Oye, Que Aunque Me Veas Con Pluma Soy Afeminado, No Gay

Llámame Marco Antonio, que como puedes notar por mi calzado, me va mucho todo lo romano. Ya sé que estas sandalias no hacen al pie del hombre muy masculino, pero ¿qué quieres que te diga? Me encantan. Ya ves. Aunque mi vida, hasta ahora, haya sido todo un poco desastre, aquí sigo. Con mis cosas. Como siempre. Con la típica problemática frente al miedo a la pérdida del amor, la salud o el dinero -sufrido por todos- sumado a lo mío más personal.

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A veces dudo que viva yo en el cuerpo, que este resida en el mundo, el mundo en el sistema solar y así sucesivamente. Pero lo mío no es más que un fucking error en la maldita matrix. Porque, aunque me encanten las mujeres y me pongan burro casi todas, lo que es yo a ellas, ya es otro tema.

Todas me quieren mucho. Muchísimo. Se ríen conmigo la hostia, me petan el FB de likes y me reclaman para quedar para que, con mi simpatía, les amenice sus reuniones. Las más sádicas no descansan nunca halagándome con lo guapo que yo soy, pero dándome después consejos sobre cremas y otras mariconadas para el pelo. Igualito que con sus mejores amigos gays.

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Ellas, lo que quieren de mí es ser mi propia mariliendre. Cogerme como confesor para lo de sus fracasos de pareja. Acompañarlas a ligar y servirles de escudo protector por si en el subidón se pasan. Lo asumo, me ven mujombre. Pobres, si supieran lo que yo deseo -dicho mal y pronto, ponerlas mirando a Cuenca- no dejarían que las sobara tanto (bueno algunas ya lo saben, pero en el fondo, siempre desconfían). ¿Será gay? ¿No será gay? ¿Y si es todo una farsa?

No hay chica hetero que quiera merendarse a un supuesto gay. Para ellas, un tío con pluma mejor de peluquero. La de veces que, con desprecio, la gente me habrá dicho que si estoy metido en un supuesto armario. Que si tengo que aceptar lo mío para ser feliz. Que bailo demasiado bien para ser macho o que mi ropa y postureo resultan un pelín gay. Así -y en lo que a esto se refiere- los heteros también nos discriminamos entre nosotros mismos.

Según parece, para ellas es un inmenso ‘WTF?!!!’ conocer un tío que, sin mostrarles las típicas señales de macho cabrío, pretenda luego entregarles toda la mortadela. Por lo visto, sufren lo que viene a ser un desconcierto total nivel dios.

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Toda esta situación se da en múltiples circunstancias, como consecuencia de la misma homofobia que marca la heteronormalidad regida en nuestra cultura y, que en sociedad, nos veríamos obligados a respetar. Más concretamente, hablamos aquí de plumofobia o la aversión por el amaneramiento femenino de hombres o el masculino de las mujeres. Algo que, sin lógica maldita, sufren también personas homosexuales por parte de los propios gays y lesbianas. Como lo oyes. Igual que hispanos racistas, homosexuales muy homófobos son algo de lo más común.

Ya no por mí, sino por todos, deberíamos hacernos el gran favor. Ojalá -desde ya mismo- superásemos los estereotipos representados en nuestro imaginario colectivo. Que nos respetemos seamos como seamos. Que ser mujer u hombre no implique comportarse según ciertos modelos. Que entendamos bien que entre hombres y entre mujeres hay muchísima variedad. Que no todos los homosexuales tienen pluma y que no todos los tíos con pluma seríamos gays.

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