Tu idea de los vikingos está repleta de topicazos supremacistas y xenófobos

La rancia imagen que tenemos sobre los vikingos proviene directamente del romanticismo del s. XIX y su producto estrella: los nacionalismos étnicos

Aunque te hayas flipado fuertemente con Ragnar Lothbrok y el super éxito del History Channel, Vikings, lo más probable es que, a pesar de los intentos de la serie por resultar lo más acertada posible, tu idea de lo que realmente fue la cultura vikinga continúe estando muy lejos de la realidad (sí, otro mito más que te han colado). Ni tan rubios, ni tan sanguinarios, ni tampoco crueles mercenarios que se subían en un barco sin saber dónde acabarían pero dispuestos a morir aferrando su espada por acabar en el Valhalla. Por no tener nada que ver con los topicazos, ni siquiera llevaban los omnipresentes cascos con cuernos con los que se les pintaba hasta hace bien poco. De hecho, la rancia imagen que tenemos sobre los vikingos proviene directamente de la mitificación de la Edad Media hecha por el romanticismo del s. XIX y su producto estrella: los nacionalismos étnicos. 

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En aquella época, las pseudociencias como la eugenesia y el darwinismo social respaldaban las ideologías por detrás del expansionismo colonial de los europeos en América, África y Asia. Incluso el de los nacionalistas germánicos que reclamaban extensos territorios en el centro y este de Europa basándose en supuestos derechos adquiridos en la Edad Media. Es en ese contexto en el que la figura del vikingo ario, una especie de raza superior, venía como anillo al dedo a las ideologías que, a la postre, acabarían dando lugar al nazismo y el supremacismo blanco del s. XX. Pero hablar de “sangre vikinga” o “ADN vikingo” es un error de los grandes.

Según un interesante artículo en The Conversation firmado por la profesora de la Universidad de Liverpool, Clare Downham, llamar ‘vikingos’ a las personas que habitaron en Escandinavia entre los siglos IX y XI es un error de base. Para empezar, la palabra ‘viking’ designaba el hecho de ir de expedición y no una etnia o cultura concreta. Por tanto, la mayoría de los escandinavos que se quedaban en sus casas ni siquiera podrían encajar en la palabra más y peor utilizada en la actualidad para referirse de modo genérico a ellos. La realidad es que en aquella época, lo que sería Noruega, Dinamarca o Suecia todavía era un concepto muy difuso. La familia, la fidelidad personal o el clan primaban por encima de todo.

Es más, los diferentes términos empleados por sus coetáneos para definirlos (rus, magi o pagani) tampoco hacían hincapié en su etnia sino en el conjunto de pueblos que mediante su actividad se dedicaban a extender sus rutas comerciales (y saqueos, por supuesto) desde las costas de América del Norte hasta los confines de la Ruta de la Seda. Y no solo estaban de paso, la evidencia arqueológica ha destacado su gran capacidad para acoger y adaptarse a las culturas por las que transitaron llegando, incluso, a crear grandes alianzas con poblaciones gaélicas de Gran Bretaña, por ejemplo, dando lugar a grupos de vikingos sin una conexión étnica que asolaron las costas de Irlanda.

Este método de reclutamiento con locales dispuestos a luchar por un motín, similar al de la piratería moderna, servía para reemplazar a los hombres caídos durante los saqueos e incursiones bélicas en territorios enemigos. Esto explicaría por qué tesoros vikingos como el de Galloway, en el suroeste de Escocia, incluyen piezas procedentes de las Islas Británicas, Irlanda, Europa continental y Oriente Próximo. Si bien la inmensa mayoría de los vikingos seguían siendo escandinavos con un idioma común (nórdico antiguo) y costumbres, creencias, tecnología similares, la realidad es que durante los primeros siglos de la Alta Edad Media la llamada ‘cultura vikinga’ resultaba ser de lo más ecléctica y claramente pragmática: asimilaba lo bueno y desechaba lo inútil para sus objetivos. Por ello no dudaban en emplear el mestizaje para tejer alianzas o llenar sus barcos de extranjeros si con ello obtenían alguna ventaja estratégica durante sus expediciones. 

No será hasta siglos más tarde cuando el interés por crear identidades nacionales y mitos fundacionales por parte de las monarquías cristianas cuando se tenderá a utilizar todo lo vikingo para justificar el nacimiento de estados diferenciados dando lugar a Dinamarca, Suecia o Noruega. Es decir, la llegada del Cristianismo y el asentamiento de la sociedad feudal en el norte de Europa supusieron el fin del periodo vikingo. Por todo ello, la noción decimonónica de los vikingos como algo único, compacto, homogéneo y, sobre todo, étnico, no deja de ser una imagen tan romántica como peligrosa ya que, si algo ha dejado claro la evidencia histórica, es que, como buenos comerciantes, los escandinavos que ejercieron vikingos siempre se definieron su asombrosa facilidad para absorber cualquier influencia que pudiera resultarles útil. Algo que les hizo inmensamente exitosos pero que, finalmente, acabó con su estilo de vida.