¿Has pensado alguna vez a quién le benefician tus sueños e ilusiones?

"¿Recordáis que hubo un momento en el que las petroleras y los banqueros parecían estar amilanados y batirse en retirada? ¿Qué ha pasado?". La periodista y activista Naomi Klein, autora de los best-sellers La doctrina del shock y No logo, vuelve a meterle un zasca a nuestra visión del mundo con su nuevo libro, Decir no no es suficiente, analizando cómo el surrealismo político de la era Trump tiene mucho que ver con la economía neoliberal. Nuestra conversación con ella nos ha hecho pensar, entre otras cosas, en cómo el sistema engulle nuestras aspiraciones personales en su lógica consumista.

Cada uno tiene sus ilusiones, objetivos y proyectos, pero ¿te has preguntado de dónde surgen, o más bien, a quién benefician los tuyos? A veces lo que creemos querer, en realidad, nos lo han vendido y otras veces, sin saberlo, buscamos cosas que nos aporten un estatus. Por eso mismo, acabamos comprando sensaciones que podríamos tener gratis. Si tu ilusión es ir a la última, poder comprarte ese coche o ese reloj, tener un pase VIP o el último iPhone, eres el resultado perfecto del libre mercado: tus aspiraciones personales están estrechamente vinculadas al consumo.

Dado que pocas cosas escapan a la lógica del mercado, las compañías van a competir para que les compres a ellos tu felicidad, o mejor, para decirte qué es lo que tienes que desear. ¿Y cuánto dinero (que es el tiempo que has invertido en ganarlo) te costarán, respecto lo feliz que te harán a largo plazo? Al sistema no le interesa que hagas ese cálculo.

Sale un nuevo iPhone y se forman colas de ocho horas para conseguirlo. Es un aparato que debería estar a nuestro servicio, pero se convierte en un objeto de culto, algo imprescindible, que "si lo tiene el vecino cómo no voy a tenerlo yo". Al cabo de unos meses lo posee todo tu entorno y deja de tener ese atractivo por exclusividad y ese valor por la novedad. Una muestra más de la archiconocida obsolescencia programada, que se da tanto en la práctica (sistema operativo caduco, que en un par de años te deja en la estacada) y en concepto: ya no te sientes especial, se ha desvanecido esa ilusión.

A diferencia del tiempo invertido en una amistad, aprender algo o hacer deporte (por enumerar cosas por las que la gente no hace colas de ocho horas ni paga 1.000 euros), el valor de tu inversión ha desaparecido en lugar de acumularse. Bye, bye. Esto es solo una milésima parte de los oasis mentales que nos produce el capitalismo.

¿Y qué? ¿Qué problema hay disfrutar del acto de comprar, sea de la compañía que sea? Más allá de la contaminación o explotación laboral causada por muchas multinacionales que producen en países sin regulación, ninguno. Nótese la ironía, pero tu principal problema llega cuando compras por ansiedad. La sugerencia de Naomi es que te preguntes para qué compras realmente. ¿Me encanta y me hace falta esto, o estoy buscando otra cosa, como por ejemplo aceptación, pertenencia a un grupo o incluso amistad? ¿Es algo más que puedo tener gratis?

La mayoría ni se plantea el origen de sus gustos o deseos. Pongamos que lo que has comprado te ha hecho una ilusión brutal, y que, entonces, corres a compartir una foto en redes enseñando la marca de turno. "Les estamos regalando mano de obra gratuita a las compañías más ricas del mundo", dice Naomi, que añade: "¿por qué ibas a convertir tu cuerpo en una valla publicitaria sin cobrar por ello?". Es lo que hemos hecho durante años, aunque cada vez más jóvenes se dan cuenta de esto, y lo explotan convirtiendo sus perfiles de Instagram en escaparates para grandes marcas. Nada nuevo bajo el sol, solo que en lugar de vendértelo la televisión ahora te lo vende tu influencer favorit@.

La revolución de las RRSS solo ha alimentado el mensaje habitual del sueño americano: si te lo curras y te lo ganas, puedes llegar donde quieras. No está mal para motivar al personal, pero no es siempre así. Con el aumento de las desigualdades dentro de los países, Naomi cree que cada vez tenemos un sistema menos basado en el mérito o en el esfuerzo, y más gente con privilegios heredados que llegan lejos con pocas habilidades. Mientras tanto, otros tienen que aceptar dos trabajos para siquiera sobrevivir.

"Muchas de las ‘escaleras’ que solían darle a la gente la posibilidad de ascender de clase, como la educación pública gratuita y de calidad, son precisamente lo que ha atacado la austeridad", nos dice. Se refiere a privatizaciones, liberalización del mercado laboral y recortes. Nos dicen que baja el paro, pero no nos dicen qué tipo de puestos se crean: contratos precarios o a tiempo definido, sueldos de risa, prácticas eternas, etc. Parece que a los jóvenes nos hagan un favor por dejarnos trabajar.

Esto son solo pinceladas sobre cómo nuestra mente nace y crece en la lógica del capitalismo, que se beneficia de la confusión y sobredosis de fake news entre la juventud para empujar más la desregularización. El sistema neoliberal pide consumo y crecimiento, y el consumismo nos empuja a pulir nuestro yo exterior  sin darnos motivaciones para fortalecer el interior. En Decir no no basta, Naomi da algunas pautas para oponerse a esta lógica, pero el primer paso para ser un poco más libres es ser conscientes de esto

Entonces, ¿es más feliz quien menos piensa? No siempre: al mercado le interesa que te sientas insatisfecho, para poder suplir tus "necesidades"… al menos por un tiempo.