Estoy A Punto De Lanzarme A Descubrir Cómo Es El Sexo Por El Mundo

Crédito de la imagen: Magdalena Wosinska

Capítulo 1: el sueño real, mi primer sueño

"He pensado que podríamos dar la vuelta al mundo en moto", me dijo mi novio Alberto un día de sopetón. "¿Es una broma?", me reí. Su rotunda negación me hizo preocupar. No es habitual en él que divague en la vida y cuando se le ocurre algo es porque realmente lo ha meditado. Me entró el pánico. Me vi sin nada. "No quiero dejar mi profesión. Quiero seguir dedicándome al periodismo y sobre todo, centrándome en el ámbito de la sexualidad", le dije. "Ya he pensado en eso. Creo que sería genial si mientras damos la vuelta al mundo descubrimos la sexualidad de cada país. E incluso he pensado en el nombre del proyecto. Se llamará Sex Riders".

Cada noche intento pensar en ese momento. Creo que es importante guardar los recuerdos y las emociones en un cajita, bien cerca de tu corazón, para cuando estás perdido. O al menos, eso dice mi psicóloga. Abro la cajita y me invade ese sentimiento tan puro que me hace volver a ilusionarme por este sueño.

Siempre me he imaginado la creación del universo como una gran bola de fuego a punto de estallar, con una energía tan sobrenatural que no podía contenerse en un mismo espacio. Y detonó. El Big Bang está a punto de producirse y lo siento, tan adentro, tan inevitable. Toda la energía juntándose en un mismo punto, intentando no perder el equilibrio entre lo que fue y lo que pudo ser.

Sex Riders germinó en mi corazón como nada nunca lo había conseguido antes. Era un sueño real, mi primer sueño. Y eso fue creciendo, día tras día. Lo dejé todo y me centré únicamente en esa pequeña semilla. Pensé que sería fácil hacer realidad este sueño. Pero llegaron tiempos duros y empezaron las promesas.

De esa noche fría de marzo han pasado ya dos años y mi vida ha cambiado. Tengo tantas cicatrices en mi alma que, cada vez que cambia el tiempo, me recuerdan el dolor que se siente al perseguir tu sueño y que no se haga realidad. Tengo goteras en mi mente que hacen que de tanto en tanto, se colapse mi cuerpo y no sepa ni qué coño estoy haciendo aquí. Pero en mi interior hay un tic-tac. Tic. Tac. Y se escucha cada vez más fuerte.

Contactamos con varias empresas y productoras que estaban dispuestas a hacer de Sex Riders algo tangible en formatos diferentes. Todo era válido y el proyecto sufría una metamorfosis tras otra. Pero después de unos meses perdidos esperando una respuesta clara, siempre venía lo mismo: “La idea es increíble pero el presupuesto de este año está cerrado / no se adapta a nuestra estrategia de márketing”. Hubo una vez que grité tan alto y con tanta rabia que me sorprendí a mí misma; como el perro que se muerde la cola y se da cuenta de que es la suya propia.

Pero hace poco llegó una productora y nos dijo que estaban enamorados del proyecto y que lo querían llevar a televisión no solo nacional, sino internacional. A día de hoy, seguimos trabajando con ellos. Y, ¿sabes? Siento pánico. Pero hay un sentimiento que sobrepasa todas las negativas, que me supera en fuerza y en voluntad. La pasión y la ilusión de investigar la sexualidad de cada cultura y poder explicarla al mundo, en un viaje que me cambiará la vida.

En mi interior hay un tic-tac. Tic. Tac. La bomba que pone nerviosos a los protagonistas de 24 cuando no saben si cortar el cable rojo o el verde. Rojo o verde, como el asfalto sucio y húmedo de esta calurosa noche de verano. La secuencia del (des)orden. Y en mi interior, una metamorfosis que está a punto de culminar.