¿Quieres ser runner, yogui y realfooder? No dejes que la presión por cuidarte acabe contigo

Para empezar tienes que comer súper bien, levantarte muy pronto, prontísimo, hacer la rutina coreana para que tu cara parezca un filtro de Instagram, salir a correr, hacer yoga, pilates... y no son ni las ocho de la mañana

Actualmente, con las redes sociales, construimos y propagamos role models, lifestyles de lo más ejemplares o como a mí me gusta llamarlo “lo que deberías estar haciendo”. Y, ¿Qué deberías estar haciendo?

Para empezar, tienes que ser unx real fooder, levantarte muy pronto, prontísimo, hacer la rutina coreana para que tu cara parezca un filtro de Instagram, salir a correr porque no llegarás a tus metas si no eres un runner (emprendedorxs, en vuestras exclusivas nikes está todo vuestro futuro), yoga y pilates, obviamente, lo pusieron de moda nuestras abuelas y madres en los 80, leer muchos libros, toneladas, en papel mejor, más guay, y por último, la meditación debería ser algo imprescindible, para que cuando menos te lo esperes te ilumines como Siddartha y les demuestres a tus coleguis que no saben nada de la vida. 

La imagen proyectada e idealizada de las cuentas que vemos en redes puede convertirse en un riesgo para nuestra autoestima. Aunque podría parecer que conocemos de sobras la falsedad de las redes, no siempre somos del todo conscientes, lo sabemos, pero traspasa lo mental y va directa la emoción, en concreto a la bajona. 

No lo planteo como una crítica, sino como un hecho. Yo soy la primera que vende una imagen de sí misma en redes, alentada por maravillosos likes, follows, espectadores y comentarios. Todxs en mayor o menor medida participamos del juego, y más allá de la clásica y ya más que escuchada crítica a las redes, debemos profundizar más en la idea de que lo que vemos es tan solo una ilusión.

Por supuesto que comer equilibradamente, hacer deporte y cuidarte te aportará bienestar físico y emocional, antes de las redes ya lo sabíamos, Manuel Torreiglesias lleva desde el 97 diciéndoselo a España en “Saber Vivir”. Pero, hoy en día, el exceso de información sobre óptimos y magníficos estilos de vida, pueden llegar a colapsarte. Ver a diario todo tipo de “lo que deberías estar haciendo” para “ser mejor” genera presión, sentimiento de culpa y pensamientos negativos hacia ti mismx. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Cuidar de unx mismx es algo muy íntimo, depende de los hábitos que has adquirido durante lo largo de tu vida, del momento emocional en el que estés y del ambiente que te rodee.  Por ejemplo, hay muchas personas que adquieren el hábito de lavarse los dientes de adultos porque de peques no se lo inculcaron, o personas que viven una depresión, ¿cómo les vas a decir que salgan a correr 9 km si quizá son incapaces de ir a por el pan? Para ellxs salir de tu cama y hacerse el desayuno ya es una meta lo suficientemente enriquecedora, tan aplaudible como un maratón matutino para otra persona. No nos obsesionemos con formas de vida impuestas, creemos las nuestras propias.

Este cuidarse compulsivamente me recordó a cuando me enteré que existía una enfermedad llamada ortorexia. La ortorexia es un trastorno alimentario basado en la obsesión patológica por comer solo comida considerada como saludable, evitando grasas, conservantes, azúcares... hasta el punto en el que hay pacientes que han sufrido desnutrición poniendo su vida en riesgo. ¡Ojo! “Cuidando” de ti puedes descuidarte. Podemos trasladar el mismo esquema obsesivo a la cantidad de hábitos saludables que nos imponemos, sobre todo actualmente en un mundo donde el autocuidado es tendencia y las redes, publicistas y empresas se lucran de ello. Exponiéndonos a ese consumo podríamos estar descuidando nuestras propias necesidades, ritmos, naturaleza y equilibro mental personal. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Así que el otro día, en mi rallada del “deberías estar haciendo” me acordé de la meditación o mindfulness (llámalo como más cool te suene). Lo importante en estas técnicas es el camino, el recorrido vas trazando. Una práctica es contar hasta diez respiraciones, te invadirá un pensamiento, te perderás, no pasa nada, vuelve a empezar en el uno, poco a poco, nadie mira, no es una carrera, es tu vida y poco a poco vas adentrándote en ti. Copiando la técnica y para que mis autocuidados no se volvieran auto-exigencias dibujé una escalera con las cosas que me ayudan y no hago todo lo que debería. Las ordené de menos a más pereza que me dan y puedo ir saltando escalones, empezar de nuevo, estancarme un tiempo en uno, lo que quiera. Lo que no puedo hacer es cargarme una mochila de “deberías de” en mi espalda, colapsar y sentirme un inútil. Una buena rutina es clave, pero escuchándome primero.

Os dejo la que yo me dibujé, es muy personal, me llevo tiempo decidirme e igual de aquí a un tiempo la vuelva a cambiar.

Anabel Lorente

Y como lo más importante es que seas TÚ quién decide su propio camino de autocuidados te dejo la escalera en blanco para que la rellenes como tú quieras, haz lo que te dé la gana, como si el primer escalón es comer brownies y el segundo llamar a tu madre los martes, tienes literalmente toda tu vida para ir probando lo que te va mejor. Es muy íntimo y personal, por eso mismo, se vuelve significativo para ti. Dedícate un rato y si te apetece compártelo.

CN