Instagram se lo pone muy fácil a las pitonisas que dicen adivinar nuestras inseguridades

Un reportero de The Overtake entrevista a una falsa vidente que lleva 15 años forrándose a costa de los ingenuos de su ciudad

“Harías lo que yo quisiera simplemente echándote las cartas del tarot y simulando que sé leer tu aura”. No es broma, ojalá lo fuera. Quien pronuncia estas palabras es una mujer anónima de 43 años que ejerce como pitonisa en la ciudad de Huddersfield, Inglaterra. Sandra, así es como la llaman en el reportaje publicado en The Overtake, lleva 15 años timando a todo aquel incauto/a que se presta para una de sus sesiones, una práctica que se ha convertido en su profesión a tiempo completo y para la que únicamente necesitó acreditar que su abuela tenía un don que ella había heredado. Ni estudios, ni experiencia, ni nada que se le parezca. Sandra es vidente (o dice serlo) y con eso debería ser suficiente. Aquí lo único importante es que estés dispuesto a creerte cualquier cosa que te diga. Y te aseguramos que ella sabe muy bien qué decirte.

“Mira, no estoy diciendo que no me importen las personas… pero hay maneras de ayudar a que las cosas ocurran”, resume la pitonisa después de dejar de piedra al reportero con su primer truco de 1º de vidente: decirle que alguien importante en su vida murió cuando era joven. Para “sorpresa” del periodista su padre falleció cuando él tenía 18 años y es que, como revela Sandra, cuando no es un padre es una madre, cuando no un hermano/a, un tío, abuelo (esto siempre)… primo… al final siempre hay alguien que ha fallecido en tus primeros 20 años de edad. Pero el truco de la vidente no es fruto de la improvisación. En una sociedad en la que Google sabe más de ti que tú mismx, cualquiera puede stalkearte para hacerse un perfil preciso sobre ti. “Eres un libro. Puedo encontrar tu edad, profesión, personalidad… en cinco minutos”, resume Sandra que incluso suele leer los tuits o el LinkedIn de sus clientes antes de la sesión.

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“A veces las personas solo quieren creer en una fantasía y eso es lo que les proporciono. Además, nunca te diré que la información sobre tu padre fallecido me venga de los espíritus. Simplemente te lo he preguntado”, insiste la vidente que se desmarca de otros profesionales que sí mienten al atribuir a sus facultades parapsicológicas sus aciertos en el diagnóstico emocional del cliente. Para Sandra, su talento no tiene nada que ver con lo paranormal, sino con su simple y genuina habilidad para la manipulación. “Soy muy buena en eso de meterme en la cabeza de otras personas”, presume. Sin embargo, la clave de su trabajo es la especialización en el perfil más común de sus clientes: mujeres en la treintena que buscan asegurarse de que la decisión que están a punto de tomar es la mejor. Es decir, el grueso de sus clientes son mujeres que necesitan saber si su futuro marido será fiel o si será un buen padre.

“La mayoría de las veces las clientas ya vienen con el trabajo hecho ellas mismas. Si les hago algún comentario vago sobre haber sufrido en una relación inmediatamente hacen una conexión con un ex malvado (…) soy una persona con mucha intuición y me suelo dar cuenta de cosas que los demás no perciben. ¿Significa eso que tengo una percepción extrasensorial?”, reflexiona Sandra consciente de que la mayoría de las personas que acuden a un vidente lo hacen para validar sus ideas previas sobre ellas mismas o sobre algún aspecto de su vida. Sin haber estudiado un solo curso de Psicología en la facultad, la pitonisa aplica con brutal precisión lo que se conoce como la validación subjetiva, es decir, un sesgo cognitivo por el cual una persona considera que cualquier cosa que ella pueda decir es correcta si tiene algún significado personal para ella. 

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Una vez la entrevista con Sandra parece haber revelado la cruda realidad, que es una especialista en manipular y ofrecer autoayuda de la barata, el periodista intenta buscar algún sentimiento de que lo que lleva haciendo 15 años es una práctica inmoral y rozando la ilegalidad. Pero ella sabe perfectamente que, nos guste o no, real o fake, ella ofrece un servicio por el que muchas personas están dispuestas a pagar. Eso sí, lo primero que hace es insistir que ella no se está haciendo de oro con sus consultas. “No quiero que nadie se piense que me he hecho rica con esto. Mis clientes necesitan saber que tengo una familia normal que lucha por llegar a fin de mes”, sentencia mientras añade que no tiene ninguna inquietud por posibles denuncias: “Hace 250 años me hubieran quemado en la hoguera por lo que hago y ahora me paso la mitad de la jornada laboral stalkeando a mis clientes en Twitter”. 

Si algo queda claro después del experimento del periodista es que la pitonisa Sandra no pierde ni un minuto de su vida en sentirse culpable de que, lo aceptemos o no, todos necesitemos a alguien que nos escuche y nos diga lo que en el fondo queremos oir.