‘Madres arrepentidas’ es el libro que te hará replantearte seriamente la maternidad

Cumples 25 años. Campas a tus anchas por Internet, como llevas haciéndolo desde antes de los 15, pero hay una diferencia: ahora estás mas cerca de los 30 y parece ser que el cibermundo lo sabe. ClearBlue, Dodot e incluso distintos centros dedicados a la fertilidad —todos con protagonistas felices y bien peinadas— aparecen de forma repentina entre las stories de Instagram y los anuncios previos de cualquier vídeo que vayas a ver en YouTube. Al principio pasan desapercibidos hasta que, un día, empiezas a darte cuenta que se repiten hasta el hartazgo. ¿Qué está pasando? ¿Qué nos quieren decir? Sí, así es, parece que, a partir de esta edad, las mujeres nos convertimos en el target de estos anuncios: empieza la cuenta atrás para ser nada más y nada menos que madres.

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“Existe esa verdad común, esa creencia de que todas queremos tener hijos y de que no seremos felices si no los tenemos. Yo me crié con dichas ideas y tengo tres hijos. Y no es sencillo. Nada sencillo. Existe una dicotomía muy fuerte entre los mensajes que recibes de la sociedad y lo que sientes”. Estas son las palabras de Doreen una de las 23 mujeres de Israel que Orna Donath entrevistó para construir su libro Madres arrepentidas: una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales (Reservoir Books, 2016).  Este manuscrito es un ensayo feminista que, a través de las palabras y las investigaciones de la autora junto al relato de las mujeres entrevistadas —algunas ya abuelas—, consigue darle forma al sentimiento de arrepentimiento acerca de la maternidad. Aún hoy, dos años después de su publicación y su rotundo éxito alrededor de todo el planeta, arrepentimiento y maternidad son dos palabras que, juntas, forman uno de los tabúes más grandes de nuestra sociedad.

La maternidad como punto de partida para entender el arrepentimiento

La autora divide la obra por partes, cada una de ellas no solo se apoya en las investigaciones (todas basadas en datos oficiales) sino que, además, aporta el relato de alguna de las madres entrevistadas. Así, Orna Donath, explica, en las primeras páginas del libro que “conocer los diversos caminos que han llevado a las mujeres a la maternidad debe ser el punto de partida para estudiar el arrepentimiento, una postura emocional que cuestiona la voluntad interior de ser madre de alguien (…) El cuerpo de las mujeres se juzga de acuerdo con la cuestión de que dar a luz se ve como lo más esencial de su vida y la justificación de su existencia”, esto se debe, sobre todo, a la relación directa –y biológica- de las mujeres con la naturaleza de su cuerpo: fértil, preparado para el embarazo, el parto y la lactancia.

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En la actualidad las mujeres son cada vez más reconocidas. Su libre acceso a la educación, a un empleo remunerado y una mayor capacidad para tomar decisiones acerca de su vida personal (con quién mantener o no una relación sentimental, a dónde ir, qué hacer y cómo hacerlo y un larguísimo etcétera que todos ya conocemos) nos hace dar por sentado, según Donath, de que “la transición a la maternidad se debe estrictamente al deseo de una mujer de que su cuerpo, su ser y su vida entera adquieran una dimensión nueva que es preferible a la que tenían antes”. Pero aquí hay un pequeño problema, un (quizás) engaño sutil, un aspecto que pasa desapercibido y que, aunque parezca que estamos muy avanzados y hemos superado nuestros prejuicios, aún existe. Es la otra cara de la moneda que señala la autora: “una sentencia contundente contra aquellas que no son madres” y ya no solo por no desearlo sino por cualesquiera que sean las características que se lo impiden.

La maternidad como un acto automático

Nina, una de las entrevistadas en el libro, es madre de dos hijos, ambos entre los 40 y los 50 años, también es abuela. La verdad es que a Nina no le hacían gracia los niños pero ella decidió tenerlos: “La opinión pública tiene mucho que ver. A esa edad era muy insegura y… era lo que había. Si tenías una familia, una relación, una pareja, tocaba tener un hijo también. No era algo premeditado, no decías ‘esto es lo que he decidido’. Ocurría sin más”.

Tirtza también es abuela y, además, madre de dos hijos de entre 30 y 40 años. “Yo veía que todo el mundo tenía hijos. Estaba rodeada de mujeres jóvenes que daban el pecho e iban con sus cochecitos, y de bebés y pañales y todo eso. Era lo que tenía a mi alrededor. Esa era la norma y más que sagrada era hipersagrada. No podías hablar, había que morderse la lengua”, explica. “No pensé en ello ni le presté atención, tampoco intenté entender lo que implica traer un niño al mundo…si podría con ella, si estaba preparada, si iba conmigo o no (…) No pensé en nada de eso. Lo que más me sorprende hoy en día es cómo no pensé en ello”, sentencia Sky, madre de tres hijos, dos de entre 15 y 20 años y uno de entre 20 y 25 años.

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A estas mujeres la maternidad les cayó encima. No se tuvo en cuenta si era un deseo, por ello argumenta Donath, “esto no puede considerarse una elección pura y libre”. Como no existe la opción, como no existe la vía para decidirlo o para pararse a pensarlo, esta maternidad se concibe como “una decisión pasiva que ocurre cuando las personas se limitan a dejarse llevar por la corriente”. Es necesario entender que el contexto de estas mujeres entrevistadas es el que está marcado en un país como Israel, donde la maternidad ha ocupado un lugar de honor en el discurso público y “la obligación de ser madre está presente en los preceptos religiosos”.

