Las Presiones Sexistas Que Esta Sociedad De Mierda Impone A Los Hombres

Crédito de la imagen: Yulia Krivich

Todo el mundo sabe lo jodida que es la sociedad con las mujeres: los anuncios que obligan a tener un cuerpo 10, los estereotipos que dicen cómo actuar y qué hacer en tal o cual situación... Sin embargo, los hombres también estamos sujetos a presiones que se resumirían en la siguiente frase: "sé un hombre de verdad". Muchos tíos no quieren hacer lo que la sociedad les dice que hagan; muchos hombres se sienten incómodos entre sus amistades y su familia cuando son distintos a lo que se espera que sean. Aquí van algunas de esas presiones que la gente con cierta sensibilidad odia profundamente.


Sé un imbécil macarra con tu pareja

"Tío eres un calzonazos, te tiene sorbido el cerebro..." ¿Cuántas veces no habrás oído estas frases? En ocasiones las dicen los amigos más cercanos por no ir de fiesta con ellos o por decidir dejar de ver un partido de fútbol para pasar la noche con la pareja. El problema es que muchos hombres, para no ser llamados unos calzonazos (parece que hoy día éste es el peor insulto para un tío), actúan como auténticos gilipollas. Lo peor es que existe una leyenda urbana que afirma que a las mujeres les gustan los macarras... ¡Basta ya de chorradas! A cada una le gusta lo que le gusta, no hay un gen del ADN que diga: "amarás al tipo duro por encima de todas las cosas".


Sé un romántico de película de Hollywood

"Los hombres son detallistas..." ¡Otra candidata para el museo de las frases sobadas! Tu condición masculina no te obliga para nada a regalar flores ni joyas a la persona que quieres. Estaría muy bien que como hombre empezaras a exigir que te regalen una rosa o un clavel. De hecho los hombres deben empezar a darse cuenta de que las flores son objetos bonitos. Del mismo modo, también estaría genial que de vez en cuando te regalaran un collar o un anillo sin que eso te diera vergüenza entre machos.


Sé un hombre de provecho

"Para ser un hombre de verdad tienes que tener una profesión de verdad" ¿Cómo? ¿Una profesión de verdad? Pese a que los jóvenes tienen cada vez más libertad para convertirse en aquello que quieren ser, lo cierto es que sobre las cabezas de los hombres pende una fuerte presión para que se dediquen a las profesiones que teóricamente dan dinero y prestigio.

Vale, es cierto, ya no es como en la Edad Media en que los varones debían dedicarse a ir a la guerra (¡por suerte!), pero cuando un hombre dice que quiere ser enfermero, periodista o psicólogo, sus padres probablemente lo miren con una cara que quiere expresar: "Mejor hazte cirujano o abogado". Los hombres somos igualmente válidos para ser profesores de educación infantil, esteticienes o limpiadores de hogares...


Sé un machote y no una nenaza

"Un hombre no puede llorar, un nombre no puede tener miedo, un hombre no puede mostrarse débil". Todas estas gilipolleces están impresas a fuego en nuestro subconsciente y probablemente nos las hayan metido en la cabeza nuestros padres sin darse cuenta cuando nos decían "los nenes no lloran", o en el cole cuando, si no nos atrevíamos a hacer algo, nos llamaban nenaza o mariquita. Es heavy que ante una muestra de sensibilidad nuestra sociedad nos llame mujeres o homosexuales como si fuera un insulto.


Saludarse como bárbaros

Muchos hombres se saludan chocando los puños como si fueran raperos del Bronx. ¿Por qué no se pueden dar dos besos y abrazarse como las mujeres? Resulta de lo más raro, pues si uno enciende el televisor para ver un partido de fútbol se da cuenta de que los hombres en otros países se besan, se abrazan, se dan palmadas en el culo... ¿por qué no lo hacemos en el día a día si parece encantarnos cuando practicamos deporte?


Sé un cerdo

Estás con tus colegas, con los compañeros del curro o con tus primos todos hombres en un bar y de repente pasa por delante vuestro una de esas mujeres que según los cánones belleza occidentales es muy guapa. Con frecuencia, alguno de los presentes, cuando ella ya no puede oírle (o no), exclama: "¡Vaya pibonazo! A esta la ponía yo mirando a Cuenca". La reacción debería ser que tú le dijeras a ese primitivo que la mujer que acaba de pasar no es un trozo de carne andante, que si quisiera visitar Cuenca, pues ya se iría por su cuenta. Pero nada que ver. Lo que sucede en estos casos es que el resto de tíos presentes empiezan a decir frases similares a las del macho cabrío... Muchos se pueden sentir incómodos en este tipo de escenas, pues no les gusta tratar a las mujeres como si fueran ganado, pero desgraciadamente todavía no ha llegado el día en que algún hombre exclame barbaridades sobre las mujeres y el resto se quede mirándolo en plan: "tío, eres idiota".


Deberíamos enviar todos los estereotipos a la mierda para empezar a repensar qué somos y qué queremos ser. Quizás descubriríamos que adoptando muchas actitudes consideradas habitualmente femeninas, nos sentimos de puta madre.