Esta Es La Maravillosa Experiencia Que Cambiará Tu Vida Para Siempre

El mundo del voluntariado está lleno de tópicos e idealismos. Las imágenes que se asocian en nuestra mente cuando alguien toca el tema son las propias de un anuncio de televisión: jóvenes dando agua a niños en África, recogiendo basura en la playa o sosteniendo cubos llenos de petróleo en el famoso desastre del Prestige, y ahí se acaba la información. Si preguntas, por ejemplo, en qué consisten las actividades de voluntariado con personas de la tercera edad o con discapacitados. La respuesta es el silencio. Si insistes y profundizas, preguntando qué necesidades tendrán los colectivos desfavorecidos que no puedan cubrir los servicios sociales. Más silencio.

Lo que nadie te cuenta sobre ser voluntario es que te cambia la vida. Tus problemas se relativizan, tus prejuicios disminuyen y tu paciencia se multiplica al infinito. Ayudar a alguien en tu tiempo libre, porque lo sientes sinceramente y de forma desinteresada es menos fácil de lo que parece. Si eliges por ejemplo, colaborar con personas discapacitadas, en tu mente se parece a: “voy a pasar una tarde divertida con chicos de síndrome de Down que se despedirán de mí con un abrazo y estarán deseando que vuelva”. La realidad se parece más a: “me han hablado todos a la vez, he perdido a un par de chicos del grupo de vuelta a la asociación, me han hecho preguntas que no he sido capaz de responder y estoy más cansada que el día que intenté correr una maratón, y a pesar de todo, sin saber porqué, estoy deseando volver a verles”.

En casi todos los casos, las personas con las que se hacen este tipo de actividades quieren lo mismo: disfrutar de su tiempo. Sentirse entendidos por los demás. Formar parte de algo bonito. Desde la distancia, una persona mayor, un ex-preso o un niño en riesgo de exclusión social pueden parecer tremendamente diferentes a ti o a mí, pero esa distancia es imaginaria. Cualquiera de esas 3 personas probablemente necesitarán muchas cosas, fuera de tu alcance, pero hay algo que sí puedes regalarles: cariño. Puedes darles los buenos días, puedes enseñarles algo que no hayan podido aprender antes, puedes preguntarles cómo se sienten y cuáles son sus sueños. Ante estas preguntas, por muchos abismos que parezca haber, será difícil que no aprecien tu compañía.

Pruébalo, una sola vez, a ver qué pasa. A lo mejor decides no volver porque mientras intentabas hablar con ellos sentías que estabas perdiendo el tiempo y que no aguantabas más sin mirar el móvil. O a lo mejor, descubres que esa porción que has ofrecido también ha sido una inversión en ti. Ese trocito de día te ha podido dejar un sabor agridulce: una parte positiva que te dice que estás construyendo algo bueno por alguien y otra parte más amarga que te plantea si esos problemas que tanto te agobian en la cotidianidad tienen en realidad importancia.

Porque hay algo que se descubre y resulta irreversible: medimos nuestros problemas en base a las circunstancias que nos rodean. Nos agobiamos por los exámenes, por las vacaciones, por los regalos de navidad. Y perdemos el norte. Cuando alguien nos cuenta la peor cara de la soledad, de la pobreza o de la discriminación un click enciende nuestra conciencia y nuestra vara de medir cambia.

Aquellos que vuelven una segunda vez suelen quedarse a largo plazo. Casi todos empujados por un pensamiento clave: “quizás, sólo quizás, soy más afortunado que la media y no estaría mal ayudar a que otras personas vivan mejor”. Esa reflexión es solo la punta de un gran iceberg que irá profundizando en tu interior para restárselo a otras zonas, como por ejemplo la del egoísmo o la de la falta de empatía. Por eso ser voluntario también es una cuestión de superación personal: porque los madrugones, los esfuerzos para ayudar a caminar a otros, la constancia para escuchar siempre a los que lo necesiten -incluso cuando no te apetezca- y el cariño desinteresado, van haciendo mella. Y de repente, sin que fuera tu intención, tu visión de las cosas ha cambiado: ya no ves igual las injusticias, ni las noticias, ni los problemas.

No habrá sido un camino de rosas, eso te lo aseguro: como en todas las relaciones humanas habrá malentendidos, momentos malos, expectativas defraudadas y diferencias, eso es innegable. Pero lo que quiero que entiendas, por encima de todo, es que ayudar nos hace más humanos.

Crédito de la imagen: sonati.org