Aún así, no es difícil observar una relación de lo relatado por estas mujeres con los casos que nos rodean en España. Y aquí me gustaría tomarme la libertad de poner un ejemplo personal, sobre todo ahora que he logrado ver todos los trenes que mi madre dejó pasar por ser madre, todos los objetivos que no logró hacer realidad justamente porque otra realidad inesperada y no decidida le llegó a su vida. En su caso, logro entender que lo “automático” (y también lo esperado por su entorno) era seguir hacia delante. En otro caso, quizás más cercano a mi edad, observo cómo a alguna de mis amigas (las que ya alcanzan los 30, tienen pareja, trabajo y una hipoteca) las persiguen frases de sus familiares tales como: “¿Para cuándo el bebé?”, “ya toca hacer crecer la familia”, “seguro que estás deseando ser madre, ¡estás en la edad!”… Siempre entre sonrisas y con un deseo de que esta joven “vaya por el buen camino”.

El arrepentimiento

No es hasta la mitad del libro cuando la autora comienza a hablar abiertamente del deseo de muchas madres deshacer lo irreversible. En ocasiones, el arrepentimiento nace desde el pensamiento “y si…” u “ojalá…”, los cuales llevan a comparar la vía que se ha tomado con la que podría haberse, nunca mejor dicho, elegido. “A pesar de que el arrepentimiento es una postura emocional controvertida, en la práctica, en la vida diaria, se siente y se expresa tras experiencias personales de errores y oportunidades perdidas en ámbitos de diversa índole (…) la lista de los mismos es interminable y dichos ámbitos, en los que puede aparecer el arrepentimiento, revela que la mala suerte, la pérdida y los errores son un elemento integral de las relaciones humanas; como tales, pueden experimentarse en todas las facetas de la vida en las que hay personas que toman decisiones, actúan, crean y sienten, o incluso en las que se elude hacer o crear algo. En tal caso, ¿por qué arrepentirse de ser madre es una postura emocional inconcebible?”, apunta Donath.

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La suposición de que hay un vínculo femenino innato con el embarazo es incesante. Por ello, las mujeres que han pasado por la interrupción de un embarazo se ven juzgadas por la idea de que “lo lamentarán, pues deben estar intrínsecamente vinculadas a su embarazo dado su deseo innato de ser madres”. Y es que una sociedad que retrata la no maternidad como algo peligroso y lamentable rodea a las mujeres con un marco que restringe su vida. Lo que sucede con aquellas que se han adentrado en la maternidad sin desearlo es el silencio: “las voces de aquellas que al mirar atrás se arrepienten de ser madres siguen sin oírse”.

Por el peso que la sociedad ha implantado en nuestros cerebros, leer el relato de las mujeres entrevistadas por Orna Donath en el que hablan muy abiertamente de su gran arrepentimiento resulta, según los ojos que lo miren, incómodo: “Si hoy pudiera volver atrás, estoy segura que no traería niños a este mundo. Lo tengo clarísimo”, palabras de Sky. Susie, madre de dos hijas de entre 15 y 20 años, contestó sin pensarlo: “No tendría hijos y punto, sin duda. Siempre digo que he cometido tres errores garrafales en mi vida: uno fue fijarme en mi ex pareja, el segundo fue tener hijos con él y el tercero, tener hijos sin más”.

Doreen, madre de tres hijos de entre 5 y 10 años respondió con vehemencia: “Sí renunciaría a tener hijos. Me duele muchísimo decirlo, y nunca me oirán decirlo. No lo entenderían en absoluto, ni cuando tengan cincuenta años, a lo mejor entonces sí, pero no estoy segura. Renunciaría a ellos, totalmente. En serio. Sin pestañear”. Odeyla, madre de un hijo de entre 1 y 5 años, lo razona de la siguiente manera: “Para mí es un error. En serio. Porque es un obligación, y yo quiero vivir mi vida, y tengo muchísimos planes. Por eso me arrepiento, porque podría haber hecho otras cosas que son valiosas para mí”.

En la misma línea continúan el resto de los relatos de las otras mujeres, todas con sus diferentes razonamientos y, en ocasiones, varias repiten “si volviera atrás sabiendo lo que se ahora, no tendría hijos”.

Más allá de “Madres arrepentidas”

El libro de Donath aborda el arrepentimiento. Sin embargo, existen otros manuscritos que profundizan sobre la maternidad y el no deseo hacia ella. Un ejemplo es No madres (Plaza & Janés, 2017) de la periodista María Fernández-Miranda. En él la autora cuestiona qué sucede cuando una mujer no quiere o no puede tener hijos, cómo lidia con esas emociones, cómo se relaciona con su familia, con su pareja o con el entorno que sí accedió a la maternidad, cómo percibe la sociedad a estas mujeres.

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El manuscrito comienza de forma autobiográfica, donde se observa las vivencias a las que la autora se enfrentó para poder ser madre a pesar de que esto no era el objetivo de su vida y termina convirtiéndose en un relato a varias voces en el que participan Maribel Verdú, Mamen Mendizábal, Rosa Montero, Alaska e Inka Martí, mujeres sin hijos que hablan abiertamente sobre ello en el libro y que piden no ser juzgadas. Se trata de un libro que está a favor de normalizar la no maternidad y no se posiciona en contra de ello.

Una vez tuve la oportunidad de hablar directamente con Orna Donath y el intercambio que vivimos me parece indispensable para acabar este artículo. Antes de irme le pregunté: ¿cómo puedo saber si ser madre puede ser finalmente un elección mía y no un producto de la presión social? Ella me respondió: “Pregúntatelo una y otra vez, reflexiona sobre ello a fondo, abandona la idealización, indaga de dónde nace el deseo, nunca contentes a los demás y siéntete libre de tomar una decisión. Es un límite muy complicado de distinguir, dificilísimo, pero es posible”.