Me jugué la vida para detener a un ladrón pero jamás lo volvería a hacer

Aunque enfrentarse a un delincuente puede interpretarse como un acto heróico está muy lejos de ser lo que recomienda la policía

Una cámara de seguridad muestra a un tío con melena y bastante corpulento que sale por la puerta de una tienda de lencería femenina de Barcelona. De repente, cuando el tipo está a puntito de salir a la calle, una dependienta se mete un sprint que ni Usain Bolt. De un salto se le cuelga al cuello y le aplica una llave en el cuello rollo UFC a un señor que, en realidad, resulta ser un ladrón que acaba de vaciar la caja registradora de la tienda. La escena es épica, los viandantes del centro de Barcelona no dan crédito y alguien se ha acaba de ganar un aumento de sueldo, por lo menos. Pero, ¿estamos ante un acto heroico o más bien ante un maravilloso despliegue de inconsciencia e impulsividad?

Diana Pop, la aguerrida dependienta de 23 años y cero conocimientos de defensa personal, lo achaca a un inexplicable subidón de adrenalina. “Estaba en el turno de tarde y me tocaba estar sola en la tienda. Pasé un minuto al baño y mientras estaba allí escuché un ruido. Al asomarme desde el almacén vi al tío detrás del mostrador y entendí lo que pasaba. Salí escopetada hacia él y la única manera que se me ocurrió de parar a un tipo tan grande fue saltar sobre él y clavarle el codo en la espalda”, recuerda todavía con el susto en el cuerpo aunque hayan pasado ya varios días desde el incidente. “Él se giró y me miró completamente aturdido, como si no se pudiera creer lo que acababa de pasar. No sé de donde me salió una voz como de ultratumba y le dije: ‘¡devuélveme el dinero!’”, cuenta Diana.

Al estar en medio de la calle Valencia de la capital catalana y ante semejante escena, una dependienta a grito pelado contra un tipo en la puerta de una tienda de ropa interior femenina, en seguida comenzaron a llegar personas al lugar de los hechos. “Llegó una chica que pasaba por allí y se puso a sacarle fotos de la cara para la policía. Yo le gritaba que me devolviese el dinero mientras él me hablaba en otro idioma y fingía que no entendía nada de lo que estaba pasando”, relata la joven valenciana afincada en la ciudad desde hace poco más de un año. El caso es que la adrenalina en sus venas y el volumen de su voz lograron el objetivo de recuperar el dinero: “Al principio me dio un billete de 20 euros pero sabía que si había metido el dinero en la caja se habría llevado mucho más. Al final sacó todo lo demás y se largó”.

Los esfuerzos por retener al ladrón hasta la llegada de los Mossos d'Esquadra fueron inútiles. Aunque el elemento sorpresa le sirvió para detenerlo en un primer momento, nadie sabía si reaccionaría de manera violenta o si incluso estaría armado. Al final, que se largara por donde había venido fue un alivio para todos. “Como ya había recuperado el dinero y teníamos las fotos para la denuncia no me preocupé de que se fuera. Las mujeres que habían venido a ayudar no paraban de ofrecerme agua y decirme que era una valiente. Hasta un policía de tráfico se acercó para comprobar si estaba bien. Pero una vez se me pasó el subidón de adrenalina es cuando comencé a procesar lo que acababa de ocurrir”, recuerda Diana. Lo cierto es que aunque lo suyo fue un susto y un ejemplo de valentía, también fue una imprudencia.

“Desaconsejamos por completo este tipo de actuaciones por bien intencionadas que resulten ya que el riesgo que implican es demasiado alto. Uno nunca sabe si la otra persona se encuentra armada o cuáles son sus intenciones”, nos explican por teléfono desde el área de comunicación de Mossos d'Esquadra. “Lo importante en estos casos es intentar recabar el máximo de información sobre el delincuente tal como su aspecto físico, su manera de hablar o la ruta que escogió al evadirse”, añaden. En cuanto a la actuación de la dependienta, en Mossos se remiten al protocolo de actuación para comerciantes de su web y en la importancia de denunciar los delitos como manera de evitar que vuelvan a producirse.

El caso es que, si bien Diana cumplió con la mayoría de los pasos, de lo que no hay duda es que su reacción instintiva de lanzarse contra el delincuente no fue ni de lejos la más acertada. Y ella lo sabe perfectamente: “No fui capaz de procesarlo a nivel racional. Fue como un pinchazo de alarma y mi cuerpo reaccionó en modo automático. Sentía mucho miedo pero en mi cabeza no había otra posibilidad. Era eso o eso. En realidad fue como agredir a otra persona y es una sensación muy extraña, pero sentía tanta rabia e impotencia que no podía quedarme quieta y mirar como me robaba en las narices”. 

Pero ha sido con el paso de los días cuando realmente se ha dado cuenta del impacto que el suceso ha tenido en su vida. “Colgué el vídeo de las cámaras de seguridad en mi Instagram y no exagero si te digo que más de 100 personas me escribieron para saber cómo estaba. Todos me decían que era una heroína y super valiente, pero, sinceramente, si volviese a pasar esa situación ahora me quedaría quietísima. Tras la experiencia tuve un fuerte sentimiento de culpa y bastantes rayadas sobre lo que pudo haber ocurrido si hubiera llevado una navaja encima”, se lamenta y reconoce que continúa “bastante confusa” aunque tranquila por saber cómo debería actuar si una situación parecida vuelve a repetirse. Eso sí, Diana no descarta apuntarse a unas clases de defensa personal por si las moscas: “a lo mejor resulta que tengo una karateka en mi interior”.