Así son los 'preppers', la comunidad silenciosa que se prepara para la Tercera Guerra Mundial

Pastillas potabilizadoras, baterías de camión, cientos de raciones de comida del ejército, cuchillos de supervivencia que ni el mismísimo Rambo, escopetas de caza y trajes NBQ (acrónimo de Nuclear, Biológica y Química en inglés). Es todo lo que uno podría encontrar en el sótano, zulo o despensa de un preparacionista o prepper, es decir, alguien que se prepara para sobrevivir a una posible Tercera Guerra Mundial, una catástrofe natural o un apocalipsis zombie, entre otras paranoias. Una comunidad tan numerosa como silenciosa que únicamente aparece en las noticias cuando ocurre alguna masacre en Estados Unidos.

Lo cierto es que, más allá del tratamiento que los medios de comunicación hacen del preparacionismo, a mucha gente no le hace demasiada gracia pensar que su vecino podría tener un verdadero arsenal bajo el césped del jardín o que, en caso de colapso económico mundial, la persona más poderosa del barrio será el mismo que cada domingo se pasa la mañana pegando martillazos y serrando hierros en el garaje. Una paranoia mutua que se alimenta del sensacionalismo y la desconfianza que muchas personas desarrollan en torno a la sociedad actual.

El caso de Nancy Lanza, la profesora preparacionista que murió asesinada junto a otras 28 personas en la masacre de la Escuela Primaria de Sandy Hook a manos de su hijo de 20 años, Adam Lanza, —a quien había instruido en el manejo de armas— es un clásico del cóctel ‘armas+preparacionismo=masacre’ que los medios estadounidenses, un país en el que los preppers se cuentan por centenares de miles, se han encargado de vender a medio mundo. Pero, ¿quienes son en realidad los preppers? ¿son una amenaza para alguien? ¿cuántos de estos hay en España?

“Todo lo que se dijo sobre mí era mentira. No encontraron zulos porque directamente no existían”, responde con evidente malestar Alejandro Castro, un conocido youtuber y prepper de Marmolejo (Jaén) que fue detenido por el Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas (GOIT) de la Policía Nacional en febrero de 2016 acusado de difundir técnicas para la construcción de armas mortales —como una pistola de siete disparos con una caja de zapatos y gomas del pelo— en su canal de Youtube, Drák Preppers, con casi un millón de seguidores.

Anteriormente, en verano de 2013, la Guardia Civil había encontrado en su domicilio pistolas de fabricación casera, escopetas, ballestas e, incluso, un lanzallamas artesanal. En ambas ocasiones, su detención supuso un gran revuelo en toda la comunidad preparacionista e incluso se le acusó de tener información detallada sobre la frontera con Melilla y de traducir sus vídeos al árabe. “Nada más lejos de la realidad. Lo único que tenía era la información que cualquiera puede buscar en Google”, asegura insistiendo en que su detención fue una exageración en toda regla.

“Cuando me preguntan sobre la detención siempre respondo con el siguiente ejemplo. Un juzgado de Valencia ha dejado en libertad sin fianza a los responsables de la armería de Getxo que fueron detenidos en el marco de una operación policial contra el tráfico internacional de armas y que han pasado casi tres meses en prisión preventiva y están en libertad sin fianza. A mí me tuvieron ocho meses y los cuatro primeros meses sin fianza. Juzguen ustedes mismos”, resume mientras recuerda que “el canal sigue abierto” y que “esos vídeos eran, y son, legales”, aunque “se pactó que tenía que eliminarlos si quería salir”.

A pesar de ser el más mediático, el caso de Alejandro Castro es solamente la punta del iceberg. Desde su tienda Suministros para Emergencias en Granollers (Barcelona), Ricardo Rubio, uno de los principales vendedores online de la comunidad prepper en España, nos aclara el verdadero alcance que el preparacionismo tiene en nuestro país. “Aquí en España hay quien se ha montado un refugio antinuclear y yo mismo le he tenido que decir: ¿pero tú crees que van a lanzar una ojiva nuclear en tu pueblo?”, dice Ricardo cuya tienda, no obstante, tiene el honor de haber vendido más de 5.500 trajes NBQ y unas 9.000 ‘mochilas 72 horas’ equipadas con radio, navaja, pastillas potabilizadoras, etc.

