La razón por la que la palabra 'ninfómana' no es una definición, sino un insulto

Hace poco escuché a un amigo llamar 'ninfómana' a una chica con la que estaba teniendo un rollete. Según él, la chica en cuestión se acostaba continuamente con hombres y tenía un gran apetito sexual. Vamos, que a la muchacha le apetecía echar más de un polvo por semana, se lo hacía saber y él decidió encasillarla como insaciable con su círculo más cercano a la vez que fardaba de lo mucho que folla. Pero lo cierto es que este concepto encierra una gran connotación machista y solo se usa para seguir reprimiendo la sexualidad de las mujeres.

"Hoy día no tiene sentido esa palabra. Si hay gente que la sigue usando dentro de la comunidad sexológica, desde luego, está en un error y tiene una visión de la sexología y la sexualidad todavía perversa, machista y patológica", nos cuenta Mentxu Abril, psicóloga y sexóloga especialista en igualdad. Sin embargo, en la calle sí sigue habiendo personas que usan este adjetivo e incluso la RAE lo recoge.

El término y el concepto de 'ninfomanía' —que toma prestada la palabra y el mito griego de las ninfas y las connotaciones sexuales que se asociaban a ellas— relaciona ese deseo incontrolable y enfermizo solamente a la mujer y no está incluido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, casi una Biblia sobre las enfermedades mentales. De hecho, desde hace años los expertos llaman a este trastorno 'hipersexualidad' o 'adiccion al sexo' y no diferencian entre sexos a la hora de diagnosticarlo. Se calcula que en España 1.600.000 personas están diagnosticadas y que, además, se da más en hombres (85 %) que en mujeres (15 %).

Sin embargo, la RAE (que tiene muchas cuentas machistas pendientes) sigue definiendo la ninfomanía como la "apetencia sexual insaciable en la mujer". Una definición desfasada que proviene de una época en la que la psicología, que al final la forman personas, era tan machista como la sociedad en la que se ejercía. "Se ha usado para llamar a mujeres que tienen una actividad sexual considerada socialmente superior a la media o a lo permitido o bien visto en la sociedad de cada momento", dice Abril. Una mujer con un alto apetito sexual siempre fue considerada una enferma y, un hombre así, en cambio, lo más normal del mundo. "Los hombres siempre fueron más propensos, por su educación, a tener muchas relaciones sexuales para autoafirmar su masculinidad", añade la experta.

¿Pero cuál es la línea entre tener una sexualidad activa y ser realmente adicto al sexo? Mentxu Abril explica que esa necesidad imperiosa de tener relaciones sexuales todo el tiempo y de forma compulsiva, no entiende de géneros ni de orientaciones sexuales, ya que tradicionalmente, además de asociarse esta disfunción a las mujeres, también se atribuyó a los homosexuales: "Cuando te das cuenta de que el sexo está ocupando un tiempo de tu vida que te permitiría hacer otras muchas cosas, te hace sentir mal contigo mismo y se convierte en una obsesión que te hace sentir culpable, algo pasa". Pero esa culpa no es por el miedo al qué dirán los demás sobre ello, sino por la forma compulsiva y vacía que se tiene de practicarlo.

Así que una mujer que cada semana tiene una pareja sexual distinta o que quiere echar más polvos que el del sábado por la noche NO es adicta al sexo y, ni mucho menos, una ninfómana. "Se usa para definir despectivamente a mujeres con una sexualidad activa, que la disfrutan, que les gusta la seducción y que incluso llegan a saltarse las normas sociales actuales en este terreno, bien por orientación sexual, por frecuencia, porque no creen en la monogamia, etc.", completa la psicóloga. Todo esto es castigado con la palabra 'ninfómana', una más en la lista interminable de insultos que se lanzan contra una mujer a la que le gusta el sexo y lo dice en voz alta. Así que, por favor, dejemos de usarla.