Tú a Londres y yo a la mierda: cómo cambian tus amistades al irte a vivir fuera

Hace un par de años decidí abandonar Valencia, la "terreta" de la luz, el color y la paella para perseguir mis sueños. Era eso o convertirme en un frustrado de la vida con un trabajo que no me llenaba y una rutina que me asfixiaba. La decisión de mudarme a otra ciudad suponía la dosis extra de emoción y riesgo a mi vida, sin embargo, esa elección escondía una serie de inconvenientes que yo no esperaba. Echar de menos mi cama, separarme de mi perro, tener lejos la playa, olvidarme de paella durante meses... Pero sin duda lo peor, el tener que alejarme de mis amigos y la manera en que nuestra relación iba a ir evolucionando. Amigos y amigas, emigrar pasa factura y va grabado con un 21% de esfuerzo extra en amistad.

¿Cómo afectó a mis relaciones irme a vivir al extranjero?

Durante los primeros meses de separación todo fue bien, vídeollamadas a diario, notas de audio, fotos sin parar… Vamos, que hablábamos más que dos teenagers en celo con tarifa plana de datos. Sin embargo, a medida que me iba adaptando a la nueva ciudad surgían frases del tipo: “nos tenemos que poner al día”, “mañana te llamo sí o sí”, "siempre pienso te tengo que llamar y se me pasa", “me tienes olvidado”, o “estás vivo”?

Querido amigo si a ti también te ha pasado, no te flageles, es lo habitual. Tu nueva vida es exigente, y requiere más tiempo y atenciones de las que pensabas. Pero no te olvides de tus colegas de siempre, o cuando quieras volver te verás buscándolos en Tinder. Te lo digo yo, que cada vez que vengo a Valencia sólo consigo reunir a todos al grito de "yo invito".

"Yo-yoísmo" y errores comunes al irte a vivir fuera

Otro de los errores más frecuentes cuando te cambias de ciudad es creerte el protagonista. No creo que sea un tío especialmente egocéntrico, pero quizás por la novedad, el estrés o la cantidad de experiencias nuevas, sufrí el síndrome del yo-yo. No me refiero a que adelgacé y luego engordé el triple, sino que durante los primeros meses caí en el error de monopolizar todas las conversaciones hablando de mí. Es lo lógico, te enfrentas a una vida nueva con personas nuevas y experiencias nuevas, crees que todo lo importante te está pasando a ti y que el resto de tu círculo tiene que entender que ahora te sientes como Leonardo Dicaprio en El Lobo de Wall Street. Echa el freno, amigo. Aunque tengas anécdotas que contar como para crear la saga más larga de Juego de Tronos, aprende a dosificarte. Y lo más importante, aprende a dejar que ellos te cuenten y se sientan especiales como tú sabes que lo son. 

Has pasado de moda, ahora te toca currártelo

Al cabo del tiempo me sucedió todo lo contrario, me di cuenta de que lejos de ser el protagonista, me había convertido en el último mono. ¿Y cómo lo supe? Porque no pintaba nada en el grupo de Whatsapp de mis colegas de siempre. Ya no podía ir a los planes que organizaban, subían fotos y yo nunca estaba, hacían bromas que no entendía. Puede que también acabe pasándote a ti y que incluso llegue ese momento en el que hasta veas que en la foto de grupo salen todos menos tú. ¿Dónde está tu lugar? Es en ese momento cuando te planteas que qué pintas, que si no será mejor 'abandonar grupo' o aguantar sus batallitas para, algún día, hacer spam de tu regreso. 

Los días clave: BBC y demás festivos

Por último, pero no menos importante, están las fechas señaladas: cumpleaños, bodas, días del Padre y la Madre, reuniones de antiguos alumnos… Yo empecé a perdérmelos absolutamente todos. Cuando uno se va a vivir fuera pasa algo curioso: que los putos astros se confabulan para que por una u otro razón tú no puedas estar: los vuelos son una pasta, no tienes días libres o simplemente estás hasta los cojonesovarios de coger un blablacar y aguantar durante horas a desconocidos.

Y puede que todo parezca una mierda. Puede que a veces pienses que estás perdiendo lo que durante tantos años construiste. Que todo ha cambiado, que ellos han cambiado, que tú has cambiado. Puede que haya momentos en los que te sientas solo, que incluso hicieras sentir solo a los que estuvieron contigo pero, de repente, ocurre algo. Que cada vez que vuelves a casa, a tu tierra, hueles tu ciudad, y ves a tu gente, te entran unas enormes ganas de celebrarlo todo de golpe.

Si vives fuera de tu ciudad habrás entendido todo esto pero si estás planeando huir, ojalá mis cagadas te sirvan para no cometer los mismos errores.

Después de eso, todo estará bien. Porque da igual que no seáis los mismos si aún siendo diferentes, os seguís eligiendo.