La Incómoda Realidad Del Tercer Género: Ni Hombre Ni Mujer, Persona

Me despierto y me arrastro hasta la taza de café, reviso mi agenda para comprobar que tengo una reunión en un par de horas y abro el armario con desgana. Está abarrotado de ropa de todo tipo, desde vestidos de gala y plataformas de infarto, hasta el traje de chaqueta de Armani con el que me licencié.

Empiezo a pasar camisas masculinas hasta encontrar una de mujer y unos pantalones que queden bien. No, mejor una falda, esta gente espera a la triunfadora que puede mejorar su negocio; no tengo tiempo de dar explicaciones, es mejor que me disfrace y acabemos la charla cuanto antes…

De entre los muchos términos que hoy en día nos encontramos cuando hablamos de sexualidad, el tercer género (o género neutro, gender-queer, o llamado a veces género fluido) es una realidad que pocas personas están dispuestas a entender.

Si ya resulta difícil empatizar con alguien que se identifica con el sexo opuesto a su nacimiento, ¿Seríais capaces de imaginar lo que puede significar no sentirse parte de ninguno?

Pues eso somos, sencillamente: personas que no pertenecemos a la dualidad femenino – masculino que rige la sociedad actual, personas que nos sentimos parte de una realidad que está más allá de los roles tradicionales que hemos aceptado que corresponden a cada sexo, personas que no nos conformamos con ser considerados una parte del todo.

Hasta hace algunos años nadie dudaba de la correlación entre sexo y género, hasta el punto de que muchos todavía los consideran sinónimos. Con la llegada del movimiento postmoderno, y la idea de que construirmos nuestra propia realidad, llegaron también las primeras preguntas sobre cómo construimos nuestra identidad sexual. ¿Por qué había personas que se sentían cómodas en la ropa del sexo contrario, pero no se identificaban con él? ¿Por qué algunas personas, tras cambiarse de sexo, seguían sin sentirse en paz con sus cuerpos? ¿será que había algo diferente, algo que no hubieramos visto, o mejor dicho, algo que no quisieramos ver?

La respuesta la tenemos cuando analizamos lo que creemos que corresponde a ser mujer y a ser hombre y nos damos cuenta de que todo es una gran mentira, de que no existe en nuestros genes nada que nos fuerce a ser de una determinada manera sea cual sea el cuerpo en el que hemos nacido.

Las posturas deterministas son cómodas. Nos resulta fácil encasillar y etiquetar en ellas, formando estereotipos con los que creemos conocer a los demás... Pero no son la realidad. La realidad es incómoda, caótica, múltiple y al mismo tiempo, maravillosa.

Soy una persona dentro de esta realidad incómoda para la mayoría. A pesar de que me llamen “la mujer más mujer” que muchos han conocido, mi imagen se distorsiona en el espejo y me disocio de mi mismo sin llegar a sentirme un hombre, y sin sentir tampoco la necesidad de serlo. Solo siento que algo está mal, terriblemente mal, y la sensación de no pertenecer a ninguna parte me vuelve más y más vulnerable.

En muchas partes del mundo el tercer género es invisible, en España también, porque no interesa ‘complicar las cosas.’ Decía Paul B. Preciado en su obra Testo Yonki: “Esas son las opciones biopolíticas que se me ofrecen: o me declaro transexual, o me declaro drogadicta y psicótica. En el estado actual me parece más prudente declararse transexual y dejar que la medicina crea que puede proponerme una cura satisfactoria para mi trastorno de identidad de género". (Espasa, 2008)

 Aunque más y más personas empezamos a reclamar esta posición no binaria, vivo en un país que prefiere considerarme algún extraño caso de enfermedad mental. A pesar de las luchas de psicólogos y sociólogos por reivindicar la diversidad y ayudarnos a fortalecer nuestra identidad, vivo en una sociedad que me pregunta “qué trauma tengo con mis tetas”, o “por qué ese travesti no se quita la barba.”

Asi que, si has llegado hasta este párrafo, si estás preparado/a para ampliar tu visión de esta realidad en que vivimos, acuérdate de nosotros cuando marques la opción de ‘señor’ o ‘señora’ en la próxima encuesta, acuérdate de que estamos aquí cuando preguntes: ¿Ha nacido niño o niña?

Y si eres de aquellos que navega en la duda, en sentimientos enfrentados y sientes que las definiciones te atan, recuerda: Eres más que la ropa que vistes, que los gustos que tienes, que los deportes que practicas. Y ya eres suficiente fuerte, suficientemente bueno y lo suficientemente valiente.

Nadie tiene que enseñarle a las flores como florecer, ni necesitamos decirle a las estrellas como tienen que brillar. Tú también eres todo lo que necesitas ser: no dejes de amar tu totalidad.

Imagen: Rebekah Campbell