“No te vayas a pensar que los preparacionistas son cuatro frikis, entre mis clientes tengo profesores universitarios, policías nacionales y Mossos d'Esquadra. Estos últimos además tienen la licencia A de armas”, apunta Rubio quien cree que “lo que pasa es que no conviene ir diciéndolo” porque “en caso de catástrofe tus propios vecinos podrían lincharte para conseguir tu comida”. Pero lo que realmente acojona al hablar con Ricardo, más allá de la aplastante lógica de sus argumentos, es su afirmación de que las ventas de material “se disparan cada vez que el zumbao de Trump hace un tweet”. Es decir, la convulsa política del siglo XXI alimenta la paranoia preparacionista y muchos señalan el 11-S como la fecha de nacimiento del movimiento.

Según Ricardo, a raíz de las invasiones de Irak y Afganistán gente de un alto nivel social y cultural comenzaron a dotarse de pequeños refugios nucleares. Siguiendo sus indicaciones, descubrimos que por unos 130.000 euros empresas especializadas ofrecen la construcción de refugios atómicos de 100 metros cuadrados y la capacidad de acomodar unas 25 personas por largos periodos de entre 15 días y 20 años. Al parecer, entre los clientes de estas empresas se encontrarían banqueros, empresarios y artistas conocidos los cuales habrían solicitado incluso la construcción de una biblioteca y un quirófano completo en sus refugios.

“Los preppers estamos convencidos de que algo gordo está por pasar y lo peor de todo es que pasará. Muchos que antes ser reían vendrán llorando y por eso cada vez somos más”, concluye Ricardo a la vez que insiste en que, a la hora de la verdad, “cada uno se lo montará a su manera”. Quizás es por ello que existen tantos tipos de preparacionistas como personas y que muchos de ellos también se definen como survivalistas o bushcraft, es decir, personas con un conjunto de conocimientos, técnicas y habilidades necesarias para subsistir largos periodos fuera de la civilización solamente con sus manos y algunas herramientas básicas. 

Alguien que realmente sabe de esto es Juan José Sánchez, youtuber y director de la escuela de supervivencia JJ Adventure. Entre sus clientes, los preparacionistas son de lo más habitual. “Un prepper debe tener un plan B por si fallase su equipación o simplemente no tuviese acceso a ella. Los hay que carecen de cualquier experiencia práctica, que no saben ni coger bien el cuchillo para pelar una rama o quienes han comprado mucho material que luego se dan cuenta que han comprado sin criterio”, señala el instructor que suele realizar sus cursos de supervivencia en torno a las montañas y bosques la Seu d'Urgell, en pleno Pirineo Catalán.

Al igual que Ricardo Rubio, coincide en que incluso entre sus clientes muchos se resisten en aceptar la etiqueta de prepper y, a veces, lo hacen conscientes de que nunca se sabe quién podría ser un futuro enemigo. “Sería un error pensar que no existe un fuerte prejuicio en torno a ellos. Para una persona que no practique el preparacionismo, estos pueden ser vistos como extremistas o personas que no viven o disfrutan de la vida por su obsesión. Pero, también hay que tener claro que para ellos la persona que no lo es también puede ser vista como un problema menos y una fuente de fácil de recursos”.

Como el resto de los entrevistados, todos ellos preparacionistas en mayor o menor grado y con sus matices propios, coincide en señalar que el movimiento prepper en España no para de crecer. “Sin lugar a dudas el preparacionismo está ganando adeptos a paso de gigante. Nos hemos dado cuenta de que el sistema no es perfecto y que puede fallar. No se trata de ser alarmista, simplemente tener cuatro cosillas en casa y algunos conocimientos que te pueden ayudar en caso de necesidad”, concluye Juanjo cuyo canal de Youtube acumula en estos momentos unos 36.000 suscriptores.

Volviendo a Alejandro, el prepper e influencer de Marmolejo que pasó ocho meses en prisión, queda claro que por mucho que se hable de él, y que la policía vigile de cerca sus pasos, a su canal le queda mucho margen para seguir creciendo. “En los pueblos nos conocemos todos y saben la tranquilidad de la vida que llevo. He tenido mucho apoyo y todo lo ocurrido no ha sido más que una manera de promocionar aun más mi canal entre las personas que aún no me conocían”, sentencia este icono de esta comunidad no solamente en España sino en toda América Latina, donde los preparacionistas se cuentan por millones.

Aunque todos los entrevistados se escudasen en el típico “solo tengo cuatro cosillas en casa”, no cabe duda de que, si mañana mismo se declarase alguna situación de emergencia, al cabo de unos meses ellos serían los dueños del cotarro. Cada uno a su manera, resistiendo en sus búnkeres privados en el campo, atrincherados en sus pisos/fortaleza de las grandes ciudades o perdidos en algún valle aislado del Pirineo, sobrevivirían con la sonrisa satisfecha del que piensa: “os lo dije”. Al resto, solamente nos queda cruzar los dedos y esperar que el tiempo no les de la razón.