Si Oyes Voces En Tu Cabeza No Estás Loco: Tu Pasado Intenta Hablarte

¿Alguna vez has escuchado una vocecita en tu cabeza que no sabías de dónde provenía? ¿Convives con alguna voz, o voces, desde hace mucho tiempo? ¿Temes haber perdido la cabeza e ir cuesta abajo y sin freno camino de la demencia más absoluta? La psiquiatría moderna, y por extensión la sociedad, ha considerado sistemáticamente a los narradores internos como signos de locura. Una ficción, una alucinación auditiva síntoma de enfermedades mentales como la esquizofrenia, la psicosis o el trastorno bipolar. Y de la mano de la etiqueta médica, normalmente, ha llegado también el estigma social. Sin embargo, esto ha empezado a cambiar.

Intervoice, principal fuerza mundial del Movimiento Escuchando Voces, lucha desde 2007 por revertir la consideración que tiene la ciencia de estas percepciones auditivas. En lugar de una anomalía nociva, defienden, son una experiencia natural que ha acompañado a los seres humanos desde que el mundo es mundo. Expresiones emocionales que nada tienen que ver con factores genéticos o bioquímicos, sino con acontecimientos traumáticos que han generado sentimientos tan complejos que se han personificado en una voz.

Esto no significa que la esquizofrenia, la psicosis o el trastorno bipolar no existan. Son reales y consecuencia de una pequeña parte de las escuchas de voces. Sin embargo, la gran mayoría de personas experimentan este fenómeno debido a la existencia de conflictos sin resolver. Las voces funcionan entonces como advertencias sobre un problema al que hemos evitado enfrentarnos inconscientemente. Son lo que llaman ‘alucinaciones de cuerdos’, porque quienes lo viven son personas perfectamente sanas.

La solución, por tanto, no pasa por administrar antipsicóticos, que acortan la vida del individuo. La solución pasa por acudir a la raíz del conflicto emocional que provocó la aparición de los hablantes internos. Por entenderlos como mensajeros que informan, metafóricamente, de aquello que conscientemente no nos atrevemos a pronunciar. Como los sueños. De esta manera podemos llegar a entenderlos, mejorar nuestra relación con ellos y superar poco a poco el trauma. Por eso es transcendetal que los psiquiatras abandonen el diagnóstico indiscriminado de locura ante cualquier manifestación de voces.

Esto es, precisamente, lo que le ocurrió a Eleanor Longden. Etiquetada como esquizofrénica después de que varias voces comenzaran a atormentarla durante su etapa universitaria, pasó años luchando contra ellas pero no hacían sino volverse más y más agresivas. Sufrió durante largo tiempo antes de comprender que no eran más que expresiones de la vergüenza, la culpa y la ira que los abusos sexuales sufridos en la infancia habían originado. A partir de aquel momento, las voces que hasta entonces habían sido sus enemigos se convirtieron en grandes aliados.

La historia de Eleanor es bastante más común de lo que pueda parecer. John Frusciante, quien fuese guitarrista de los Red Hot Chili Peppers, cuenta cómo convivió durante su juventud con un fluir incesante de voces en su cabeza. Voces que se contradecían, que presagiaban, que le insultaban, o que le ordenaban lo que tenía que hacer. Aunque menos del 1% de la población es diagnosticada como oyente de voces, casi una de cada tres personas experimenta este fenómeno al menos una vez en su vida, según afirmó en una entrevista Eduardo Jesús Aguilar, de la Universidad de Valencia.

Si las voces que aparecen durante la infancia suelen tener su origen en episodios de maltrato infantil o abuso sexual, como en el caso de Eleanor, las voces esporádicas suelen aparecer tras una pérdida sentimental muy dramática. Según John Read, psicólogo clínico en la Universidad de Liverpool, la inmensa mayoría de personas mayores de 60 años que pierden a su compañero vital o a alguien muy querido lo escuchan poco tiempo después. Así es el amor y así es nuestro cerebro.

La demonización de la escucha de voces es algo contemporáneo y occidental. Personajes históricos como Jesús de Nazaret o Juana de Arco oían voces a menudo. Una parte de ellos les hablaba desde algún rincón oscuro de su mente. Para algunas tribus de la etnia maorí oír voces internas es tan ordinario como abrir los ojos por la mañana. La psiquiatría, como todo lo demás, va siempre un pasito por detrás de la verdad. Lo importante, afirma Eleanor, es trabajar para que los profesionales de la salud se pregunten menos "¿qué hay de mal en tu cabeza?" y mucho más "¿qué te ha pasado en la vida?". En nuestra historia está siempre la clave.