedor es ser buena persona”, aclara Iban Solé. 

Si quieres seguir creciendo en este mar de lava como los kipukas, puedes unirte a la Comunidad de Plenitud Aventurera y acceder a todos los contenidos gratuitos desde este enlace

CN