Soy mujer, estoy buena y así es como tus prejuicios me joden la vida

"Pobre niña mona", dirán algunos, "pues que se joda", dirán otros. Y es que las tías buenas despiertan una virulencia poco habitual y la gente se cree con todo el derecho del mundo a insultar, prejuzgar y criticar sin ningún tipo de límite. No vamos a ser hipócritas, claro que tener un físico agraciado te abre puertas y te trae ventajas en la vida. Pero la belleza también trae consigo muchas otras putadas que la gente no ve y no quiere ver porque prefieren seguir teniendo una diana a la que lanzarle toda su bilis pensando que si estás buena no te mereces ningún otro tipo de respeto ni consideración.

1. Caes mal

Esto es matemático. A la gente la belleza le impone, le asusta y entonces te ataca. Aunque tú no hayas hecho nada más que pasar por la calle, ya les caes mal de entrada. Cuando llegas a un trabajo, en la universidad o en la clase de zumba del gimnasio, ten por seguro que la gente te mirará con recelo, y cuando digo 'gente', me refiero a las personas de tu propio género. Más tarde, cuando ya hayas conseguido atravesar la barrera de los prejuicios, te hayan conocido y hayan visto que eres una persona normal y corriente, te contarán: "tía, pues no sé por qué, al principio me caías fatal, pero ahora veo que eres una tía estupenda". Ja ja, ok.

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2. Eres tonta

Malditos estereotipos. Si estás buena se da por sentado que eres tonta, y ya si eres rubia te darán una edad mental de 12 años aunque tengas 35. Así que resulta que te tienes que pasar la vida demostrando que no eres como la gente se piensa, y que, oye, también te has sacado una carrera e incluso un máster. Y la verdad es que resulta agotador. Por eso, más vez cuando conoces a una persona nueva y ya estás cansada de batallar contra esos prejuicios, va y resulta que no eres miss simpatía porque ese día no te ha dado la gana de sonreír y ser amable. Entonces pasa lo del punto anterior, que caes como el culo y, esta vez, con un poco de razón. Pero tampoco puedes contentar a todo el mundo.

3. Te vas a tirar a su novio

Cuando tus amigos te presentan a sus nuevas novias o tus amigas a sus nuevos novios, muchas se sienten amenazadas y dan por hecho que te los vas a intentar ligar o que ellos van a desearte secretamente. Y claro, eso es culpa tuya por estar tan buena y nunca de ellos, pobrecitos. No importa que conozcas a sus novios desde el parvulario y que jamás haya habido un ápice de atracción por tu parte, empezarás a notar como ese amigo se empieza a alejar y en algún momento te dirá: "es que mi novia me la lía cuando quedamos". Si son tus amigas las que tienen pareja, más de lo mismo. Te darás cuenta de que tardan mucho en presentarte y, cuando lo hacen, será de manera fugaz y no te atrevas a hablar con él más de la cuenta porque en seguida se podrá malinterpretar.

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4. Tu vida amorosa es fácil y estupenda

Por culpa de que nos hayan metido en la cabeza que un buen físico es un requisito indispensable para que te amen sinceramente (si eres fea o no estás delgada va a costarte más que se enamoren de ti), todos asumen inmediatamente que los hombres hacen cola para casarse contigo. Porque tú eres arrolladora y cuando estás en una relación siempre te tratan bien. Pues nada más lejos de la verdad: somos mujeres iguales a las demás. Sufrimos, nos engañan, somos inseguras y celosas igual que cualquier otra persona.

5. Vida fácil

Otro de los prejuicios habituales es que has vivido toda tu vida entre algodones y que no has conocido ninguna dificultad. Venga hombre. Si te pararas solo un momentito a reflexionar y apartaras esa envidia innata que te despiertan las personas que están buenas, te darías cuenta de la soberana tontería que eso implica. Entonces te ves, de nuevo, obligada a justificarte, a contar tus miserias, que si tu padre falleció, que si tu madre te maltrataba, que si lo que sea... con tal de compensar las ideas equivocadas que tienen sobre ti. Por otro lado, y si no has tenido ningún drama mayúsculo con el que "defenderte", ¿qué puedes hacer? ¿Ir pidiendo disculpas a cada paso que das porque la vida te ha puesto menos zancadillas de lo normal y encima eres más o menos guapa? Así que, irremediablemente vuelves a caer mal y, probablemente también, a parecer tonta.

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6. No tienes derecho a tener complejos

Parece ser que las mujeres delgadas y guapas no podemos decir en voz alta lo mucho que nos gustaría tener más pecho, que hemos engordado o que no nos gusta nuestra nariz. Sobre todo delante de nuestras amigas 'menos favorecidas' (según lo que se considera bonito y feo) porque, claro, eso es faltarles al respeto y restregarles en la cara lo buena que estás mientras ellas soportan su sobrepeso o su nariz de águila. Estamos de acuerdo en que muy probablemente tú no hayas sufrido el mismo bulling que le hacían a ella en el colegio, pero las mujeres guapas se sienten igualmente presionadas por los cánones de belleza que les exigen serlo todavía más.

7. Ningún mérito

Por supuesto, cualquier cosa que consigas en la vida, ya sea sacar buena nota en un examen, aprobar la oposición de notaría o dirigir una investigación en física cuántica, siempre habrá los que digan que se lo debes a tu físico o, como mucho, a tus capacidades para hacer felaciones. Aunque eso ya nos pasa a todas las mujeres simplemente por serlo y se lo debemos 'agradecer' a esta mentalidad machista en la que nos hemos criado todos. Pero vamos, que tú, ¿mérito? ninguno.

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8. No sangras cuando te pinchan

Por último, mucha gente cree que porque estés buena tienes una capa especial protectora contra los insultos o las injurias y a ti eso no te duele, o sí, pero como la genética te ha favorecido, te mereces un poco de sufrimiento para compensar. Así que desde sus inseguridades y complejos, arremeten contra ti con toda su rabia como si fueras un objeto inerte que solo está en este mundo para recordarles lo que ellos querrían ser y no son. Pero no se dan cuenta de que tú no tienes la culpa de haber nacido en una época en la que tu boleto de la lotería del aspecto físico es de los premiados. Más allá del envoltorio, eres igual de frágil que los demás.