Iba Por La Vida Creyendo Que No Era Feminista Hasta Que Quedé Con Aquel Chico

Había quedado a cenar con Juan el viernes pasado. Nada serio, unas cañas por el centro y quizá un kebab o algo para llevar. La semana había sido horrible. Suspendí el práctico del carné de conducir por segunda vez, estaba hasta arriba de tareas en el curro y llevaba encadenando enfados con las amigas de la uni desde hace un mes. Que no tienen tiempo para quedar, que cada una está ya en su rutina, con su pareja, con sus planes aburridamente estáticos. En fin, lo de siempre. Así que llamé a Juan, ese amigo-o-lo-que-surja, del que a veces echar mano. Ya hacía meses que no nos veíamos.

Juan es un tío risueño pero a la vez muy inteligente y se puede hablar con él de cualquier cosa. Te escucha y participa en la conversación independiéntemente de que esteis debatiendo sobre la abstención del Partido Socialista o de que le cuentes la trifulca con tus amigas. Actualizamos vidas. Le hablé de mi nueva sobrina y las perrerías que le estaban haciendo a mi cuñada en el trabajo. Que si te reprocho que salgas antes porque la cría está con fiebre, que si aquel ascenso ya no tiene sentido con sus “nuevas obligaciones”, que si últimamente está distraída y no rindes igual en el trabajo.

Que a ver, yo no soy feminista, pero me parece indignante―le dije―. Ha tenido una cría y parece que está traicionando a la empresa. ¿Así cómo pretenden que crezca la natalidad?

― Ya, te entiendo, a mí también me da rabia cuando veo cosas así, pero ¿cómo es eso de que no eres feminista? ¿a qué te refieres?

― Pues claro, ¿cómo voy a serlo? ¿acaso tú eres machista? Si lo eres dímelo ahora mismo, que me levanto y me voy.

― No no, claro que no. Creo que estás un poco confundida, yo soy feminista igual que tú.

― ¿¿Cómo?? ―le contesté ya un poco de mala leche porque no estaba entendiendo nada―.

― Que el feminismo no es lo opuesto al machismo ―replicó Juan mientras sacaba su móvil― mira, el diccionario lo deja bastante claro.

Cuando vi las definiciones en su móvil no me lo podía creer. Jamás se me había ocurrido buscarlas en el diccionario porque yo tenía clarísimo que las feministas eran esas tías tan agresivas que parece que quieran convencernos de que la mujer es superior al hombre. Yo sé que todavía hay mucho que hacer hasta que los derechos de las mujeres sean equiparables a los de los hombres, incluso en los países más desarrollados, pero de ahí a pasar al otro extremo, no me parecía que tuviera sentido, porque estaríamos cayendo en el mismo error.

― Qué fuerte entonces sí soy feminista, claro ―le dije a Juan después de un rato― yo estaba segura de que...

― Ya ya, me parece que le pasa a bastante gente. Debe ser porque las palabras parecen antónimos, pero no lo son.

― ¿Pero entonces cómo llamar a ese feminismo que es un poco extremo o radical? ¿Feminazi?

― Sí bueno, también existe el concepto de 'hembrista' que no está en el diccionario porque es un neologismo, pero se usa en lugar de 'misandria' que sería la palabra correcta para definir el menosprecio a los hombres.

― Pues nada, hoy me has descubierto una cosa nueva ―le dije ya para cambiar de tema porque ya no me apetecía seguír dándole vueltas.

Seguimos con las cañas, la noche siguió su curso y acabó como estaba previsto que acabara con Juan. Pero desde entonces no paro de revisar en mi cabeza todas las veces que había caído en el error de pensar que el feminismo era algo negativo. A recordar todas las veces que lo había hablado con amigos y parecía que todos lo habíamos entendido de la misma manera.

Así que todos, tanto hombres como mujeres, deberíamos sentirnos identificados con la palabra 'feminismo' porque, ¿quién en su sano juicio no va a querer que las mujeres tengamos los mismos derechos que los hombres, el mismo sueldo, las mismas posibilidades de ascender profesionalmente, de participar en política? Si hay alguien que no quiera todo eso, la verdad es que yo no lo quiero tener en mi vida.


*Este es un relato ficcionado sobre una confusión real y que es más común de lo que debería.