Soy una mujer fuente y mis orgasmos son un manantial

La palabra orgasmo viene del griego 'orga' cuyo significado es 'hervir, arder'. Es un placer intenso y fulminante que se alcanza con fuerza tras un período de excitación. Es el gozo más intenso que puede alcanzar el ser humano, al que le sigue un momento de calma, felicidad y relajación. Qué os voy a contar.

Ser una 'mujer fuente' es vivir el placer húmedo con un súper orgasmo que, aunque es poco común, es una puta pasada; el séptimo cielo. Un paso más allá de la mujer orgásmica ya tan comúnmente aceptada. 

No se trata de orina ni de esperma. Este fluido no fértil está parcialmente producido por los riñones y proviene de la próstata (sí, nosotras también tenemos una, ¿qué te creías?). Pese a que todas las mujeres segregamos líquido en el momento en el que sentimos placer (eyaculamos, aunque no con la intensidad de los hombres, que lo hacen tras el orgasmo), las mujeres fuente pueden llegar a arrojar de unas gotas a 200 ml con la estimulación del punto G. Eso, amigas mías, es lo que se llama un squirt (literalmente 'chorro', en inglés).

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Las contracciones musculares que experimentan mientras alcanzan el clímax las llevan a eyacular de forma incontrolada, repito, a chorros. Los orgasmos son intensos, dulces y largos; y se preceden o culminan en una explosión de líquido que sale de la vagina satisfecho y abundante. 

Muchas viven esta intensa convulsión con vergüenza e incluso complejo. A algunas les resulta molesto 'inundar' y se sienten cohibidas cuando ocurre, pero más que causarles pudor deberían sentirse orgullosas. Divas de la eyaculación, son unas privilegiadas. Mientras las demás pegan un polvo y se corren, ellas consiguen liberar una lubricación vaginal tan extrema que se diría que es un chorro de agua.

mis orgasmos son un manantial

A la pregunta de si se puede entrenar para conseguir ser una fuente eyacualdora no se ha encontrado respuesta científicamente probada, pese a que ya existen incluso talleres para enseñarnos cómo se hace. Algunas mujeres lo experimentan de forma habitual, otras solo lo consiguen con determinadas personas con las que conectan de una forma especial y otras jamás sabrán qué se siente.

Lo que está claro es que todas poseen esas glándulas -de Skene, situadas una a cada lado de las paredes vaginales- que permiten a su cuerpo hacer semejante milagro. Deborah Sundhal, educadora sexual y autora de Female ejaculation and the G Spot (HunterHouse, 2003) y autora del vídeo How to Female Ejaculate. Find Your G-Spot (1992), cuenta que la próstata se hincha con la eyaculación (líquido prostático) y se apoya en el tejido eréctil que se llena de sangre. Toda esta zona es el famoso Punto G femenino.

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Ahora bien, probablemente, lo que no todas tienen es la mente preparada. Sundhal cree que el squirting supone la segunda fase del desarrollo sexual de las mujeres, después de que hayamos asumido el orgasmo y su disfrute como algo normal e incluso primordial en cualquier encuentro sexual. El mejor maestro para el orgasmo está dentro de ti. Nadie mejor que tú conoce tus zonas erógenas, tus puntos clave para llegar a sentir que revientas. De eso se trata, de que follar o hacer el amor sea, en cada polvo, épico.

La incógnita es si en unos años las mujeres habremos dado ese salto y el orgasmo "a secas" sea algo del pasado. Entonces las reivindicaciones serán húmedas y nos quejaremos del orgasmo sin squirt; porque a quién en su sano juicio no le gustaría sentirse estallar en mil pedazos y  dejarse llevar por el puro placer cuando, extasiadas, nos abandonamos al sexo y, húmedas, nos corremos de gusto.

Crédito de las imágenes: Matt Adam