Ortega y Gasset nunca hubiera hecho fotos-denuncia desde el balcón

El mundo se mueve por fuertes corrientes en las que resulta especialmente sencillo dejarse llevar. El ejemplo más claro lo tenemos en la situación actual con el coronavirus

¿De qué hablamos cuando decimos que uno se comporta igual que la masa? Es tan sencillo como abrir Twitter y darle like a un comentario negativo sobre alguien que te cae mal sin prestar demasiada atención a lo que estaba diciendo. Si alguien ha sido siempre un idiota, no hay por qué pensar en que haya dejado de serlo en estos últimos cinco minutos, ¿verdad? O tan fácil como ver una chaqueta en un escaparate y comprártela sin valorar si la necesitas o si te sobra realmente esa pasta, o incluso si te la vas a poner en cuanto deje de estar de moda.

El mundo se mueve ahora por fuertes corrientes en las que resulta especialmente sencillo dejarse llevar. El ejemplo más claro lo tenemos en la situación actual con el coronavirus y cómo todo el mundo tiene una opinión sobre lo que se tendría que hacer o lo que no, sin que hayan siquiera abierto ni un par de periódicos para informarse. ¿De qué quieres hablar? ¿De genética? ¿De astrofísica? Pues adelante, ¿por qué no? Es algo muy de nuestro tiempo y anticipado por Ortega y Gasset hace casi un siglo: el hombre-masa.

Algunos cambios en la vieja Europa

En 1930 se publicó La rebelión de las masas, un ensayo escrito por el filósofo español José Ortega y Gasset elaborado desde el umbral de los totalitarismos del siglo XX. El suyo, un mundo aristocrático y liberal, se venía abajo por un cambio radical en la apertura de la esfera pública. Aparecían fenómenos como la democratización de la cultura o el auge de movimientos políticos caracterizados como “de masas” (fascismo y comunismo, principalmente) y él lo vería como un retroceso social y como una inundación de problemas.

Ortega tenía un pensamiento bastante elitista y aristocrático, aunque también se le puede adivinar un sentimiento democrático en el sentido clásico. Es decir: la democracia no solo son una serie de derechos para el ciudadano, también le da la obligación de informarse y de pensar por sí mismo. Ese es, precisamente, el punto que diferenciaría al individuo frente a la masa. El individuo se enfrenta al mundo y trata de conseguir encontrar sus propias conclusiones o soluciones ante las cosas. La masa, sin embargo, se deja guiar directamente por lo que determinan los de su grupo, por el grito más alto o por la voz más fuerte que pueda oír. Ese es el peligro.

¿Qué es el hombre masa?

Ortega se fijó en las aglomeraciones de su tiempo. De repente espacios públicos y privados eran invadidos por grupos de personas que los llenaban. Desde los restaurantes hasta los periódicos. Aparecía la masa. ¿Por qué se caracterizaba? Lo que dice al respecto es bastante interesante.

El hombre-masa sería aquél que se siente como todo el mundo, que hace lo que todo el mundo y a quien eso no le angustia. Es alguien que se ve mecido por las corrientes que hay, por los vientos que soplan, alguien que directamente hace lo que los demás porque considera que es lo que tiene que hacer, sin apenas cuestionárselo. Esto convierte al hombre-masa en una persona fácil de engañar y de corromper. Es sencillo persuadirlo de cualquier cosa. No se trata de una persona con principios firmes que vaya a defender. Un anuncio, un eslogan, una frase, la propaganda, la publicidad o un sentimiento superficial de pertenencia pueden convencer al hombre-masa de qué hacer.

Otro elemento característico de las masas es la superficialidad, la apariencia. Nunca llegan al meollo o al corazón del asunto, sino que se limitan a rondar la superficie sin incidir demasiado en ningún aspecto. Es como cuando ves a alguien por la calle que “se va de motero” y cuando ves a alguien “que realmente es un motero”. La masa bebe de la imitación y de la apariencia. Es una forma de falsear la realidad y de jugar en un mundo que es superficial, lejos de los fenómenos reales que producen las cosas. Algo parecido a comprar camisetas del Che Guevara o cuando se pusieron de moda las palestinas y las vendían las grandes marcas. O las camisetas "de feminista" que se pusieron de moda tras el #Metoo. 

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¿Cómo me largo de la masa?

Para Ortega, la individualidad se lograba principalmente con más autonomía: tanto de acción como de pensamiento. El individuo real, alejado de la masa, tiene que tratar de definir su camino y de fijar sus prioridades, sus valores y esforzarse por desarrollar sus propias ideas. Es decir: tiene que pensar. Y, al pensar, admitir sus limitaciones y saber en qué punto es ignorante y en cuál no lo es. Por otro lado, el hombre-masa es el que opina de lo que le da la gana, el que repite lo que ha oído, el que directamente no asume el esfuerzo que supone existir de una forma verdadera. Es decir: el que no tiene interés por pensar porque ya lo han hecho otros por él.

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