La importancia te alejes a los amigos que ya no te aportan nada

Si tus amigos ya no te aportan nada no es ni tu culpa ni la suya

Es probable que a estas alturas tengas amigos de toda la vida con los que ya no tienes nada que ver. Personas que, aunque quieres mucho y habéis descubierto juntos algunos de los mejores regalos de la juventud, ya no te aportan nada. Y eso no es ni su culpa, ni la tuya, ni la de nadie. Lo único que ocurre es que ambos habéis ido creciendo en direcciones dispares hasta convertiros en personas muy distintas a las que erais cuando, años atrás, os hicisteis amigos. Os mueven y os hacen felices cosas distintas, por lo que ni ellos podrán darte lo que necesitas ni tú a ellos. Así que, en lugar de forzar una amistad y dejarte llevar por la nostalgia, lo mejor será que dejes de invertir tanto tiempo en una relación que ya no es lo de antes. Es normal si temes dar este paso, pero la verdad es que será uno de los mayores favores que jamás te harás a ti mismo/a.

Un mar de diferencias

Cuando les conociste, lo único que necesitabas para hacer amigos era encontrar a alguien aproximadamente de tu edad y con alguna afición que te agradara, como salir de fiesta o mirar series y películas. Pero con los años, eso ha dejado de ser suficiente. Ahora, al quedar con ellos, te ves inmerso en conversaciones vacías o sobre temas que no te atraen ni lo más mínimo. Mientras a ellos les puede interesar hablar de lo guay que es la moto que se han comprado o de ese cursillo de contabilidad que les ha enseñado a utilizar números y tecnicismos indescifrables, a ti te faltarán las fuerzas para no dormirte encima de la mesa. Porque ni los vehículos ni los números te han dicho nunca nada. Aunque claro, después vendrás tú con tus chapicas sobre lo mono que está tu perro o los raperos españoles que nunca tendrían que haber sido condenados, y serán ellos los que tengan ganas de irse por patas. Intereses que tienen poco que ver y que, inevitablemente, harán que te preguntes: ¿qué coño hacemos aquí juntos?

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Y, por si fuera poco, eso no es lo único que crea un abismo entre vosotros. El estilo de vida de cada uno también juega un papel fundamental. A ellos les podría haber dado por alquilar, junto a sus parejas, un piso en el pueblo de siempre que ellos mismos habrían amueblado con sillas y sofás caros para quedarse allí el resto de sus vidas. Pero tú, por el momento, podrías no aspirar a nada más que seguir compartiendo piso con tres personas, comprar los muebles en Wallapop y a que la gran ciudad te enseñe desde sus rincones más auténticos hasta los que están diseñados para turistas. Sí, son formas de vivir e intereses tan opuestos que te desconcertarán hasta el punto de no saber con quién estáis hablando, como si, de algún modo, hubieses dejado de conocerles de repente. 

Materializar el distanciamiento

Todo esto no solo hará que te aburras junto a ellos, sino que, en ocasiones, te cabrees –y mucho– o que, incluso, te sientas mal por pensar que no estás invirtiendo tu tiempo –que no te sobra– como crees que es debido. Así que el día que ya no puedas seguir con esta rutina, cuando te atrevas a despegarte de ellos y a hacer planes con personas que, aunque conoces mucho menos sentirás que tenéis verdadera afinidad, verás que todo son beneficios. Tu estado de ánimo subirá como la espuma y pasarás de ser un ser desmotivado con su vida social a alguien agradable y receptivo. Una actitud que te hará vivir las nuevas vivencias que tu yo actual pide a gritos, te llevará a sacar lo mejor de ti y a conocer personas que sí podrán aportarte algo. 

¿La razón? Las habrás escogido en base a tus intereses actuales y no a los de un adolescente que no aún había configurado su personalidad definitiva. No será fácil materializar este cambio. Te costará despegarte de tus amigos porque llevas muchos años a su lado y, en el caso de que ellos no vean las cosas desde el mismo prisma que tú, quizás les cueste entender tu postura. Podrían seguir como si nada bombardeándote con llamadas, likes de Facebook o propuestas constantes de planes o, incluso, cabrearse contigo y saludarte a lo rancio con un: "hombre… a quién tenemos aquí". 

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Tendrás todo el derecho a molestarte por esta actitud, pero debes tener paciencia porque cada persona ve las cosas de un modo u otro en función del momento en el que se encuentra. Es por ello que será importante que les dejes claro que no hay nada malo en ellos, sino que simplemente buscáis cosas distintas y, por tanto, si estáis juntos difícilmente las encontraréis. Aunque también sería beneficioso demostrarles que eso no significa una ruptura, simplemente les propones que en lugar de veros cada semana, lo hagáis con menos frecuencia. Algo que sabes que cumplirás porque, en realidad, no quieres perderles para nada. Eres muy consciente de que con ellos siempre puedes ser tú mismo porque te conocen como pocas personas en el mundo y, sobre todo, de lo difícil que encontrar la incondicionalidad con la que te arropan ellos. Nunca habrá nadie igual.